Tino Luis Cabrera, pensativo, en un entrenamiento de la UD en la Ciudad Deportiva de Barranco Seco. / COBER

La caída en desgracia de Tino Luis Cabrera

Llegó en 2020 desde el Betis como apuesta estelar para la secretaría técnica. Su desgaste y fracaso con el filial le dejan sin futuro en la UD

IGNACIO S. ACEDO Las Palmas de Gran Canaria

La gente que le conocía y estimaba se lo advirtió en enero, cuando saltó la noticia de que Juan Manuel Rodríguez abandonaba la dirección técnica de Las Palmas Atlético. «Te equivocas si coges el filial». A Tino Luis Cabrera le pudieron más sus ganas de entrenar y saltó al ruedo. Hacía tiempo que no le llenaba su labor como secretario técnico, en la que las discrepancias con Luis Helguera eran más que notorias y, por jerarquía, siempre salía perdedor. Tres meses después, la realidad de Tino Luis no puede ser más desalentadora. Despedido de su cargo en el equipo nodriza y, oficialmente, de vacaciones hasta retomar sus funciones en el organigrama de la entidad, que le quede una campaña más de contrato parece, en estos momentos, mera anécdota.

Su fracaso en la banda y las tiranteces que vienen de lejos con Helguera condenan su futuro y que ahora está más fuera que dentro. Hasta el propio implicado asume que el escenario ahora abierto le ha dejado sin crédito en la entidad por lo que parece inevitable la resolución de su vínculo, ya sea por acuerdo mutuo o rescisión.

Tino Luis regresó a la UD como apuesta de Miguel Ángel Ramírez en junio de 2020 y lo hizo renunciando a la estabilidad profesional que tenía en el Real Betis como analista de jugadores y equipos. Tanto se le valoraba en Heliópolis, siempre bajo el amparo de Alexis Trujillo, que incluso se le pidió a Las Palmas permiso para que finalizara aquella campaña como segundo entrenador del primer equipo acompañando a Alexis pese a que ya era oficial su fichaje por el club de su tierra.

El cese de Rubi, a falta de ocho jornadas para el final, obligó a un giro imprevisto en la hoja de ruta a finales de junio de ese año. Esto es, Tino Luis siguió prestando servicios al Betis, en las ocho jornadas finales de aquel curso, pese a que podía haberse desligado para adelantar su ingreso en la UD. Un gesto de cortesía y que le mantuvo en Sevilla hasta mitad de julio.

Fueron muchas y altas las expectativas depositadas en él atendiendo a su experiencia y criterio. «Dieciséis años después cumple su sueño de volver a estar al servicio del escudo amarillo, club al que llegó en edad alevín», aseguraba la entidad en la nota oficial de su incorporación.

Pero de las ilusiones iniciales se pasó a un desgaste imparable escenificado en situaciones insostenibles y que evidenciaban que no terminaba de encajar como se pensaba. Cuando las sesiones preparatorias fueron a puerta abierta para el acceso de los medios de comunicación era habitual verle al margen de Helguera y sin cruzar palabra y el pasado verano ni siquiera estuvo en la pretemporada del equipo en Marbella cuando sí se personaron en tierras andaluzas todos los miembros de la dirección deportiva, incluyendo a Juanito Rodríguez, asesor presidencial. Entonces no se ofrecieron explicaciones convincentes de su ausencia, significativa a todas luces porque en esa fase del calendario el mercado de altas y bajas estaba en plena ebullición y durante esta concentración estival se produjeron numerosas reuniones dedicadas a este campo.

Tino Luis asumió su no presencia con cierta contrariedad aunque sin sorpresa: se sabía sentenciado a ojos de Helguera y tampoco sintió el apoyo presidencial que necesitaba en momentos de especial debilidad.

Tensión máxima

Insinuaciones no probadas de que fue de los primeros en apostar por prescindir de Mel y que podría haberse ofrecido como sustituto, hay versiones contrapuestas al respecto, también debilitaron su figura de una manera imparable. No fueron atendidos sus argumentos y eso le terminó haciendo más daño.

Su cambio de rol poniéndose el chándal para tratar de revertir el rol del filial vino acompañado por malos resultados y una gestión, a ojos de la zona noble, con matices desconcertantes. El poco protagonismo del delantero Ale García, a quien se considera un bien patrimonial a revalorizar, es uno de los debes que se le pone, además del incumplimiento de la misión clasificatoria, con malos resultados que terminaron dando forma a la decisión más dolorosa y traumática: un cese que no tendrá retorno.