Kiko Veneno, durante la promoción de su nuevo disco. / EFE

Kiko Veneno

«Es triste, pero si no vienen estas catástrofes no aprenderemos»

Icono de la música popular en español, campechano y fastidioso látigo de la derecha, este cantante regresa con 'Hambre' y de la mano amiga de C. Tangana para repartir alegría y seguir dando caña

ANTONIO ARCO

He aquí 'Lobo López', que es «un lobo bueno», dice de sí mismo Kiko Veneno. 'Lobo López', una de las canciones señeras de estas cuatro décadas que lleva haciendo bailar en los hogares y en los conciertos, animando las fiestas de cumpleaños y restando dramatismo a las despedidas, alegrando corazones en las cuatro estaciones, calentando amoríos, apostando por los abrazos entre tirios y troyanos, poniendo palabras a los deseos de muchos, a la vida de a pie colándose por los balcones y las hamacas de playa, a los viajes alrededor de los amigos, a los detalles pequeños que te defienden de venirte abajo...

Icono de la música popular en español, algunas de sus letras son ya leyenda a fuego, como 'Volando voy', que inmortalizó Camarón, y otras muchas que se han adherido al habla de andar por casa, tan a gusto, de varias generaciones. Ejemplo: «Lo mismo te echo de menos que antes te echaba de más». No es Fiódor Dostoyevski en pleno apogeo, pero que levante la mano quien no haya pronunciado esta frase alguna vez al ritmo de la música pícara de Kiko Veneno, nombre artístico de José María López Sanfeliu (Figueras, 1952).

Ahora, con nuevo disco, 'Hambre', el undécimo de su carrera, y un acercamiento impagable a los más jóvenes a través de su colaboración con C. Tangana, interpretando 'Los tontos' en su último trabajo, Veneno se enfrenta al reto de «hacer feliz al público» en los conciertos que tiene por delante. Arrastra una pena, su madre falleció de coronavirus. Tenía 95 años. Y se agarra a este alivio: pudo despedirse de ella, en la residencia donde pasó su último tiempo, cogiéndola de la mano y dándole un beso. El último. Imborrable.

- ¿Usted a qué aspiraba?

- Yo creo que soy músico porque quería hacer felices a los demás. Y, aunque me da cierta vergüenza reconocerlo, creo que lo he conseguido. Ese deseo lo he podido hacer realidad, y estoy contento porque no siempre se ven cubiertas tus aspiraciones en la vida.

- ¿Y en su día a día?

- Como nos pasa a todos, creo yo, lo que buscamos es que nos quieran. También eso lo he conseguido, aunque no podría decirle una cosa detrás de otra que haya hecho para lograrlo. Puede que la clave haya estado en que muy pronto tuve la intuición de que lo primero es decirte: 'Voy yo a querer a la gente, y espero que la gente me quiera a mí también'. Primero, quiere tú, espabila. Mala vida la del que no tiene amor que dar.

- ¿Y cuando nadie le ve?

- Tengo mi vida oculta, mi misterio, mis puntos malos, mis defectos... En cuanto a los pecados capitales, el mío fundamental es la pereza; reconozco que soy un poquillo perezoso y que me gusta mucho el 'dolce far niente'. La gula no, ni la envidia tampoco, pero la ira sí la conozco. También conozco la soberbia, que va relacionada con la ira y que consiste en creerte que eres más que nadie. Y de ahí viene la ira, de darte cuenta de que no es así; a veces me enfado conmigo mismo como un mono peleón.

«Esta pandemia ha sido un preaviso de que lo que nos puede venir es mucho peor que la covid-19»

El mundo que tenemos

No vivir deprimido

- ¿Se levanta y qué se dice?

- Me lavo bien la cara y me digo: 'Ahora a pensar con ilusión en el día que te espera, a ser positivo, a estar activo...' Yo no quiero vivir deprimido, me enfrento a cada nuevo día pensando que va a ser un gran día, que hay muy buena gente con la que compartirlo y que se pueden hacer grandes cosas, cada uno desde donde esté. ¡Y que no falte un buen pescadito con tomate, que también es importante!

