Maikel Mesa festeja el 1-0, obra suya con un penalti ejecutado a la perfección. Acude a felicitarle Rafa Mujica. / COBER SERVICIOS AUDIOVISUALES

Ya escampa en la UD

Maikel Mesa, de penalti, y Pejiño liquidan a un Cartagena que duró quince minutos y liberan de presiones y ansiedades al equipo

Ignacio S. Acedo
IGNACIO S. ACEDO Las Palmas de Gran Canaria

En el día en el que se esperaba a Jesé y se temía a Rubén, Maikel Mesa y Pejiño se colaron por una rendija para acaparar foto y elogios con sus goles fundamentales. Una UD con respiración asistida antes del encuentro, incluyendo mensaje apocalíptico del propio Pepe Mel, que habló de borrascas o tifones dependiendo del resultado que se diera frente al Cartagena, se agarró con todo para proteger dos aciertos al inicio del partido, tantos madrugadores y providenciales, que hoy la tienen libre de cargas y sospechas. Es lo que trae ganar, sanación universal e infalible y más en los tiempos que amenazan tormenta. La UD no disimuló sus urgencias en la previa y, en un ejercicio profesional perfecto, hizo lo que tenía que hacer.

2 UD LAS PALMAS
0 CARTAGENA
  • UD Las Palmas: Álex Domínguez; Ale Díez, Álex Suárez, Eric Curbelo, Dani Castellano; Pejiño (Benito, min. 75), Javi Castellano, Sergio Ruiz, Maikel Mesa (Fabio, min. 88); Araujo (Edu Espiau, min. 46) y Mujica (Jesé, min. 69).

  • Cartagena: Chichizola; Antoñito (David Simón, min. 46), Raúl Navas, Datkovic, De la Bella (Forniés, min. 51); Cayarga (Nacho Gil, min. 64), Aburjania (José Ángel, min. 75), Carrasquilla, De Blasis; Azeez (Cristian, min. 46) y Rubén Castro.

  • Goles: , min. 14:

  • Árbitro: Hernández Maeso (comité extremeño). Mostró tarjeta amarilla a los locales Mujica, Araujo, Maikel Mesa y Ale Díez, y a los visitantes Navas y Aburjania. Expulsó al preparador físico de la UD, David Gómez, y amonestó a Mel.

Se discutirá la estética, el procedimiento, las maneras. Pero ese debate no tocaba cuando el momento exigía puntos y resultados. Ahí emergió el instinto de un equipo rehabilitado de semanas ruinosas y que se ajustó a lo que se le pedía. No fallar y ganar. La victoria conlleva un efecto multiplicador que converge en la figura de Mel, expuesto por la melancolía con la que venían actuando sus futbolistas. El entrenador, que es buen encajador y jamás huye de la crítica, tiró de manual conocido, once con cambios previsibles, y, desde la serenidad, capeó las curvas hasta retornar a la casilla de salida que tanto añoraba. Y así luce Las Palmas, que está de vuelta.

Todo se le puso a la UD a corte y confección y casi sin esperarlo. Un penalti regalado, por manos absurdas de Aburjania, y el galope feroz de Pejiño, más Pejiño que nunca, culminado con un latigazo abajo e imposible para Chichizola tras dar en la pierna de un central, dejaron el partido inclinadísimo, con un 2-0 apenas sobrepasado el cuarto de hora. De repente, adiós fantasmas. Todo lo que había costado hacer gol en semanas anteriores, la falta de puntería, colmillo y profundidad, pasó a la historia de un plumazo. Si necesitaba Las Palmas gobernar con mano firme, aquí lo tenía, a lomos de una ventaja que equivalía a sentencia. Porque, enfrente, el Cartagena se perdió entre sus impotencias y miserias, muy desactivado del encuentro y que llegó tarde a todo. Cuando se quiso dar cuenta, Maikel Mesa ya había señalado el escudo y Pejiño estaba de vuelta.

Bajo llave los puntos, se vivió un partido plácido, incapaz el rival y siempre más cerca el tercero que cualquier gesto de rebeldía

Tuvo más acierto que fútbol la UD en esta fase. Un inicio con ganas, sin demasiados alardes, trajo la traca con dos remates a la red en tres minutos, un condicionante mayor para lo que vendría después. Si el Cartagena dependía de su resistencia, ni alcanzó a pleitear. Y fue agua bendita para los muchachos de Pepe Mel gestionar todo con un marcador confortable. Ni siquiera le hizo falta hacerse con los mandos. Tan necesario era ganar que, ante semejante decoración, bastó y sobró con acumular hombres por detrás del balón, achicar bien a Rubén, con Eric Curbelo al cogote y que solo pudo armar la zurda desde lejos y muy al final del primer tiempo. Estuvo muy activo Rubén, tratando de activar a sus compañeros y buscando combinaciones y caídas por banda. Pero tan lejos de la portería su influencia no es diferencial y por ahí vivió con relativa calma la retaguardia de la UD. Sirva como ejemplo que el mayor peligro que vivió Álex vino con un despeje en semifallo de Ale Díez.

El penalti de Maikel Mesa, perfecta su ejecución al estilo Panenka, y la diagonal mortal de Pejiño permitieron llegar al descanso desde la placidez y la seguridad, virtudes que en los últimos tiempos resultaban desconocidas.

Como la UD no estaba para dramas, bajo llave los puntos, la consigna para lo que había por delante pasaba por gestionar la pelota con paciencia y negar los espacios. Buscar el tercero con el retrovisor puesto, mayormente. Y si no sucedía nada, tanto mejor. Y así fueron cayendo los minutos, siempre más cerca de otro más que de que el visitante fuese capaz de descontar. Un despeje prodigioso de Chichizola a empeine total de Maikel Mesa, que la enganchó sin dejarla caer desde la frontal del área, un tanto anulado a Eric Curbelo y otra posterior acción marrada por Pejiño, solo ante el portero pero con definición de primeras y deficiente, permitieron anular cualquier intento de rebelión y, lo esencial, que todo se desarrollara al otro extremo de Álex Domínguez.

Mel lo vio todo tan claro que le pudo dar a Jesé los primeros minutos de carburación para su particular puesta a punto. Jesé salió en circunstancias especialmente favorables: partido encarrilado y opción a poner las piernas en modo competición. Jesé entró con fuego. Primer balón y primer remate. Luego lo volvería a intentar. Le falta, sí, pero ya ha roto a sudar y va a tener tiempo para mostrarse. Será una bala de oro en adelante.

Las carreras de Jesé, que hasta se tiró al suelo para morder, fueron el condimento en un tramo final de saldo y sin noticias destacables, más allá de que Rubén fue incapaz de embocarla a puerta vacía tras un despeje de Álex. Habrá metido un porrón de goles en secuencias calcadas. Pero no, ayer no era su día y tampoco pudo cuando se le pusieron en bandeja. Hubiese sido insuficiente, en todo caso, para cambiarle el signo a un partido que la UD supo abrochar. Que ya era hora.