Desde Tenoya a todo el mundo

El Club Valdivia es un modelo de constancia y éxitos tras haber acunado a campeones de España y dar valor al trabajo de formación y perfeccionamiento en un entorno humilde y que ha supuesto un reto constante

IGNACIO S. ACEDO | / TENOYA

Tres años le han bastado al Club Valdivia para estar en boca de todos. A su ejemplo de superación, une una cosecha de éxitos ya considerable y que, a poco que reine la normalidad, seguirá creciendo con el paso del tiempo. Israel Valdivia es el alma impulsora de un proyecto que no ha parado de superar obstáculos. «Con la ayuda de los chicos, hemos sido nosotros mismos los que acondicionamos el local y levantamos el ring. Sacando ratos cada día encalando paredes, mejorando la instalación, con trabajo y sacrificio, sin rendirnos. Hoy podemos presumir de un gimnasio decente, con condiciones para entrenar, que es lo que necesitamos», afirma con orgullo el continuador de una saga que ya iniciaron su padre y tío. El sudor ha terminado por tener recompensa. En los Nacionales del año pasado sus boxeadores (en los que ya brilla su hijo Fran) lograron dos oros, una plata y un bronce. Y en los campeonatos estatales que vienen en unas semanas, serán seis sus seleccionados con el combinado de Canarias. Un dato revelador de lo mucho y bueno que se gesta en el parrio periférico de Tenoya y que tiene en este club a la auténtica insignia de su vecindad.

«No es fácil mantener en funcionamiento un grupo tan unido y esforzado. La clave es el trabajo y el trabajo. No parar nunca. Siempre querer más y nunca conformarse. Me siento muy confortado por tener a Gabi Sarmiento, que es una eminencia, como amigo y consejero en todo y él siempre me lo recalca. No hay otro camino que el del esfuerzo cada día», insiste Valdivia, quien no ha dudado en embargar todo el tiempo que le queda libre de su oficio en la construcción para seguir puliendo la talento y la abnegación de sus alumnos.

«Amo el boxeo y empecé sin pensar en lograr nada, únicamente en dar a la oportunidad a los chicos del barrio, de introducirles en este deporte. Mi sorpresa no ha podido ser mayor al comprobar el nivel que han dado y el ejemplo de compañerismo y lealtad que dan siempre que se entrenan o saltan al ring. Eso me da fuerzas para continuar y pasar por alto las limitaciones y dificultades que tenemos. Ellos me motivan para levantarme cada día y tener más motivaciones por cumplir», insiste, emocionado, el auténtico urdidor de un equipo nacido del entusiasmo y que hoy es una reluciente realidad.