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Vista del aljibe convertido en sala para exponer la colección de retratos de niños.
El tesoro escondido en Mallorca

El tesoro escondido en Mallorca

Sa Bassa Blanca. Ben Jakober y Yannick Vu, que llegaron a la isla con la ola bohemia de los 60, han construido un museo de arte clásico al que suelen acudir Michael Douglas y Yoko Ono

Sábado, 16 de julio 2022, 23:30

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La idea de convertir en museo su casa en la bahía de Alcudia surgió en 1994. Pero su origen es anterior. Se remonta a la época en que los jóvenes bohemios de Europa y Norteamérica se sintieron atraídos por una isla en la que se habían asentado escritores como el británico Robert Graves, el autor de 'Yo, Claudio', quien recibía a amigos suyos como Ava Gardner. Mallorca ofrecía sosiego y belleza, montañas y vistas marinas, un territorio por descubrir propicio para construir paraísos particulares.

Yannick Vu (Montfort-L'Amaury, Francia, 1942) y Ben Yakober (Viena, 1930) materializaron el suyo, abierto al público desde 2006 como el Museo Sa Bassa Blanca, con una singular colección de arte clásico especializada en imágenes de niños y obras de creadores contemporáneos como Louise Bourgeois, James Turrell, Meret Oppenheim y Miquel Barceló, además de sus propias esculturas.

A principios de los sesenta, llegó a la isla Vu con su marido, el artista Massimiliano Gnoli. En 1965 compraron S'Estaca, la casa que vendieron años más tarde a su amigo el actor Michael Douglas. Yakober vivía en Londres, ciudad a la que había llegado su familia huyendo del Holocausto. Trabajaba en el banco de inversión Rothschild y conocía Gnoli porque este diseñaba los decorados para The Old Vic, el mítico teatro londinense.

En 1968, dejó las finanzas y se fue a vivir a Mallorca. Gnoli murió de un cáncer en 1970, a los 36 años, y Vu y Jakober viajaron a Níger para rodar una película. El exbanquero contrajo paludismo y ella le cuidó hasta que se recuperó.

Dos años después se casaron y empezaron su colección con 'Retrato de una niña con cereza', del que Vu se había enamorado al verlo en una mercería de Palma. El propietario no quería desprenderse del cuadro, pero Yakober consiguió que lo hiciera a través de un anticuario que conocía. Fue su regalo de bodas y el primer lienzo de un colección de cuadros de niños, que incluye obras de Antonio Carnicero, Juan Carreño de Miranda y Frans Pourbus El Joven, entre otros muchos artistas.

El vínculo con Marruecos

Han pasado las once de la mañana y los primeros visitantes a Sa Massa Blanca empiezan a aparecer por la zona de acogida. Yakober les saluda sentado en la terraza del Café La Paloma, en la que también sirven comidas, como ensaladas con productos de la huerta del museo.

Se define como «coleccionista hasta la muerte o hasta la ruina» e insiste en que su fundación, de carácter privado, «no tiene fines familiares» y que cuando ellos «no estén» se hará cargo el patronato, en que ahora figuran empresarios mallorquines como Sebastián Escarrer, uno de los propietarios de Hoteles Sol Meliá, o el poeta y crítico de arte Enrique Juncosa. Cuentan con un 35% de autofinanciación por entradas y tienda, y el resto procede de donaciones y de los encargos de esculturas a Jakober y Vu, ellos mismos artistas, que participaron en la Bienal de Venecia de 1993.

Al museo acuden cada año, en circunstancias normales, unos 20.000 visitantes. El 65% son alemanes, el 20% mallorquines, el 5% del resto de España y aproximadamente el 10% restante de otras nacionalidades. Creen que tienen potencial para llegar hasta los 50.000 y que las posibilidades del aumento dependen de que los españoles conozcan este museo que propicia el diálogo multicultural a través del arte, con una asombrosa colección de artistas contemporáneos de Marruecos -Jakober y Vu viven en Marrakech una parte del año- y con un jardín de rosas con hasta cien variedades de rosas dentro de una enorme finca que incluye la casa que compraron en la primera mitad de los setenta, y que el arquitecto egipcio Hassan Fathy (1900-1989) amplió y reinterpretó con aires moriscos.

El patio de la casa.
El patio de la casa.

Fathy era conocido por su diseño de la aldea Nueva Gourna, construida mediante técnicas tradicionales y sostenibles cerca de Luxor, que él popularizó en su libro 'Arquitectura para pobres'. Sa Bassa Blanca se reconstruyó utilizando métodos similares y con puertas antiguas rescatadas del norte de España.

Infantes y madres

«Llamé a la revista 'Architecture Aujourd'hui' para que me dieran su contacto y justo en ese momento Hassan estaba allí de visita. Me lo pusieron al teléfono y ahí empezó nuestra colaboración», recuerda Jakober, justo antes de ofrecerse como guía del museo a bordo de un carro de golf.