- No se lo voy a discutir. ¿Mira hacia atrás?

- Pero no con esa nostalgia que hace que te lamentes del presente. A mí la vida me ha tratado bien, y le estoy muy agradecido, siendo verdad también que yo he pasado por muy malos momentos, que he llorado y sufrido lo mío y que conozco muy bien lo que es tener muchas incertidumbres. Pero ha estado bien, y he disfrutado de un éxito moderado que me ha permitido llevar una vida normal, muy en la calle. He visto a mucha gente ser víctima del éxito, caer sepultada bajo su peso. He tenido suerte y, también, he sido constante, soy un luchador y se ve que tengo cierto talento para hacer canciones [risas]. La nostalgia aparece cuando dejas de tener ilusiones, y ese no es mi caso.

«La gente es más amable, tranquila y sosegada de la imagen que se da en las redes sociales»

La crispación

- Todos estos meses tan dolorosos, toda esta extrañeza. ¿Qué ha aprendido?

-No he aprendido nada nuevo, me he reafirmado en cosas que ya sabía. Una: lo peligrosa que es esa desconexión que vivimos entre el hombre y la naturaleza. Esta maldita tendencia actual a considerar que con ella podemos hacer lo que nos dé la gana, que está a nuestro servicio...; qué barbaridad. A mí no se me olvida el momento en el que leí algo de uno de los ídolos de mi juventud, Fernando Savater, que no sé yo este hombre cómo ha podido virar tanto de pensamiento. Se me quedó clavado en la mente. Él defendía que si para hacer una carretera había que destrozar una montaña, que adelante porque la carretera era más importante que la montaña...; ahí empecé yo a mosquearme con este hombre, 'algo se está tomando que le está sentando mal'. ¿Que nosotros somos los dueños de la naturaleza? ¡No, hombre, no! Nosotros somos ahora la especie más avanzada, entre comillas, pero somos parte de ella y la necesitamos para vivir. Nada de lo que hay en la naturaleza es para destrozarlo, pero con esta marcha de la economía actual y esta huida hacia adelante en la que solo se habla del Fondo Monetario Internacional y de la Bolsa y de todo eso... Y ahí están las consecuencias: el capital está cada vez más en manos de menos gente, y las desigualdades se disparan y crece el número de personas, ¡millones!, sin acceso a una vida en buenas condiciones. Nos vamos a terminar destruyendo, porque no respetamos a la naturaleza, ni parece que nos importe la suerte de millones de personas.

Aprender a palos

- ¿Y a favor?

- La Humanidad es capaz de adaptarse a las situaciones más dispares, y lo ha demostrado a lo largo de toda nuestra historia, desde los neandertales y lo que haga falta. Pero lo que está claro es que nosotros somos de aprender a palos; la evolución se produce cuando, para superar las rutinas y acometer nuevos desafíos, reaccionamos por fin. No vamos a cambiar por nosotros mismos, tiene que venir algo malo que nos haga cambiar, y esta pandemia ha sido un preaviso de que, realmente, lo que nos puede venir es mucho peor que la covid-19; nos pueden pasar catástrofes realmente extraordinarias. Se lo digo con tristeza: si no vienen estas catástrofes no vamos a aprender. A lo que se suma toda esa gente que dice que todo esto del cambio climático es mentira, como ya decía el listo del cuñado de (Mariano) Rajoy o ahora dicen éste y el otro. No nos conviene darnos cuenta de muchas cosas, estamos mejor ahí pegados a nuestras rutinas. ¡Venga petróleo, venga más vacas! Pero, ¿para qué necesitamos tanta leche? ¡Si ya no hay niños! Pues venga vacas, sabiendo que cada vaca que tú crías es un destrozo bestial para la naturaleza; total, para hacerte cuatro filetes, ¡mi alma! Y el mar, que decimos que es nuestra gran reserva..., pero si ya está destrozado, lleno de plásticos y de química, hecho una pena, un estercolero.

