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Mundial Qatar 2022

Croacia consigue una vida extra

La brillante actuación del meta Livakovic en los penaltis acaba con el sueño de Japón y deja a los balcánicos en cuartos

Pío García
PÍO GARCÍA Enviado especial. Doha

A Dominik Livakovic, portero del Dinamo de Zagreb, jamás se le olvidará lo que le sucedió en Doha un lunes 5 de diciembre. Plantado bajo los palos, en el momento decisivo de los penaltis, detuvo tres de los cuatro que le lanzaron. Ni siquiera llegaron a tirarle el quinto. Cuando acabó la tanda, todos sus compañeros se le abrazaron, agradecidos y exultantes. Livakovic, con sus reflejos imponentes, ha conseguido aplazar la jubilación de una histórica generación croata, cuyo equipo todavía bebe de la calidad de Modric y Perisic. Por el camino, ha acabado con los sueños de Japón, una de las selecciones más excitantes del campeonato, que había conseguido eliminar a Alemania y condenar a España al segundo puesto de su grupo.

1 Japón

Gonda; Tomiyasu, Yoshida, Taniguchi; Ito, Endo, Morita (Tanaka, m.106), Nagatomo (Mitoma, m.64); Doan (Minamino, m.86), Maeda (Asano, m. 64) y Kamada (Sakai, m.74)

1 Croacia

Livakovic; Juranovic, Lovren, Gvardiol, Barisic; Kovacic (Vlasic, m.99), Brozovic, Modric (Majer, m.99); Kramaric (Pasalic, m.68), Petkovic (Budimir, m.62, Livaja, m.106), Perisic (Orsic, m.106)

  • Goles 1-0, Maeda, m.43. 1-1, Perisic, m.55

  • Penaltis Minamino (para Livakovic), Vlasic (gol), Mitoma (para Livakovic), Brozovic (gol), Asano (gol), Livaja (poste), Yoshida (para Livakovic), Pasalic (gol)

  • Árbitro Ismail Elfath (Estados Unidos). Amonestó a Kovacic y Barisic

  • Estadio Al Janub, Doha. 42.500 espectadores. Partido de octavos de final de la Copa del Mundo.

Al señor Moriyasu, entrenador de Japón, tampoco le falló esta vez su libretita, aunque el resultado haya sido amargo por culpa de un mocetón croata con guantes. En esta ocasión, el técnico japonés había planificado una estrategia muy diferente a la de encuentros anteriores. Si hubiera sido español tal vez les hubiera gritado a sus chavales «a por ellos, oé», pero en el imperio del sol naciente las arengas son más sutiles y otros los modos. Quizá simplemente les hizo una reverencia y les pidió emoción. En los tres partidos previos, sus hombres habían jugado la primera parte agazapados, recluidos en su campo, observando a sus contrarios casi filosóficamente para lanzarse luego contra ellos con una voracidad de depredador. Este lunes, sin embargo, Moriyasu preparó una revolución.

Y así saltó al campo un Japón sorprendente, dispuesto a sacudir el partido desde el principio, gracias al magisterio de Endo en el centro del campo y a la velocidad salvaje de Ito por la banda derecha. Los croatas, que no esperaban esta repentina explosión, jugaron un primer tiempo somnoliento, casi a desgana, fiados a la calidad que conservan sus veteranos. En defensa anduvieron muy entretenidos con Maeda, que debió resultarles un tipo irritante: el delantero japonés con cara de monje shaolín se pasa la vida corriendo, acechando, hostigando, metiendo el pie. Parece Maeda un ratoncillo al que no hay manera de darle caza y los gatos, sobre todo los gatos grandotes como Lovren o Gvardiol, acaban desesperándose y mandándolo a freír vientos. Si no le llega a fallar la puntería, Maeda hubiera metido dos o tres solo en los primeros 45 minutos. Acertó un poco antes del descanso, cuando resolvió con tino un balón que le llegó rebotado en el área.

Los croatas, sin embargo, se resistieron a la jubilación anticipada que les proponía Japón. Nada más arrancar el segundo tiempo, Lovren, desde muy lejos, colgó un buen balón al área, como en los heroicos tiempos del fútbol inglés, y Perisic lo cazó. Su espléndido remate de cabeza acabó empatando el partido y entregándole una vida extra a la vieja tropa de Modric. Japón no cejó en su empeño, pero Croacia recuperó por unos minutos las esencias que la hicieron subcampeona del mundo. A un misil de Endo que despejó agónicamente Livakovic respondió Modric con otro obús que Gonda consiguió desviar con la yema de los dedos. Hubo alguna ocasión más de Croacia, pero el partido fue languideciendo hasta desembocar en la primera prórroga del campeonato.

A Modric, extenuado, lo cambiaron cuando se acercaba el minuto cien de partido, aunque el equipo ajedrezado estaba volcado sobre el área japonesa. El dominio croata se lo sacudió con autoridad Mitoma, que recorrió todo el campo con la pelota cosida al pie para acabar soltando un cañonazo que obligó a lucirse a Livakovic. A medida que avanzaba la prórroga, se iba consolidando un esquema: Croacia dominaba y Japón corría. Este reparto tácito de tareas terminó inclinándose del lado ajedrezado, aunque, ya sin Perisic en el campo, no encontraron el modo de resolver el partido antes de que llegaran los penaltis. Lo hicieron en la ronda definitiva, gracias a un portero que cayó en estado de gracia en el momento exacto.