El Mundial del 78 aparece en 'Shock 1. El Cóndor y el Puma'. / LAURA ORTEGA

Tras el golpe viene el liberalismo

Teatro. El Cuyás acoge los días 21 y 22 de enero y por este orden 'Shock 1. El Cóndor y el Puma' y 'Shock 2. La tormenta y la guerra', dirigidos por Andrés Lima e inspirados en el libro de Naomi Klein.

Victoriano Suárez Álamo
VICTORIANO SUÁREZ ÁLAMO Las Palmas de Gran Canaria

Primero se abona el terreno. No hay fertilizante mejor que un golpe de Estado o una intervención militar para que las semillas germinen de forma abundante. El fruto que se quiere recolectar es un liberalismo lo más salvaje posible. Esta es la realidad que retrata en su libro 'La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre' (Ediciones Paidós), de la periodista canadiense Naomi Klein. Este volumen ha sido la fuente de inspiración para los montajes teatrales 'Shock 1. El Cóndor y el Puma' y 'Shock 2. La tormenta y la guerra', que dirigidos por el madrileño Andrés Lima desembarcan en el Teatro Cuyás de la capital grancanaria y por este orden, los días 21 y 22 de enero, a partir de las 19.30 horas.

Este actor y director, Premio Nacional de Teatro en 2019, rechaza que vivamos unos tiempos marcados por lo políticamente correcto, lo que le abrió el camino para embarcarse en este proyecto con una carga política evidente. «Veo desde hace tiempo un resurgimiento más a la derecha e incluso fascista, que son muy preocupantes. Más de la mitad de Europa ya cuenta con regímenes muy de ultraderecha. Me meto en este proyecto porque me apetece mucho y porque me parece que este mundo es un motivo de reflexión muy interesante. Sobre todo, saber de dónde venimos y en qué sistema estamos involucrados. Un buen día me llegó mi productor con 'La doctrina del Shock' de Naomi Klein. Yo estaba inmerso en un estudio de la sociedad capitalista partiendo de España y con la mirada puesta en todo Occidente. Vi en el libro un análisis preclaro, con el auge del neoliberalismo desde la Segunda Guerra Mundial hasta hoy, incluida la Guerra de Irak. Me propuse hacer un montaje del libro y en cuatro años hemos hecho dos. El primero llega hasta los años 80 y el segundo desde la revolución conservadora de Margaret Thatcher hasta la Guerra de Irak, con un epílogo que llega hasta la actualidad», avanza desde Madrid Andrés Lima.

En concreto, 'Shock 1. El Cóndor y el Puma' , que se alzó con los premios Max a la Mejor Dirección de Escena y al Mejor Diseño de Espacio Escénico, se desarrolla en torno a la primera parte del volumen de Naomi Klein, titulada 'La Nada es bella', que arranca sobre el escenario en los años 50 y culmina con el golpe de Estado en Chile.

Ewen Cameron, creador del electroshock, y Milton Friedman, premio Nobel e impulsor de la economía neoliberal en Estados Unidos, son los dos 'doctores' que dan lugar al shock. Sobre el escenario se desvela cómo se planificó, con la implicación norteamericana, el golpe de Estado de Pinochet, el desarrollo de la Operación Cóndor en Argentina y cómo tras la muerte de los impulsores y protagonistas de estos hechos sus teorías no solo perduran sino que siguen en activo y fortalecidas.

«El punto de partida son las teorías de Milton Friedman a través de la Universidad de Chicago, que son el neoliberalismo más duro. Después vemos los primeros experimentos para llevarlo a cabo a partir de la violencia, con un shock, en Latinoamérica. Primero con Allende y después con otros gobiernos, como el argentino. Una vez que el pueblo está en shock tras un golpe de Estado o una intervención militar se implementan las medidas neoliberales. Se mantuvo durante unos años y después la doctrina del shock pasa por distintos pasos, pero es férrea y cada vez que un presidente es muy conservador, sobre todo en Estados Unidos, se intenta aplicar de nuevo. Hasta con la intervención en Irak de Estados Unidos, donde España participó en la guerra. Eso me pareció un motivo muy grave para la reflexión. Ya no era mirar los toros desde la barrera sino estar implicado en una guerra que, a día de hoy, lleva más de un millón de muertos sobre sus espaldas. Te lleva a pensar si merece la pena pagar ese precio para mantener nuestros estatus, nuestro nivel de vida», se pregunta.

