Jornada 33

El líder se rearma y vuelve a disfrutar

El Atlético sufrió más de 40 minutos pero el colista Eibar se desplomó tras marcar Correa en un córner y encajó cuatro goles en menos de un cuarto de hora

Ignacio Tylko
IGNACIO TYLKO Madrid

Ángel Correa, muy discutido por la hinchada colchonera debido a su falta de pegada y a que Simeone le tiene tanta fe que con frecuencia le antepone incluso a Joao Félix, se reivindicó en la goleada balsámica del Atlético que le rearma moralmente para las siete jornadas finales. Firmó un doblete clave el argentino en el tramo final del primer acto, se resarció de las ocasiones pintiparadas que erró ante Sevilla y Betis, y noqueó a un Eibar que no había sufrido hasta entonces y a partir de ahí no compitió. Enorme enfado de Mendilibar porque no es grato para un colista que el líder le supere a balón parado.

Con el último de la fila desplomado, tanto que en menos de un cuarto de hora, entre el final de un período y el inicio de otro, encajó cuatro goles, el líder se liberó y volvió a disfrutar después de meses de angustia. Manita, doblete también de Llorente, portería a cero, minutos para jugadores de la segunda unidad y no más tarjetas ni lesionados. Los de Simeone recuperan sensaciones en un momento clave del campeonato, pero si un extraterrestre hubiera aterrizado en el Wanda y observado la primera media hora, jamás pensaría que ese enfrentaban el líder y el colista, separados por 47 puntos en la tabla tras esta jornada. Y nunca sospecharía que la tarde terminaría en goleada.

5 Atlético

Oblak, Trippier, Savic (Felipe, min. 74), Giménez, Lodi, Saúl, Herrera (Torreira, min. 70), Koke (Vitolo, min. 61), Carrasco (Kondogbia, min. 70), Llorente y Correa (Dembélé, min. 61)

0 Eibar

Dmitrovic, Dufur (Oliveira, min. 62), Burgos, Arbilla, Cote, Pozo, Sergio Álvarez, Atienza, Aleix García (Inui, min. 62), Kevin Rodrigues y Kike García.

  • goles: 1-0: min. 42, Correa. 2-0: min. 44, Correa. 3-0: min. 49, Carrasco. 4-0: min. 54, Llorente. 5-0: min. 68, Llorent

  • árbitro: Soto Grado (Comité Asturiano): Mostró amarilla a Oliveira

  • incidencias: Partido de la 33ª jornada, disputado sin público en el Wanda Metropolitano

Pese a sus seis bajas y a tener Mendilibar que recurrir incluso al debutante Unai Dufur como lateral derecho, el Eibar maniató por completo al Atlético en el primer tramo del partido. No era cuestión de actitud sino de fútbol el problema de los rojiblancos, con serias dificultades para trenzar sus jugadas desde atrás y muy desordenados en ataque. Valientes los armeros con esa defensa adelantada que suele proponer su técnico. Dmitrovic no tuvo que intervenir hasta que desvió un tiro desde la frontal de Carrasco, a los 34 minutos. Fue, además, el primer lanzamiento a puerta de un partido hasta ese momento tan equilibrado como aburrido.

Movimiento clave

Sin la presencia de Luis Suárez y Joao Félix, el Atlético no generaba entonces ningún peligro. Pero Simeone, siempre intervencionista, acertó con un simple movimiento clave. Colocó a Saúl por dentro, situó más en banda a Llorente y dejó solo a Correa de falso ariete y generó por fin desasosiego en los guipuzcoanos. Entró en escena Herrera, clave en el primer tramo del campeonato por su capacidad para mezclar el juego en corto y en largo. Y por el costado izquierdo, con Lodi y Carrasco recibiendo los pases del mexicano, el Atlético desarmó por completo al Eibar.

Abrió la senda de la victoria tras un saque de esquina que prolongó precisamente Herrera y remachó Correa, y sentenció el duelo un minuto después, fruto de una gran jugada, con pase atrás de Carrasco y una genialidad del delantero argentino, sobresaliente en los controles orientados de espalda y certero esta vez en el remate sutil. La cita estaba decidida pero, por si acaso, nada más reanudarse el choque Carrasco y Llorente obtuvieron más rédito. Tan fácil lo vio ya el Cholo que al fin dio descansos a sus pretorianos y probó con otros soldados como Dembélé, apto para alistarse en las batallas finales. El Eibar sigue en zona dramática después de 14 partidos sin ganar y sin dejar su portería a cero.