Los jugadores del Real Madrid celebran el gol de Benzema que dio el pase a semifinales. / reuters

Análisis

El Madrid se agarra a la épica y a su historia para asombrar

Superados dos ejercicios de supervivencia extrema, siempre que los blancos han eliminado al defensor del título han ganado la Copa de Europa con el actual formato

Amador Gómez
AMADOR GÓMEZ Madrid

Será inexplicable, ilógico, milagroso y todos los calificativos que quieran aplicarse ajenos al entendimiento humano, pero después de haber sido zarandeado por el Paris Saint-Germain en la ida de octavos en el Parque de los Príncipes y por el Chelsea en la resolución de cuartos en el Bernabéu, el Real Madrid ha vuelto a asombrar al mundo y ha enfilado el camino hacia su decimocuarta Copa de Europa. Tras dos ejercicios de supervivencia extrema, el Madrid se agarra de nuevo a la épica y a su historia para aspirar a una Champions que esta temporada, como tantas otras que se saldaron con éxitos inesperados, se presumía que era una utopía pero que, cuando las emociones ganan al fútbol, ya no es imposible.

Tras estar al borde del KO y haberse arriesgado, por los defensivos planteamientos de Carlo Ancelotti, a dos humillantes goleadas frente al PSG en París y al Chelsea en el coliseo blanco, se mantiene el Real Madrid en el alambre en la competición liderada por su legendario nombre. Una vez superadas dos eliminatorias plagadas de sufrimiento y no exentas de suerte, la Liga de Campeones está ahora a 270 minutos de regresar al Bernabéu cuatro años después. Con el factor campo otra vez suyo en las semifinales y los precedentes también a su favor, porque con el actual formato de Champions, siempre que el Real Madrid despidió al vigente campeón de Europa levantó el gran título.

Han sido ya cinco veces en los tres últimos decenios las que el equipo más laureado del continente ha tenido que enfrentarse al defensor de la corona, y siempre ha logrado eliminarle. Hasta el momento, en las cuatro ocasiones en las que acabó con el rey vigente en eliminatorias directas los blancos llegaron a recuperar el trono. Ocurrió en la séptima (1998) en semifinales ante el Borussia Dortmund; en la octava (2000) en cuartos frente al Manchester United; y en la novena (2002) y la décima (2014) en cuartos y semifinales, respectivamente, contra el Bayern de Múnich. En esa última conquista previa a tres Copas de Europa consecutivas con Zinedine Zidane, lo logró con Carlo Ancelotti en el banquillo y en su plantilla hasta ocho futbolistas que se mantienen, la mitad de ellos hoy titulares indiscutibles (Benzema, Modric, Casemiro y Carvajal) y cuyas actuaciones la noche del martes, salvo la del extenuado brasileño, resultaron determinantes para disfrutar el Madrid de otra gesta increíble.

En la senda del Balón de Oro ahora que ya no está Robert Lewandowski en la Champions y no se tendrá en cuenta el año completo ni el Mundial, sino solamente el rendimiento durante la temporada, tras sus tripletes al PSG y al Chelsea Benzema marcó también el gol que llevó al Madrid a semifinales. El número 12 del francés en la presente edición, a solo uno ya del delantero polaco, aunque el premio de mejor futbolista del partido fuese merecidamente para el incombustible Modric. Una vez más, el croata no solo dio una lección de fútbol y físico a sus 36 años, sino que, cuando el Madrid agonizaba, se sacó una genialidad con el exterior de su pie derecho para dar un pase letal a Rodrygo que forzó la prórroga.

Un halo sobrenatural

En las tres últimas Champions (2016, 2017 y 2018), y lo sigue haciendo, Modric ha liderado, junto a Casemiro y Kroos, el mejor triplete de Europa en el medio campo, aunque Ancelotti esté jugando con fuego al no concederles apenas descanso. Y atrás, tras la lesión de Nacho, con Militao sancionado, Vallejo fuera de la convocatoria por coronavirus y Casemiro ya sustituido, Carvajal debió ejercer de central y superó la prueba en una defensa inédita e improvisada, muy corta de altura, en la que el Madrid no dejó de padecer con los balones aéreos.

Ancelotti, quien públicamente reconoció haberse equivocado con su ultraconservadora apuesta en el Parque de los Príncipes, no tenía más a lo que agarrarse el martes, pero con las ocasiones perdonadas por el Chelsea, las paradas de Courtois y los goles de Rodrygo y Benzema, volvió a aparecer la flor. El Madrid pudo haberse estrellado ante el PSG y el Chelsea, pero la suerte le acompañó otra vez. También con dos tantos anulados a Mbappé por fuera de juego en el Bernabéu, y el martes otro, gracias al VAR, a Marcos Alonso tras un rebote que rozó en la mano del exmadridista antes de fusilar en el minuto 62 para el 0-3 pero que, según el absurdo reglamento actual, en ningún caso era legal.

Con su carácter competitivo, su gen ganador, la «magia» de un Bernabéu en combustión y ese halo sobrenatural que rodea al Real Madrid, son ya diez presencias en las últimas doce ediciones de la Liga de Campeones. Sobrepasado durante dos horas y media por el PSG y durante al menos 80 minutos por el todavía campeón en su estadio, sí se echó en falta la autocrítica, porque Ancelotti, al igual que Modric, quizás llevados por la euforia, llegaron a decir tras la derrota más dulce que «el 0-2 del Chelsea no era merecido».