Recorrido de la ascensión a Alpe d'Huez, uno de los platos fuertes del Tour 2022. / Aurelien Papa

Presentación

Un Tour que no da respiro

Con viento en la salida de Copenhague, pavés, miedo a la covid y la montaña de siempre, la ronda gala inicia mañana su edición 109

J. GÓMEZ PEÑA

El Tour que en 2023 partirá desde Bilbao lo hace mañana desde Copenhague. Dinamarca pondrá la contrarreloj inicial (13 kilómetros) y, ya en la segunda etapa, el viento sobre los 16 kilómetros del Puente de Gran Belt, colgado sobre el frío y revoltoso mar Báltico. «Aquí sopla de todos lados», avisa Kasper Asgreen, ciclista local.

Con ese miedo aéreo comenzará una edición que en la quinta etapa botará sobre once tramos de pavés que suman casi 20 kilómetros de adoquines. A ese miedo a perderlo todo casi antes de iniciar la lucha por la victoria se añade un enemigo microscópico, la covid. Tadej Pogacar, el gran favorito, perdió ayer por contagio a Matteo Trentin, su guía sobre el pavés. Todos sudan en esos largos segundos que tarda un test de antígenos en dar o no el visto bueno. Ufff. Y encima queda la montaña, la Planche des Belles Filles (7ª), el tremendo col de Granon (11ª), el mediático Alpe d'Huez (12ª), Peyragudes (17ª) y Hautacam (18ª). Si con todo eso no se resuelve esa edición quedará la contrarreloj final, de 41 kilómetros y meta en la postal de Rocamadour, la ciudad sagrada.

Con Asgreen, son diez los ciclistas daneses que compiten en este Tour. Por nueve dorsales españoles. Desde 1972 no había una participación hispana tan escasa. Dinamarca tiene menos de seis millones de habitantes; 47 en España. Sin Mikel Landa y Pello Bilbao, que estuvieron en el Giro y estarán en la Vuelta, las opciones del pelotón español se centran en Enric Mas.

De otra época es Eduardo Chozas, que en 1986 abrió con su victoria la historia del col de Granon: el gigante que mide 2.413 metros (11,3 kilómetros al 9,2%) será de nuevo la meta en la decimoprimera etapa, que como anticipo habrá cruzado por la cumbre del Galibier. Cuando este Tour llegue allí ya habrá pasado, en la séptima jornada, por La Planche des Belles Filles, allí donde Pogacar ejecutó a Roglic en la última contrarreloj del Tour 2020 y se llevó su primera Grande Boucle. El joven esloveno, aún con 23 años, busca ahora la tercera.

El Granon le espera. A él, a Roglic, a Vingegaard, a Vlasov, a Dani Martínez, a Enric Mas, a Geraint Thomas... Chozas recuerda bien esa mole mineral. En 1986 era joven y valiente. Buena combinación. Se atrevió a cargar con una fuga de más de 150 kilómetros y con puertos que agotan de sólo nombrarlos: el Vars y el Izoard. Tras ellos, el Granon, inédito entonces. A Chozas le perseguía una carrera rota, encendida por el hundimiento de líder, de Bernard Hinault, que ese día portaba su último maillot amarillo. En la cima iba a ser para Greg LeMond.

«Mi cuerpo dijo basta»

Las cámaras de la televisión francesa se centraron en ese duelo por el liderato. Olvidaron al fugado. Nadie vio su penitencia. Lo cuenta él: «A falta de tres kilómetros mi cuerpo dijo basta, no podía más, no tenía energía, había empezado a sentir ese sudor frío que precede al bajón... Tras dos interminables kilómetros de sufrimiento, rayando el límite de lo agónico, sintiendo la impotencia de no poder ni ponerme de pie en la bici, tenía ganas de llorar. ¡No pasaban los metros!». Subía sobre un desarrollo de 39x24 en su bicicleta Alan de carbono. A cámara lenta. Llegó. Levantó los brazos y casi pierde el equilibrio. «Solo sentía cansancio y hambre».

Detrás, Urs Zimmermann y LeMond sepultaban a Hinault. El francés se vio obligado a cumplir la palabra dada a LeMond un año antes, cuando el estadounidense se puso a su servicio con la promesa de ser el líder en 1986. Solo la realidad obligó a Hinault a ceñirse a su promesa. No dejó de acosar a su compañero LeMond hasta el final. Al final, el estadounidense ganó su primer Tour e Hinault se ganó una despedida a su altura. Cayó de pie, mordiendo hasta el último kilómetro. Así eligen perder los mejores.

Nada más dejar atrás el Granon, el Tour tirará hacia Alpe d'Huez, el gran anfiteatro natural. La cima de las multitudes. En esa decimosegunda etapa también aguardan de nuevo el Galibier y la larga Croix de Fer. Clásicos. Luego, en el tránsito entre los Alpes y los Pirineos, la ronda gala se enredará en las carreteras calientes del Macizo Central camino de Mende, donde Omar Fraile logró en 2018 la última victoria española. En los Pirineos habrá dos finales en alto, Peyragudes (tras superar Val Louron) y Hautacam, que llegará precedido por el Aubisque y el col de Spandelles. La guinda espera en las paredes de Rocamadour, escenario de una contrarreloj de 41 kilómetros antes del paseo final el 24 de julio por París, donde Bilbao recibirá el testigo para dar el banderazo en 2023.