La primera parada es en el aljibe, antiguo depósito de aceite bajo tierra reconstruido como una galería donde se expone una selección de los más de 160 cuadros de niños fechados entre los siglos XVI y XIX y colgados en unos paredes pintadas con pigmentos naturales, según las indicaciones del escenógrafo Robert Carsen, y pertenecientes en su mayoría a las familias reales europeas,

«Se mandaban los cuadros entre ellas para los casamientos», explica Jakober. Los enlaces estaban pensados para cruzar dinastías y ampliar el radio de poder. Como no se conocían, los retratos servían como foto de presentación. En un óleo de Francisco Ignacio Ruiz de la Iglesia aparece Margarita María de Austria, que incluyó su primo Diego de Velázquez en 'Las meninas'. A poca distancia cuelga el retrato de Juan Carreño de Miranda de su hermano, el que fuera rey con el nombre Carlos II 'El Hechizado'. «Nadie lo quería en la subasta porque era muy feo», recuerda Jakober.

«Eran niños destinados a gobernar», incide Vu. «Y en esta colección, aunque no aparezcan, está el recuerdo de sus madres, reproductoras del derecho divino con el que estaban investidos los infantes, y a las que despreciaban sus maridos favoreciendo a sus amantes», explica.

Una vez fuera del Aljibe, la visita sigue por el amplio jardín de esculturas, en el que se encuentra 'El árbol de los deseos' de Yoko Ono, la artista del movimiento Fluxus y viuda de John Lennon, gran amiga de la pareja. En el transcurso del recorrido, van apareciendo esculturas de Vu y Jakobsen de un gato egipcio, de un elefante de Persia y perros chinos, muestra del cruce de naturaleza y culturas.

El camino conduce al huerto en el que Yannik Vu ha plantado judías, tomates, berenjenas, calabacines y acelgas, y al jardín de rosas. Cerca se halla la sala Sokatres, también subterránea, con una selección de los fondos de arte contemporáneo presidida por una cortina tejida con 10.000 cristales de Svarovski, familia que también suele pasarse por Sa Bassa Blanca. Justo por delante, se sitúa un esqueleto fosilizado de un rinoceronte del Pleistoceno hallado en Siberia.

Jakober enseña con orgullo el cuadro 'El pintor delante de su tela' del mallorquín de Felanitx Miquel Barceló, próximo a un pequeño retrato de Francis Bacon. En Sokatres figuran los nombres que cualquier coleccionista de arte quisiera tener, el atrevido Maurizio Cattelan, Louise Bourgeois, Michelangelo Pistoletto y James Turrell con una de sus sorprendentes obras hechas con luz, además de la alemana Rebecca Horn, vecina de Pollença.

Hay otras artistas de otras latitudes cuya obra compraron hace tiempo y que ahora se están revalorizando, como la aborigen australiana Sally Gabori (1924-2015), que próximamente tendrá una retrospectiva en la Fundación Cartier de París.

Las obras de artistas africanos hechas con estropajos metálicos, cepillos de dientes y tapones de plástico, que denuncian el calentamiento global. Un aviso de que paraísos como el de Sa Massa Blanca también están amenazados.

El arte africano, la colección de sillas y la obra de Vu Cao Dam

La visita continúa por las habitaciones del edificio encalado de Hassan Fathy, con sus divanes y sus cojines marroquíes; también con cuadros de gran formato, de formas expresionistas y colores vivos. «Son artistas que no están profesionalizados y que lo hacen con una pasión muy fuerte. Hace unos meses estuvo Jay Jopling (galerista de Damien Hirst y Tracey Emin, entre otros), y me preguntó por uno de los pintores para ficharlo. Desgraciadamente, ya está muerto», comenta Ben Yakober.

A la perspectiva de diálogo entre culturas de la colección se une la propia experiencia de la pareja, que ahora vive parte del año en Marraquech y que continúan allí su actividad coleccionista. Además de Marruecos, Senegal, Mozambique y Guinea Ecuatorial son algunos de los países representados en la casa, que también se conserva un traje de chamán de Mali. A los surrealistas, como André Breton, y a Picasso les encantaba el arte africano.

El edificio tiene ascensor para comunicarse entre las distintas plantas. En uno de los amplios cuartos se muestran ejemplares de sillas que han dejado huella en la historia del diseño, como la roja y azul realizada por Gerrit T. Rietveld en 1918, que se sigue fabricando, o la Wiggle de cartón de Frank O. Gehry.

En uno de los rincones más emotivos se muestra la obra de Vu Cao Dam, uno de los principales artistas del Vietnam moderno y padre de Yannick. Se fue en los años treinta a París con una beca y no volvió a su país. Yannick se resistía a ir a Vietnam hasta que su marido le convenció de que tenía que conocer sus orígenes. No le gustó. Muy poca -o nula- libertad para quien había vivido la bohemia de Mallorca desde los 20 años.

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