El actor Juan Diego Botto, en 'Una noche sin luna'. / Marcos G.

Toca dialogar con Lorca

Teatro. Juan Diego Botto escribe y protagoniza en solitario 'Una noche sin luna', que bajo la dirección de Sergio Peris-Mencheta llega al Cuyás el 9 y 10 de abril.

Victoriano Suárez Álamo
VICTORIANO SUÁREZ ÁLAMO Las Palmas de Gran Canaria

La noche en la que el fanatismo privó a la humanidad de uno de sus creadores más brillantes y lúcidos no había luna. Así describe Ian Gibson, el biógrafo lorquiano por excelencia, lo ocurrido cuando el genial artista andaluz fue fusilado junto al molino cercano a Viznar. Esta metáfora da título al espectáculo escrito y protagonizado en solitario por el actor Juan Diego Botto, que se representará los días 9 y 10 de abril, a partir de las 19.00 horas, en el teatro Cuyás de la capital grancanaria.

El espectador no se topará con un montaje sobre Federico García Lorca. Tendrá delante al propio autor de 'La casa de Bernarda Alba', que cobra vida en la piel de Botto y a través de reflexiones, conferencias, escritos y pasajes de sus propias obras.

«Lorca es un pretexto para que Juan hable de lo que quiere y sobre lo que ya habló en el montaje anterior. Se trata de los desaparecidos. Lorca es el desaparecido español más famoso. La persona más conocida que sigue enterrada en una cuneta en este país. El montaje habla de la justicia, de la memoria y de nuestra identidad, como pueblo y como signo de nuestra idiosincracia», explica Sergio Peris-Mencheta, que asume la dirección de este montaje escénico.

«El teatro es una misa pagana donde todo el mundo comulga sobre lo que está en el escenario», defiende el director y actor

Reconoce el también actor español que Juan Diego Botto «arrastra» estas cuestiones «por su padre, que fue uno de los desaparecidos durante la dictadura argentina».

'Una noche sin luna' esconde una sorpresa que se destapará en cuanto empiece la representación. «El Federico que nos encontramos no es el que figura en la memoria colectiva. No es un Federico con acento andaluz... No hay grabaciones de cómo hablaba, pero como era de Granada le atribuimos ese acento. Hemos imaginado a nuestro Lorca en los ensayos. Juan Diego en el texto ya mezcló conferencias y textos lorquianos con sus propias reflexiones tras ver que todo ese material sigue siendo contemporáneo. En un momento dado le tuve que decir que me subrayase lo que era suyo y lo que pertenecía a Federico, porque era difícil de diferenciar. Para mí, ahí radica uno de los grandes valores de la función, que consiste en no saber diferenciar cuándo habla cada uno», avanza Peris-Mencheta tras lo que desvela una de las claves de esta producción.

«El Federico que dibujamos es el que nace en cada función, porque el público es muy partícipe. La obra no es un monólogo, es un diálogo. Ese Federico depende del público en cada función. El texto es un pretexto para hablar del contexto. En este caso, Federico es un pretexto maravilloso para hablar de las cunetas, de la justicia y de que se repare el dolor de muchos abuelos y abuelas que siguen arañando la tierra para poder reencontrarse con sus padres», explica.

Sobre la vigencia de los distintos aspectos que sobrevuelan en 'Una noche sin luna', su director se muestra claro: «Vivimos un momento de auge de las derechas que es muy parecido al de finales de los años veinte y principios de los treinta del pasado siglo. El olor a pólvora tiene algo muy interesante para mirar atrás, sobre todo porque no ha pasado tanto tiempo. Fue el otro día como el que dice... y se trata de nuestros abuelos».

Destaca lo complejo que resulta para Juan Diego Botto sostener toda la obra en solitario sobre sus hombros. «Es un reto brutal establecer un diálogo con el espectador, durante una hora y cuarenta minutos y en solitario. El pulso del público es tan variable... hemos hecho bolos por el Sur de España, por el Norte, en Castilla-La Mancha y los públicos y la manera de reaccionar y participar varía mucho. Al final lo que sí que está pasando es que el público se pone siempre en pie. Algo que solo me ha pasado con 'Un trozo invisible de este mundo'. Está claro que Juan le tiene cogida la medida a lo que el público necesita escuchar», subraya Sergio Peris-Mencheta.

