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Mundial de Qatar 2022

Un genio y su portero salvan a Argentina

La albiceleste derrota a Países Bajos en los penaltis y avanza a semifinales con la magia de Messi y la eficacia del Dibu Martínez

Pío García
PÍO GARCÍA Enviado especial. Doha

Hubo varios fenómenos paranormales este viernes en el estadio de Lusail. Extraños sucesos que condujeron a la angustiosa clasificación de Argentina para las semifinales del Mundial en los penaltis, tras un partido que gobernaba a placer hasta bien entrada la segunda parte. La selección albiceleste llegó hasta ese extremo de sufrimiento porque Van Gaal se sacó de su libreta mágica una jugada inesperada en el último recodo de la segunda parte, cuando Mateu Lahoz señaló una falta al borde del área argentina. La brillante maniobra, ejecutada por Weghorst, permitió a Países Bajos empatar el partido y entrar en la prórroga con el ánimo crecido. Si no triunfó fue porque el Dibu Martínez, portero, le echó una mano a Messi en la tanda definitiva y atajó los dos primeros lanzamientos de los neerlandeses.

2 Países Bajos

Noppert; Aké, Van Dijk, Timber; Dumfries, De Jong, De Roon (Koopmeiners, m.46), Blind (Luuk de Jong, m. 64); Depay (Weghorst, m. 78), Gakpo (Lang, m. 113), Bergwijn (Berghuis, m. 46)

2 Argentina

Dibu Martínez; Molina (Montiel, m. 105), Lisandro Martínez (Di María, m., Otamendi, Romero (Pezzella, m.78), Acuña (Tagliafico, m.78); Mc Allister, Enzo Fernández, De Paul (Paredes, m.66); Messi, Julián Álvarez (Lautaro Martínez, m. 82)

  • Goles 1-0, Molina, m.35. 2-0, Messi, m. 72 (p.), 2-1, Weghorst, m. 84, 2-2, Weghorst, m. 90+10.

  • Penaltis 3-4 Van Dijk (para Martínez), Messi (gol), Berghuis (para Martínez), Paredes (gol), Koopmeiners (gol), Montiel (gol), Weghorst (gol), Fernández (falla), Luuk de Jong (gol), Lautaro (gol)

  • Árbitro Mateu Lahoz (España). Amonestó a Walter Samuel (técnico), Timber, Acuña, Romero, Weghorst, Luuk de Jong, Lisandro Martínez, Paredes, Berghuis, Van Dijk, Scaloni (técnico), Messi, Otamendi, Bergwijn, Montiel, Lang. Expulsó a Dumfries al final.

Argentina no juega al fútbol. Se pasa los minutos frotando una lamparita para que salga un genio. Es un genio feotón, de piernas cortas, barba rubicunda y cara triste; un genio que nunca sonríe. Es el de Argentina un frotar angustioso pero esperanzado porque saben los otros diez jugadores que ese genio, por mucho que parezca ausente, como paseándose por otros mundos, suele encarnarse en un momento mágico e impredecible. Los partidos de la selección albiceleste se convierten de este modo en una película de suspense, un vagar por el campo pasándose la pelota o defendiéndose los ataques del rival hasta que de pronto, sin venir a cuento, el genio decide bajar de las nubes y materializarse por unos segundos. Este viernes, en el estadio de Lusail, ese fenómeno casi paranormal sucedió en el minuto 36. Apareció Messi.

Condujo una pelota al borde del área y filtró un pase hacia Nahuel Molina que superó grácilmente el bosque de piernas holandés. Le resultó tan sencillo como dibujar una raya en la arena. Molina, que tal vez había pedido ese deseo, aprovechó el regalo del genio y alojó el balón en la portería de Noppert. El guardameta neerlandés se quedó mirando al infinito, sin saber bien si maldecir a su defensa o llamar a Iker Jiménez para contarle la cosa tan rara que acababa de vivir.

Hasta ese momento, en el partido no había pasado nada. Unos ataquitos por aquí, otros ataquitos por allá y la sensación de que ninguna de las dos selecciones quería asumir el mando de las operaciones. Países Bajos gozaba más al contragolpe y Argentina frotaba la lámpara. Hubo una bonita combinación en el área albiceleste que Bergwijn acabó lanzando fuera y un balón de falta que atajó con convicción el Dibu Martínez. Pero todo eso apenas fue hojarasca, apuntes en sucio, vana contabilidad. Lo único importante sucedió en el minuto 36 y duró apenas dos o tres segundos.

Penalti absurdo

En la segunda parte, Países Bajos trató de dominar el partido, pero el equipo de Van Gaal no es ya aquella naranja mecánica que exprimía a sus rivales hasta dejarlos sin jugo. No sabían cómo atacar la defensa argentina y el técnico neerlandés acabó recurriendo al gigantón Luuk de Jong para ver si le caía alguna pelota en el área y había suerte. A Argentina estas cuitas no le importaban demasiado porque el genio andaba suelto. Si Messi no hubiera tenido unos compañeros tan mortales e imprecisos la cuenta de goles se hubiera ido incrementando, pero hubo que esperar a que Dumfries cometiera un penalti absurdo sobre Acuña, al que arrolló en una esquinita del área, para que Argentina subiera el segundo al marcador. Messi colocó el balón con suavidad en las mallas ante un Noppert definitivamente anonadado.

Entonces, cuando ya se vio cogiendo el avión de vuelta para Amsterdam, reaccionó Países Bajos, que, a falta de recursos más sutiles, recurrió a las recetas más simples y efectivas. Van Gaal demostró su tino con los cambios y Weghorst, que acababa de salir, cabeceó con limpieza un buen balón que le había servido desde la banda derecha otro suplente, Berghuis. El partido, en el que ya habían saltado chispas ocasionales, se puso muy feo. Una falta de Paredes sobre Aké encolerizó al banquillo oranje, cuyos integrantes salieron en tromba a cobrarse ellos mismos la cabeza del centrocampista argentino.

Mateu sufrió de lo lindo para tratar de imponer algo de orden, aunque al final la melé se disolvió entre empujones y Paredes se llevó de recuerdo una tarjeta amarilla. El árbitro español añadió diez minutos y Países Bajos se dispuso a asediar a trompicones el área argentina. Fueron ataques turbios y enmarañados, pero en el último momento los neerlandeses consiguieron forzar una falta en la frontal del área. Sucedió entonces lo inimaginable. Resultó que los naranjas también tenían su genio locuelo, aunque este se escondía entre las hojas de la libreta de Van Gaal. Koopmeiners amenazó con chutar a puerta, pero en su lugar cedió la pelota a Weghorst, que estaba camuflado entre la defensa. Ante la sorpresa de Argentina entera, el atacante neerlandés clavó un disparo cruzado, al que no llegó el Dibu Martínez.

En la prórroga atacó más Argentina y tuvo varias ocasiones para resolver el partido, pero no lograron deshacer el empate. Tuvo que esperar hasta la tanda de penaltis, en donde Messi descubrió que tenía un aliado mortal, pero muy eficaz, en el Dibu Martínez. La albiceleste ya está semifinales. Croacia le espera.