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Amaya Valdemoro, en un momento de la entevista concedida a CANARIAS7. Fotos: Cober Servicios Audiovisuales

«Hay prisa por llegar a la meta en esto de la igualdad. Pero estamos en el kilómetro 10 de este maratón»

Baloncesto ·

Amaya Valdemoro, leyenda del deporte español, está de paso por Gran Canaria y habla de la lucha del deporte para la ansiada paridad social

Ignacio S. Acedo

Las Palmas de Gran Canaria

Viernes, 23 de febrero 2024, 12:32

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Estar ante Amaya Valdemoro (Alcobendas, 1976) es enfrentarse a lo inabarcable. Su relevancia en el deporte nacional aguanta pocas comparaciones. Legendaria en el baloncesto y consagrada para la eternidad al conquistar Estados Unidos antes que nadie ganando la WNBA, integrante del Salón de la Fama de la FIBA también con rango de pionera, emblema de la selección y bandera del deporte femenino, al que representó con mayúsculas en un contexto muy diferente (y más complicado) que el actual, está de paso por Gran Canaria y compartir con ella un tiempo de su agenda es una lección de vida.

-Ahora que la equiparación del deporte femenino al masculino ha trascendido a una cuestión de concienciación social más allá del ámbito meramente competitivo, ¿cómo contempla todo desde su atalaya de haber sido quien fue y haber aportado lo que aportó?

-Lo principal para todas las personas es estar contento con lo que uno ha hecho y las circunstancias que ha tenido. Yo me siento privilegiada de haber vivido un momento del deporte español en el que, por las características que tuve, los equipos que tuve y las experiencias que viví, me haya correspondido ser la primera en muchas cosas. Cuando estás en activo, con los calendarios y competiciciones, igual no te das tanta cuenta de esa responsabilidad y representatividad con la que has cargado. Si echo la vista atrás y veo cómo empecé y cómo está todo ahora, creo que los avances en nuestro deporte son una barbaridad. Y también por el talento y los resultados que hemos obtenido. El gran salto lo damos en 2012, con la crisis global que se vivió e implicó menos ingresos para muchos deportes y se redujeron las inversiones. Y las mujeres seguimos como estábamos, logramos mejores resultados que en la categoría masculina y empieza a darse una conciencia social que apareja mayor valentía en invertir en deporte femenino.

-Habla de talento, pero, fijándose en su historia personal, que es grandiosa, no todo fue meter canastas. Tuvo que implicarse más allá...

-Yo he sido una damnificada totalmente. A mí, por el hecho de pedir, se me ha acusado de problemática. Cuando un hombre pide se dice que tiene carácter. Si lo hace una mujer, y de manera directa, se confunde la personalidad con lo problemático. Y eso es algo que me ha pasado a mí. Fin de la historia. ¿Y qué hago? ¿Me lamento? ¿Me quejo? En el deporte profesional primero está la exigencia con nosotros mismos, luego lo que te exigen y, lo que es peor para mí, la obsesión que muchas veces nos imponemos. Para el deporte es muy bueno pero para la vida es muy malo. Ahora todo el mundo quiere llegar muy rápido a la meta en esto de la igualdad. Hay prisa. Pero es un maratón y estamos en el kilómetro 10. Si a mi me preguntan si tengo que cobrar lo mismo que Pau Gasol, para mí es una locura. Y si me dicen que no estoy defendiendo a la mujer, diré que entonces habría que preguntarse por qué los jugadores del Gran Canaria de baloncesto no cobran los mismo que los de la UD Las Palmas. No todo el mundo puede cobrar lo mismo que Messi o Cristiano Ronaldo. Sí digo que la mujer, históricamente, ha sido perjudicada porque, a todos los niveles, no valíamos lo mismo. Cuando me cuelgo una medalla, el nivel de satisfacción que tengo es el mismo que puede tener Pau Gasol o, incluso, más. Porque quizás me haya costado más. Eso lo sé yo. En el terreno de las comparaciones siempre digo lo mismo: dame las mismas herramientas que tienen los chicos y, seguro, mejoraré una barbaridad. Porque, en mi caso, hice lo que hice con los peores horarios, los peores viajes, los peores entrenadores, aunque tuve muchos increíbles, pero los buenos entrenadores se iban con los chicos por reconocimiento social y económico... Cuando hay inversión hay resultados y más en España, donde hay muchísimo talento. Cuando empezaba, ya reclamé a la Federación las mismas dietas, los mismos hoteles... Y hace más de diez años esto ya se igualó y es una barbaridad comparándolo con otros deportes.

-¿Y con otros países? Porque usted jugó y vivió en Estados Unidos, Rusia o Turquía...

-En Estados Unidos sí que notas algo diferente porque allí ser un deportista de élite comporta un prestigio social que no lo tienes en otro país. Pero era número 30 del draft y cobraba 30.000 dólares. Y por ganar el anillo me dieron 10.000... Ahora, poco a poco, se está igualando.

-Le tocó remar río arriba, sin lo que se tiene ahora...

-Y me da mucha envidia sana. Si hubiese estado compitiendo ahora lo mismo hubiese sido mucho mejor en todos los sentidos. Ahora, incluso, puedes generarte tu propia marca, tiene muchísimas facilidades para el reconocimiento que, en mi época, ni nos planteábamos. Internet ha ayudado muchísimo a esa visibilidad que cuando yo jugaba era algo que ni pensabas.

-¿Se siente reconocida por todo lo que dio a España en las canchas de baloncesto?

-Soy un caso diferente. Y me explico. Cuando yo empezaba, a inicios de los noventa, las únicas deportistas conocidas eran las que practicaban modalidades individuales. Hablamos de tenis, atletismo... Yo fui la primera, dentro de un deporte de equipo, en ir a la NBA, en ganar allí, en emigrar a Rusia... Pero me reconocen más ahora que cuando jugaba. ¿Por qué? Porque trabajo en la tele. También he trabajado en mí misma para ello, para que me sigan reconociendo. Estoy muy feliz con lo que tengo y, también, cuando voy por la calle y no me reconocen...

-¿Qué le aconseja a las deportistas que acuden a usted para guiarse?

-La fórmula en el deporte es bien sencilla: trabajar muchísimo y estar bien con uno mismo, creer en ti. Tener carácter, tener, con perdón, mala leche. Me encanta Iniesta y seguro que es una persona increíble. Pero, seguro, también, que tiene mala leche. Para llegar a la cima hay que tener todo eso.

-¿Cuáles fueron sus referentes?

-Yo empecé en el atletismo y soy una enamorada del atletismo, que es la base de todos los deportes. Constancia, sacrificio, superación de uno mismo siempre... Durísimo. Mis modelos a seguri eran atletas. Fermín Cacho, Abel Antón... Entonces no teníamos referentes mujeres porque no se les daba la visibilidad que tienen ahora y es muy bueno que las chicas conozcan la historia de muchas mujeres que hicieron grandes cosas. Mayte Zúñiga es una atleta de Valladolid que la tengo como un ejemplo. Además, me llevo muy bien con ella.

-¿Con qué disfruta ahora lejos del ruido y de las rutinas del deporte profesional?

-Me preguntan mucho por mis aficiones, pero es que la realidad es que no las tengo. Me fui de casa con 14 años y mi afición era el deporte. Lo convertí en mi trabajo y ya no hubo lugar para nada más. Ahora disfruto del deporte viéndolo. Todo tipo de deporte. Es mi vida.

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