El profesor Francisco José García, durante la presentación de esta mañana. / Antonio Vázquez

El templo de Hércules gaditano sería mayor de lo que se creía

Un amplio estudio de Junta de Andalucía, Universidad de Sevilla y CSIC establece que el recinto dedicado al mito romano o su antecesor Melkart fue un complejo portuario que abarcaba de Sancti Petri a Camposoto, en San Fernando

P. L. G. Cádiz

Los mitos y la ciencia casan mal. Las leyendas y los datos suelen chocar. Hay una realidad incuestionable: Hércules (o Melkart, su predecesor en otras civilizaciones) estuvo allí. Otra cosa es establecer si Hércules existió, si sólo es una invención, una deidad con la que saltar sobre miedos y olas. Pero viviera o no, anduviera con leones o separase, o no, África de Europa sólo con unos bíceps de ensueño, como columnas marmóreas, el hecho es que tuvo una construcción dedicada a su figura frente a la costa de Cádiz.

Según informa lavozdigital.es, la clave es conocer su ubicación exacta, su extensión completa. Unos nuevos descubrimientos indican que estuvo algo más al Norte de lo que se creía y que tuvo en su honor casi una ciudad, todo un complejo portuario de la época (siglos III a I antes de Cristo).

El hallazgo «muy importante» según la delegada de Cultura de la Junta en Cádiz, Mercedes Colombo, establece que el entorno en el que se ubica el legendario templo de Hércules, Melkart, es mucho mayor, mucho más amplio, hasta abarcar dos términos municipales. Hasta ahora se ubicaba alrededor del, también mitológico, islote de Sancti Petri, en término de Chiclana.

Sin embargo, este nuevo estudio, aún en ciernes, elaborado por el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico, la Universidad de Sevilla y el Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) empieza a dejar claro que ese hogar del dios de los leones, este barbudo con poca ropa y mucha fibra que puebla escudos (el de Cádiz, el de Andalucía, equipos de fútbol...), el que forma parte de la esencia idealizada de la provincia, de toda la comunidad autónoma, fue mayor y se extiende más al Norte, hacia la playa de Camposoto en San Fernando.

Grandes estructuras

«Hemos encontrado indicios muy razonables, restos, la mayoría subacuáticos, que nos hacen pensar en la existencia de estructuras grandes, incluso de edificaciones, espigones y posibles dársenas, entre Sancti Petri y Camposoto», es decir, entre Chiclana y San Fernando, respectivamente, y no en el primero de los términos como se conocía hasta ahora. Francisco José García, responsable de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Sevilla era el encargado, esta mañana, de tratar de dar forma a un hallazgo asombroso, aunque templado por la prudencia científica.

«Somos muy reacios a la arqueología espectáculo que ha proliferado en estos últimos años, pero creemos que estos hallazgos son espectaculares», resumía en una aparente contradicción. El profesor atribuye este avance a una «exquisita coordinación, a la diligencia, a la discreción» que ha presidido los últimos años de trabajo -quedan muchos más- entre Junta de Andalucía, Universidad de Sevilla y Gobierno (CSIC). Además de las buenas prácticas, los avances tecnológicos también han permitido descubrir nuevos indicios hasta ahora intuidos, nunca demostrados.

Juan José Primo ha detallado un sinfín de trabajos arqueológicos en la zona, desde trabajos a principios de siglo XX hasta descubrimientos en los años 70, sondeos en los 80, dragados, hasta voladuras de rocas, acabando en un máster en 2017, todo salpicado con un rosario de apariciones de restos, bien objetos, bien construcciones. Pero esa larga fila de conocimientos parciales se han visto reforzados por la tecnología.

Un nuevo software ha permitido descubrir lo que parecen «indicios, una conjetura» más al Norte, alrededor de la llamada Punta del Boquerón. En ese lugar, las imágenes superpuestas y tratadas de forma digital permiten como «conclusión preliminar» establecer que había grandes estructuras, hasta una de 130x150 metros, con espigones y amarradores, que extenderían lo que se consideraba hasta ahora templo de Hércules-Melkart (según se hable de época romana o púnica) hasta Camposoto, de Chiclana hasta San Fernando. La existencia de un «puerto interior» en la desembocadura del caño de Sancti Petri daría otro refuerzo a esta teoría que habrá de ser corroborada con «mucho trabajo en los próximos años».

Las fuentes

«Lo que tenemos casa con la tradición, casa con todas las fuentes clásicas, con la bibliografía existente». Lo que se ha encontrado, lo que dice el suelo milenario y el último programa informático encajan perfectamente con lo que dejaron escrito Estrabón, Silio Itálico y Filóstrato. Hablaban de mareas enormes que dejaban los barcos sin agua, de que Gades y Gadir eran una columna y la otra, al otro lado, África. De marineros esperando que volviera el agua para levantar sus barcos, de un templo soberbio al que tomaban medidas sin cesar.

En suma, la ciencia viene a dar la razón a la leyenda. Los datos, los hallazgos, vienen a reforzar los mitos. Que Hércules, o Melkart, estuvo allí. Que su casa era más grande de lo previsto, que tenía puerto y vistas al mar, tenía de todo. Que llegaba hasta Camposoto (incluso hasta el borde mismo de lo que hoy es un gran cuartel militar). Existiera o no el dios, existió su templo, era enorme y estuvo en un tramo de esa costa mágica que une Doñana con Estrecho. Otro día habrá que hablar de si existieron la Atlántida, Camarón o Mágico González. Los mitos, de uno en uno.