Reconoce que esa implicación del público no se sustenta en una misma ideología política con el responsable de la obra. «Juan no hace panfletos, no hace cosas reivindicativas, sino que habla de lo humano. Recuerdo una función en Valencia de 'Un trozo invisible de este mundo'. Cuando acabó, el primero en ponerse en pie fue Esteban González Pons. Fue en 2012 o 2013. No sé si se sintió aludido, porque el montaje tenía alusiones directas e indirectas, pero lo que sí que está claro es que el montaje le llegó, le tocó de lleno», asegura.

En este punto, reivindica lo que considera una máxima teatral. «Está la famosa catarsis sanadora, que es la piedra angular del teatro. Si la obra no provoca una conexión, una empatía, un darse cuenta de algo... es un teatro que me interesa menos. Tienes que salir transformado tras ver el montaje», defiende. «El teatro es un misa pagana donde todo el mundo comulga sobre lo que ocurre en escena y si lo hacemos, durante ese ratito, a lo mejor, nos odiamos un poco menos y estamos menos polarizados por ese ansia de identificarse con unos colores concretos», añade.

Desde el corazón

Desde su punto de vista, existen dos medios para romper la distancia con el espectador. «Hay dos maneras de abrir el corazón para que pase el mensaje. En el teatro, el mensaje no va solo al cerebro, va al corazón... si no, no funciona. Se puede lograr con la risa y también con el amor, no con el dolor. Lo que te remueve tiene que ver con la parte más amorosa de cada uno, con lo que te ablanda, lo que te hace poner conciencia al presente. Esta función tiene entretenimiento. Sube al público en una ola a través de la comedia, de la parte más divertida y luminosa de Federico y que también tiene Juan, de contar cuentos. Botto es un gran relatador. Pero también se mete en vericuetos y cuando te das cuenta ya estás en el meollo del asunto. Cada vez que veo la obra le digo que es un tobogán y cuando te das cuenta, ya se ha acabado la función. Depende de si el público se identifica con lo que hay sobre el escenario. Si no lo hace, has fracasado, cuentes lo que cuentes», concluye.

Reconoce que Botto y él son amigos de hace años, pero a la hora de trabajar en un montaje, tienen muy clara la vía a seguir. «Juan es un hombre de teatro, los dos somos del 75, nos entendemos muy bien, hemos visto los mismos dibujos animados de niños y contamos con un universo imaginario parecido. Él es más intelectual y yo soy más jugón y emocional. Y cuando nos ponemos a ensayar, el autor se queda fuera de la sala. El que manda soy yo y él se pone al servicio y confía mucho. Sabemos disociar muy bien entre el amigo, el director, el autor y el actor. Me costó convencerle para que esta función fuera un monólogo. Él estaba empeñado en que no, que contara con más actores y con músicos. No se imaginaba que lo pudiera hacer él solo. Yo solo lo imaginaba con él. Me costó convencerlo tres años, porque el proyecto lleva cinco en su cabeza. La batalla la ganamos los dos», rememora.

Sergio Peris-Mencheta confía en que tras la pandemia, el teatro salga reforzado, porque el público tiene ganas de volver a los recintos escénicos. Pero tiene claro que antes se quedarán en el camino muchas compañías y productoras.

«El teatro es una militancia, más allá de la política personal. No te ganas la vida haciendo teatro, porque es extremadamente frágil y no puedes apostarlo todo con él. No ganas dinero. Pero si no lo haces, te mueres de pena. En mi caso y Juan Diego también, trabajar en Estados Unidos como actores nos da de comer y el teatro me da vida. Gracias a eso podemos contar las historias que queremos y no las que creemos que van a funcionar», apunta quien está afincado en el gigante norteamericano con su familia y participa en la serie 'Snowfall'.