- ¿Percibe agresiva a la gente?

- No, no. A ver: la agresividad es lo que tú percibes cuando abres las redes sociales, pero las redes sociales no son la vida en la calle, el día a día de la gente. La mayoría de la gente, en el día a día, se trata con respeto, se apoya. Al sistema lo que no le interesa es el arte, la cultura, que la gente piense...; le interesa el enfrentamiento, porque piensa eso de 'divide y vencerás'. Ese nivel de agresividad lo vemos en los medios y en las redes, pero en la vida cotidiana no vivimos así, en general. Si la gente por la calle se comportará como en las redes sociales, es que no podríamos vivir. La gente es mucho más amable, tranquila y sosegada de la imagen que se da de ella en las redes.

«Ahora está otra vez la derecha con la Guerra Civil, no tienen hartura. Viven en ese mundo»

La pelea política

- Y la clase política (Veneno apoya a Podemos)...

-... Ahora está otra vez la derecha con la Guerra Civil, no tienen hartura. Ellos viven en ese mundo de la Guerra Civil desde siempre. Ayuso, por ejemplo, que ahora que ha ganado las elecciones no creo que tenga nada que aportar, ha hecho una campaña belicista, tramposa, hablando de libertad sin entender nada, presentando una ciudad de Madrid como si estuviese asediada por las bombas de la izquierda. ¡No tiene vergüenza! Nosotros no queremos reverdecer la Guerra Civil, lo que queremos es enterrar a la gente dignamente. Ellos son los que quieren la Guerra Civil, los que están contentos con todos los símbolos de la Guerra Civil, con todas las instituciones franquistas y con todo eso. Pero, bueno, no quiero hablar de política, que me caliento (sonríe). Es que luego ves los resultados de las elecciones... Es como si el consumo y el griterío hubiesen vencido en esta sociedad a la reflexión, a la calma, al análisis en serio de las cosas.

Sentimientos populares

- ¿Por qué sus letras se hacen tan populares?

- Porque me baso mucho en el habla y en el sentimiento populares. Aprendí mucho con el flamenco, que consigue con frases muy cortas, con pocas palabras, reflejar los sentimientos más hondos y los misterios más grandes de la vida. Ha sido mi fuente de aprendizaje. Además, yo escucho mucho a la gente, yo soy la gente, me pasa lo que a todos, y también tengo un don [ríe] para componer melodías, ritmos.

- ¿Qué es cierto?

- Que la vida es maravillosa, pero cuando tú tienes para comer, y tienes donde dormir, y puedes alimentar a tu familia y sacarla adelante. ¡Claro que la vida es entonces maravillosa!

«Yo creo en la vida eterna, pero no en la mía. El tío que hizo la Giralda sigue ahí entre nosotros»

Sus creencias

- ¿Importancia qué tiene y no se la damos?

- Quedarte mirando el cielo media hora: las nubes pasar, la Luna, las estrellas.

- ¿Qué tal la experiencia con C. Tangana?

- ¡Una maravilla! Nada más empezar a cantar 'Los tontos' en los conciertos, la gente se vuelve loca y es una fiesta. Es que hacía tiempo que no se grababan discos así, de tipo popular, en España. Algo que la gente pueda cantar, porque las canciones indi no hay quien las cante, ¡y lo digo sin maldad [risas]!

«También conozco la soberbia, que va relacionada con la ira y consiste en creerte más que nadie»

su carácter

- Y llegado el día del final...

- ... Esto no se acaba. Yo creo en la vida eterna, pero no en la mía, en la vida eterna de la vida. Esto es una rueda. El tío que hizo la Giralda sigue ahí, viviendo en nosotros, y los que sembraron los árboles de tantos bosques siguen ahí, viviendo en nosotros. Les debemos la belleza, les debemos el oxígeno... Yo me voy a morir, pero creo en que lo que mis hijos han aprendido de mí lo van a reproducir, y en que algunas de mis canciones seguirán haciéndole compañía a alguien. Eso es para mí la vida eterna.