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Qatar reconoce ahora la muerte de «entre 400 y 500» obreros migrantes en los preparativos del Mundial

Hasta el momento el país organizador sólo había admitido 40 fallecidos pese a que investigaciones de distintos medios los cifraba por miles

Pedro M. Campos Dubón
PEDRO M. CAMPOS DUBÓN

A Qatar se le está atragantando el Mundial. Las reivindicaciones sociales van a la par que los partidos de fútbol. Primero se cuestionó su elección como sede de la cita universal. Investigaciones periodísticas demostraron indicios de una presunta designación fraudulenta gracias a supuestos sobornos a altos cargos de la FIFA. Y ya sobre el terreno no han cesado las protestas por las leyes anti-homosexuales y por los obreros migrantes fallecidos en sus instalaciones. Ha sido tanta la presión que los organizadores del torneo han tenido que variar la cifra que hasta el momento daban. Reconocían unos escasos 40 fallecidos en la construcción de los estadios. Pero Hassan Al Thawadi, uno de los responsables de la Copa del Mundo, lo ha multiplicado por diez. Ha admitido que las obras han costado la vida de «entre 400 y 500» trabajadores. «No tengo el número exacto, pero una muerte es una muerte, ya es demasiado. Es claro y simple», ha manifestado.

«Cada año la seguridad en estos sitios está mejorando. Creo que en general la necesidad de una reforma laboral indica que hay que hacer mejoras. Esto es algo que reconocimos antes de llevar a cabo la candidatura. Las mejoras que se han producido no han sido por la Copa del Mundo. Hemos tenido que hacerlas por nuestros valores. La Copa del Mundo ha servido como un acelerador», admitía Al Thawadi. Palabrería que se queda sin valor después de una investigación del medio británico The Guardian que aseguraba que hasta 6.500 personas habían fallecido entre 2010 y 2020, fechas en las que se alzaba todo el complejo para la disputa de la competición deportiva. «Estas cifras provienen principalmente de las embajadas asiáticas en Qatar, no tenemos las estadísticas de los trabajadores africanos allí», asegura el periodista Sebastien Castelier, que junto a Quentin Muller han trazado un relato sobre las condiciones de trabajo en el estado soberano. Consideran que son todavía más las defunciones. En el libro 'Los esclavos del petrolero« dan voz a Krishna Timislina, que trabajó durante años en las obras del Mundial. Contaba que las condiciones eran »un infierno en la tierra. La calidad del agua era terrible y los turnos interminables. Sabíamos que nuestra salud estaba siendo dañada, pero ¿qué opciones teníamos?«, relataba. Eran 18 horas al día bajo un calor próximo a los 50 grados y cuando acababan la jornada descansaban en viviendas prefabricadas a las afueras de Doha (hay una especie de madriguera cerca de uno de los hoteles más lujosos del país) sin espacio ni privacidad.

La mayor parte de trabajadores provienen de países en desarrollo como India, Nepal, Pakistán, Kenia o Sudán. Atraídos por salarios altos en comparación con sus países de origen, se juegan literalmente la vida. Consideran que es una oportunidad económica y corren el riesgo de pagarlo con la muerte. Además de los siete estadios inaugurados para la cita deportiva, los trabajadores migrantes ha construido carreteras, un nuevo aeropuerto y una red ferroviaria.

Y junto con las reivindicaciones para dignificar a los obreros migrantes fallecidos, las protestas para defender a la comunidad LGTBI no han cesado por parte de futbolistas y con la polémica de los brazaletes de por medio. «Si lo hicieran de manera específica para Qatar, sí tengo un problema con ello. Si lo hicieran y lo llevaran de manera constante, es su decisión. Siempre hemos dicho que todo el mundo es bienvenido aunque no estemos de acuerdo en todo. Es seguro para los homosexuales estar y vivir en Qatar», ha manifestado Ah Thawadi.