Los jugadores del Atlético saludan a los aficionados desplazados a Valladolid. / Foto: efe | Vídeo: Atlas

Jornada 38

La celebración se desbordó en Valladolid

Varios futbolistas del Atlético se acercaron a los hinchas desplazados a pesar de las restricciones por la covid y la Policía se vio obligada a intervenir para desalojar la zona ante el descontrol

José Manuel Andrés
JOSÉ MANUEL ANDRÉS Madrid

El éxtasis por el título de Liga del Atlético se desbordó en Valladolid. Tras entonar el alirón después de la victoria en el José Zorrilla, la euforia pudo con cualquier precaución y la situación con la afición colchonera concentrada en los alrededores del estadio blanquivioleta se volvió incluso peligrosa, obligando a la Policía a cargar para controlarla. La decisión de los jugadores de acercarse a los hinchas para celebrar junto a ellos el campeonato puso en cuestión el protocolo contra la covid-19 de LaLiga y provocó instantes de caos, finalmente controlados por los agentes deplegados en la zona.

Fue el momento más delicado de una jornada en la que Valladolid fue por un día rojiblanca. Centenares de aficionados del Atlético llegaron a la ciudad para seguir desde allí el duelo que se disputó en Zorrilla y a la postre supuso el undécimo título de Liga rojiblanco. A medio camino entre los aledaños del feudo blanquivioleta y Neptuno, escenario habitual de las celebraciones colchoneras, se desarrolló la fiesta de la afición atlética, que celebró el alirón por todo lo alto a pesar de las limitaciones que todavía existen por la situación sanitaria. La multitud se concentró en el entorno de la fuente, acotada, hasta altas horas.

El partido fue considerado de alto riesgo y fruto de ello se montó un dispositivo policial especial en Valladolid, donde se restringió el acceso de tráfico en numerosos puntos del centro de la ciudad. La Plaza Mayor fue el lugar en el que se fue congregando desde el mediodía la mayoría de la afición colchonera desplazada. Desde la estación de tren, Campo Grande, cientos de hinchas llegados desde la capital de España se fueron desplazando hasta el centro de la localidad castellana, escoltados por la Policía para evitar cualquier tipo de incidente. Hasta ocho unidades especiales se desplegaron con el propósito de impedir altercados de consideración.

Antes del partido y durante el mismo, no hubo mayores problemas, más allá de la explosión de petardos y la presencia de alguna bengala, que provocó que un joven tuviese que ser trasladado al hospital por una quemadura en la mano. Los cánticos atléticos resonaron con fuerza en las terrazas de Valladolid para satisfacción de la hostelería local y poco más de una hora antes del duelo, el grueso de los aficionados emprendió el camino hasta las inmediaciones de Zorrilla.

Desde allí, los aficionados trataron de hacer llegar al interior del estadio los gritos de ánimo, recordando a los hombres de Simeone que no estaban solos en la empresa de asegurar la Liga. A través de los móviles, retransmisiones televisivas, radiofónicas y directos llegaron las noticias de lo que ocurría a escasos metros sobre el verde. A pesar del tanto inicial de Óscar Plano para el Valladolid, tras los goles de Correa y Luis Suárez estalló definitivamente la euforia atlética, esa que desde bares, terrazas y domicilios se extendió hasta Neptuno en Madrid y que por desgracia, se desbordó en Valladolid, avivando el debate sobre si con la presencia de un determinado porcentaje de espectadores en las gradas no hubiera sido más sencillo garantizar la seguridad.