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'Tomatito', en un momento del concierto. David W. Rauch
Tomatito presenta a su hijo en Nueva York

Tomatito presenta a su hijo en Nueva York

La 23 edición del festival de flamenco, dedicada a Paco de Lucía en el décimo aniversario de su muerte, invoca a los genios de su mano

Mercedes Gallego

Corresponsal. Nueva York

Sábado, 2 de marzo 2024, 20:43

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Había duende y magia el viernes por la noche en el Town Hall de Nueva York, cuando Tomatito y su grupo se subieron a un escenario mítico. Hacía casi seis años que el heredero de Paco de Lucía no tocaba en Estados Unidos. Esta vez venía acompañado de un músico muy especial, su hijo José del Tomate, de 26 años, para una ocasión muy especial: rendir homenaje a su maestro, Paco de Lucía, en el décimo aniversario de su muerte, y, de paso, «a todos los guitarristas del mundo», dedicó.

A esas alturas los asistentes que llenaron el teatro de Broadway para asistir a la apertura de la 23 edición del festival de Flamenco todavía pensaban que habían ido a ver un concierto. No sabían que estaban a punto de embarcarse en un viaje de emociones que los pondría a todos de pie mientras su alma flotaba aún con las notas de la guitarra.

Se habían unido todas las estrellas de la galaxia para la constelación. Sobre ese mismo escenario se había presentado en 1959 el primer recital de guitarra flamenca de la historia, a manos del maestro Sabicas, (considerado el impulsor de la internacionalización del flamenco, nacido como Agustín Castellón Campos). Su alma se hizo presente cuando el mítico guitarrista almeriense, que Paco de Lucía descubriese a los 15 años, invitó a tocar a dúo a su hijo en una pieza con la que recordaron «a los viejos de la familia, como el tío Miguel, y al maestro Sabicas ».

Se miraban el uno al otro con complicidad, sin quitarse la vista de encima, uno con esa sonrisa de padre orgulloso, y el otro, más serio y concentrado, pendiente de no perder puntada para no decepcionar a su progenitor. A Tomatito se le notaba suelto por la edad, que a sus 65 no ha hecho mella, como en otros cuerpos castigados del flamenco. Después de 18 años tocando para Camarón, se puede decir que conoció de cerca todos los demonios que acompañan al flamenco. Fue al infierno y volvió con vida, sin olvidar nunca a quienes le pusieron en el sendero de la fama. «Primero está Paco de Lucía, siempre en mayúsculas, y luego estamos todos los demás », dijo en una entrevista organizada por el festival antes de empezar esta mítica actuación, que se recordará en Nueva York para la posteridad.

The New York Times ya le ha definido hace mucho como el mejor guitarrista de flamenco vivo. Él agradecerá siempre a su maestro que le abriera las puertas de los mejores teatros del mundo, «en Japón o en América », enumeró. Para invocarlo, el viernes tocó La leyenda del tiempo, que nunca falla en hacerlo presente, y los inevitables acordes de Entre Dos Aguas.

Le acompañaban músicos de primera que sacudían al público con sus quejidos, y una bailaora que también puso de pie con un intenso zapateo que parecía no tener fin. Se trataba de otra histórica reencarnada, Karime Amaya, sobrina nieta de Carmen Amaya, cuyas piernas de acero desafiaban la vista y la razón cuando se arremangaba la bata de lunares negra sobre la falda roja de volantes.

Fue un estreno de lujo para la 23 edición del Festival de Flamenco en Nueva York que dirige Miguel Marín, un sevillano graduado en la Universidad de Nueva York, que ha convertido en la misión de su vida hacer de este festival de flamenco « uno de los principales eventos de danza de la ciudad», ha dicho The New York Times.

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