Como ya avanza el propio director, 'Shock 2. La tormenta y la guerra' arranca en los años 80, con la revolución conservadora que lideraron Ronald Reagan y Margaret Thatcher y que, según Naomi Klein y los responsables del montaje escénico, culmina con el gran shock que fue la Guerra de Irak. «El primer espectáculo es brutal y trágico, pero el segundo tiene mucha más violencia y muertos, por lo que es más oscuro. Y es que en cuanto entras en lo que ahora llaman la 'posverdad', que es como se denomina la mentira en política, todo sale adelante y nadie dice nada», explica.

Llevar a un terreno escénico este análisis y alejarse de ser un panfleto político no es sencillo. «Darle vida escénicamente al libro es muy complejo, pero a la vez es apasionante», dice Lima. Apostó por un largo proceso previo para gestar ambos montajes. «Lo que hicimos fue, durante año y medio antes de los ensayos oficiales, organizar unos talleres de investigación. Cada dos meses nos reuníamos el equipo técnico y artístico y reflexionábamos sobre el tema. Nos veíamos con gente que sabía mucho más que nosotros del tema y con personas que lo habían vivido. Estuvo con nosotros Juan Garcés, que fue la mano derecha de Salvador Allende, toda la familia de Patricio Guzmán, el documentalista de la batalla de Chile... Para 'Shock 2' hicimos lo mismo, con otro año y medio de investigación. Estuvo en esos talleres de investigación Olga Rodríguez, que trabajó en la investigación de la muerte de José Couso, también el periodista Jon Sistiaga que trabajaba con él, así como mujeres iraquíes que huyeron de Bagdad como refugiadas hasta llegar a España tras ocho años. Esto hizo que la complejidad del asunto se convirtiera en teatro, a través de improvisaciones con actores y dramaturgos. Sobre todo se logró un compromiso y una comprensión total».

Una escena de 'Shock 2'. / c7

Andrés Lima fue uno de los directores que participó en la iniciativa del Teatro de la Ciudad, cuyos espectáculos también recalaron en su momento en el Teatro Cuyás. «Llevo trabajando desde hace tiempo con esta filosofía y traté de llevarla al Teatro de la Ciudad. Para mí, es la manera de trabajar en equipo. Yo puedo pegarme años investigando una cosa para después representarla, pero si todo el equipo participa en ese proceso, lo que consigues es una obra de arte con otro calado», defiende.

No le importa cómo se etiqueten estos dos montajes. «Utilizo mucho del documental, tanto del reportaje periodístico como del audiovisual para la televisión. Al traducirlo al teatro hay dos elementos muy diferentes. Conviertes en ficción la realidad y creas una realidad paralela que hace que el público no solo se informe, sino que sienta esa realidad. Puedes estar allí y empatizar con lo que sucede. Es lo que le da excepcionalidad a este tipo de teatro. Para estos montajes, la tarea de los periodistas es fundamental. Nos hemos rodeado de algunos importantes que hacen un periodismo veraz y a veces muy arriesgado», subraya.

Antonio Durán 'Morris', Natalia Hernández, Esteban Meloni, María Morales, Paco Ochoa, Juan Vinuesa y Guillermo Toledo protagonizan 'Shock 1'. En el segundo montaje se incorporan Alba Molina y María Morales. «Me gusta profundizar en las cosas y siempre es mejor hacerlo con un equipo de confianza. En estos montajes hay gente con la que nunca había trabajado, pero son actores excepcionales. Los años te dan el olfato para saber qué actor que ves en un montaje será capaz de hacer cosas bonitas contigo. Son intérpretes muy camaleónicos y para mí era importante que tuvieran sentido de la comedia para retratar una tragedia», dice. Y es que el humor, aunque parezca difícil, tiene su peso. «La tragedia contemporánea tiene una dosis de cinismo que hace que te tomes a broma algunas cosas. Nadie lo sabe, pero si especulamos y representamos la tragedia griega tal y como se hacía, es posible que el público lo considerase grotesco y exagerado. En este caso, la vida real es tan grotesca y exagerada que a veces es bueno reírnos de nosotros mismos. Se distancia al espectador, se logra una mirada crítica, se sale del montaje y se entra en la emoción de la risa para después volver a entrar en la tragedia. No sé si es peor, porque si tras reírte un rato te metes en los bombardeos que hubo en Bagdag en la prisión de Abu Ghraib, todo es más hiriente», avanza quien ya trabaja en un proyecto de investigación de la Guerra Civil española para un futuro montaje.