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Leo di Bari (a la izquierda) y Xavo Giménez protagonizan el montaje 'Espaldas de Plata'. C7
«Vivimos en la era del puritanismo 'cool', de la nueva censura»

Entrevista a Xavo Giménez, director, dramaturgo y actor

«Vivimos en la era del puritanismo 'cool', de la nueva censura»

Escribe, dirige y coprotagoniza con Leo di Bari la obra de teatro 'Espaldas de Plata', que este viernes se representa en el Teatro Pérez Galdós

P.M.

Las Palmas de Gran Canaria

Viernes, 2 de febrero 2024, 01:00

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La obra de teatro 'Espaldas de plata' llega al Teatro Pérez Galdós este viernes, 2 de febrero, a las 20.00 horas, con una narrativa que indaga en el universo de la política, la corrupción y la intrincada relación con la publicidad. El montaje también habla sobre las miserias humanas y de cómo nuestras decisiones cotidianas influyen y repercuten en el resto del mundo.

-Algún crítico ha definido 'Espaldas de Plata' como un alegato de la sociedad actual. ¿Eso asusta o ya es algo que está más que asumido?

-Creo que esa es la definición en sí del teatro. Si no es un alegato a la sociedad en la que habita, no sé cuál es el sentido del teatro. El teatro es un eco de lo que le rodea. Lo único que intentamos hacer desde la compañía es prestar atención a esa voz del día a día y sumarla a nuestras obras. En el caso de 'Espaldas de Plata', sucede exactamente eso. En esta obra puede que se vea con más rotundidad ya que se habla de algo que nos afecta a todos. ¿Dónde dejamos nuestros ideales cuando hay que llevarse el pan a la boca? ¿Quién no ha mirado para otro lado para no verse manchado por la crueldad del mundo? Fontana, un creativo publicitario, se ve empujado a aceptar algo que detesta, a cumplir unas órdenes que él nunca daría. Unas órdenes que vienen de Llopis, un director de una agencia de publicidad en horas bajas. Fontana comete el imperdonable error de traicionar sus principios y cuando decide reconducir la situación ya no hay marcha atrás.

«Si no es un alegato a la sociedad en la que habita, no sé cuál es el sentido del teatro, porque es un eco de lo que le rodea»

-¿Todo el mundo tiene un precio y en los momentos que vivimos esa frase está más vigente que nunca?

-Planteado así suena como que somos unos vendidos, y en cierto modo lo somos, pero con un grado alto de inconsciencia. Los personajes de 'Espaldas de Plata' no piden un precio por librar sus discretas batallas, no exigen unos mínimos para pasar por el aro. Simplemente no les queda otra opción. O pasan por el aro o se quedan fuera del reparto de cartas. Creo que vivimos en un mercado vital que nos empuja a aceptar las reglas sin ni siquiera pensar en el precio. No lo hacemos por unos mínimos o unos máximos. Lo hacemos por pura supervivencia. Y en el mundo de la cultura más aún. La gente quiere divertimento, ser feliz continuamente como decía Bradbury. Y nosotros, lamentablemente, estamos ahí para hacerlo posible.

-La relación que tiene usted con su compañero Leo di Bari sobre el escenario es pura química. Que además sean amigos, ¿ayuda a que la obra vaya sola?

-Con Leo hay una hermandad. Entendemos el teatro desde el mismo lugar. El oficio de la mirada. La comedia desde el drama. Nos gustan las mismas marcas de vino barato y los dos tomamos mate. A él le da miedo volar y a mi subirme a un barco. Nos compenetramos a la perfección y por qué no, nos necesitamos. Además Leo viene del teatro latinoamericano, del teatro argentino, del que soy un absoluto admirador. María Cárdenas, la otra parte de la compañía de La Teta (y mi mujer) también es argentina. A veces no sé si somos más una compañía porteña o valenciana.

-¿Por qué nadie debería perderse 'Espaldas de Plata'?

- A unos les diría que porque lo van a pasar bien y se van a echar unas risas. A otros porque van a sentir vergüenza de sí mismos. Hay algo de espejo en 'Espaldas...' Pero de espejo de mañanas. No de antes de salir a cenar. Un espejo antipático. Pero no creo que sea una obra necesaria, vital, que no haya que perderse. Estoy harto de esa etiqueta de «teatro necesario». Cuando leo eso me da la sensación de que hay obras que no lo son. Es una buena obra. Leo y yo la amamos. Eso es. Eso les diría a la gente; venid a ver un acto de amor.

-Autor, director e intérprete. ¿Cuántas veces se ha echado la culpa por haber cometido algún fallo en alguna de las disciplinas?

- Yo vivo en un error. Creo que de eso se trata este oficio. De adentrarse en terrenos inciertos, de chapotear, de buscar sin encontrar. El gran error que cometo una y otra vez es el de creer que estoy en lo cierto. Pero no me culpo por ello. Doy gracias a las equivocaciones. El día que sepa lo que hago empezaré a repetirme. Tal vez por eso sea director, actor o autor. Porque no tengo muy claro aún qué soy y qué hago aquí.

«Vivimos en un mercado vital que nos empuja a aceptar las reglas sin ni siquiera pensar en el precio»

-¿Qué supone para ustedes actuar en el Teatro Pérez Galdós?

-Llevamos intentando venir . Por culpa de la pandemia tuvimos que cancelar un viaje que ya estaba cerrado a este mismo teatro. Es nuestra primera vez en el archipiélago y estamos ansiosos de ver la respuesta, de subirnos al escenario y de colgarnos de nuestras lianas.

-¿En qué proyectos está metida la Teta Calva en la actualidad?

-Llevamos tres años sin presentar nada. Hemos estado en el dique seco una temporada. Sin ideas, sin ganas, sin un horizonte claro. Pero ha llegado el momento de creer de nuevo. Con María y Leo hemos empezado los ensayos de algo que no sabemos dónde llegará y que de momento lleva por título 'Tributo'. Lo estrenamos en diciembre en Valencia, en la Sala Círculo, en nuestro barrio. Una historia sobre un grupo de rock que vive atascado en su local de ensayo y ve una salida. Es un 'tributo' a nosotros mismos como compañía. Un homenaje a ese lugar incierto y sagrado que es el local de ensayo pero desde la música punk rock. El otro proyecto es una versión unipersonal de la novela 'Fahrenheit 451' de Ray Bradbury, que antes he citado. La historia de Montag, ese bombero que quema libros hasta que un día abre uno y entonces el que se quema por dentro es él. La vigencia de las distopías de Bradbury son arrolladoras y en el caso de 451, más aún. Vivimos en la era del puritanismo 'cool', de la nueva censura, de la vieja autocensura. La comedia aterra más que antes. Las programaciones de los teatros, que estamos viendo constantemente, se ven maniatadas por esos políticos incendiarios e ignorantes que saben que la cultura provoca ignición. Para destruir una cultura no es necesario quemar libros, simplemente hay que conseguir que la gente deje de leerlos. Otra vez cito a Bradbury. Ya hice un monólogo hace mucho, 'Llopis'. Ahora vuelvo al formato pequeño. Al cara a cara con el espectador para contar este libro antes de que lo quemen.

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