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Joan Carreras, en una escena de 'Historia de un jabalí (o algo de Ricardo)'. Joan Carreras, en un momento del montaje. C7
Canto de amor al teatro por un tipo que desafina

Canto de amor al teatro por un tipo que desafina

Joan Carreras logró el Premio Max al mejor actor por 'Historia de un jabalí (o algo de Ricardo)', que este domingo protagoniza en solitario en el Teatro Guiniguada

Victoriano Suárez Álamo

Las Palmas de Gran Canaria

Domingo, 9 de julio 2023, 02:00

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Un actor que se enfrenta al reto de dar vida sobre un escenario a Ricardo III, el cruel monarca que protagoniza una de las tragedias más celebradas de William Shakespeare, no tiene nada de especial. Pero lo que podría ser una anécdota baladí se convierte en «una bendita locura», según el actor Joan Carreras, tras ser tamizado en la mente del dramaturgo y director uruguayo Gabriel Calderón. El resultado es el monólogo 'Historia de un jabalí (o algo de Ricardo'), montaje que este domingo, a partir de las 20.00 horas, despide su minigira por Tenerife y Gran Canaria, con una última función en el Teatro Guiniguada.

«Si algún día me convierto en algo así, apaga la luz y vámonos», confiesa entre risas Joan Carreras sobre el personaje, que se llama como él, y al que da vida sobre el escenario en este montaje. «Este Joan Carreras alternativo, que curiosamente se llama Joan Carreras, es muy ambicioso, algo misógino, clasista... tiene un poco de todo. Es un tío muy duro, lleno de ambiciones y que, a medida que avanza el monólogo, se va convirtiendo en Ricardo III. No deja de ser un tío que ama el teatro por encima de todo y todos, como Ricardo III quería el poder contra todo y contra todos», explica el actor que se hizo con el Premio Max gracias a este montaje que programa el Gobierno de Canarias.

El teatro, reconoce de nuevo entre risas, es el único nexo entre el Joan Carreras real y el que da nombre al protagonista de 'Historia de un jabalí (o algo de Ricardo)'. «Nos une el amor irremediable y a veces totalmente vocacional que tenemos hacia este trabajo. Sus medios y maneras son terribles, pero no deja de ser un tío que ha luchado para tener lo que tiene. Al final, acaba sintiéndose solo, como Ricardo III en el campo de batalla», apunta en referencia al personaje histórico que inspiró al Bardo de Avon.

Multipersonajes

«Mi personaje siempre está quejándose de que todo funciona mal. Se queja del director, de los productores, del resto de actores, del teatro en sí. Decide que nadie es suficientemente competente para hacer los personajes y por eso los acaba haciendo todos él. Hace incluso las tres reinas, Lady Margaret, Lady Anne y la reina de Gloucester, la madre de Ricardo. Son muchas las voces que hablan en la hora y diez minutos que dura la obra», reconoce el actor catalán.

Joan Carreras, durante el monólogo.
Joan Carreras, durante el monólogo. C7

Destaca que el espectador se topará con un montaje nada complejo, desde un punto de vista escénico. «Es sencillo en las maneras. El espacio es como un trocito de una escenografía de un teatro antiguo, en el que un actor nos va a contar su vida y sus periplos. Y cómo encara y encarna a Ricardo III. No deja de ser un canto apasionado al teatro, cantado por un tipo que desafina muchísimo», apunta con ironía. La misma, junto con un humor muy negro, que destina en varios pasajes la propia obra de Gabriel Calderón.

«La obra está llena de humor, con un humor con muy mala leche. A mí, estos personajes tan descaradamente ambiciosos y tan duros me hacen gracia. Llega un momento en el que se ceba con todo el mundo y no deja títere con cabeza. Es divertido, porque en el fondo no lo puede evitar. Es que es así», señala.

El actor Joan Carrera participó hace años en un montaje de 'Ricardo III', pero en aquella ocasión dio vida al personaje de Buckingham. «Es una obra que se va repitiendo y versionando a menudo, porque Ricardo III es un personaje fascinante. Lo disfrutas mucho cuando lo haces. Al menos yo, porque para ser buenas personas ya tenemos la vida. Desgranarse a través de personajes de este tipo es un placer», confiesa.

Hasta esta producción, Joan Carreras no se había embarcado en un monólogo. Reconoce que es un reto mayúsculo, ya que sobre el escenario no cuenta con apoyos. Está solo ante el peligro. «Una vez que estoy sobre el escenario, me lo paso súper bien. Antes, siempre están los nervios. Este año, que estoy haciendo obras más convencionales y con compañeros cerca, el teatro resulta más placentero. Hacer un monólogo es un reto mayúsculo y este monólogo lo es aún más, porque no es uno al uso. No sabes en qué tiempo estás, ni a quién se dirige, ni cómo se dirige.... Está lleno de matices y colores. Uno lo hace con toda la dignidad posible y respirándolo todo lo mejor que soy capaz. Como sé que tengo algo muy bonito que enseñar, he ido aprendiendo a disfrutarlo», explica sobre un montaje que lleva protagonizando tres años, tanto en castellano como en catalán.

Gabriel Calderón

Si el texto se sale de los moldes habituales, cómo aterrizó en las manos de su protagonista tampoco fue convencional. «Fue a través de Bitò Producciones, una productora de Cataluña. Conocían a Gabriel Calderón, porque él había trabajado en el Teatro Nacional de Cataluña. Se pusieron en contacto conmigo con este montaje que es una bendita locura, con un montón de géneros y múltiples voces. Una vez que conocí a Gabriel Calderón, ya me decidí. Es un tío maravilloso con una gran capacidad de humor y amor».

Sigue con su valoración del dramaturgo y director que estrenó en el Teatro Pérez Galdós su texto 'Clara y el abismo', de la mano de la empresa canaria Unahoramenos. «Gabriel Calderón es uno de esos regalos que te da la vida en forma de ser humano. Tiene una capacidad y una inteligencia teatral enormes. Tiene un gran talento no solo como dramaturgo, ya que es quien escribe el texto, sino a nivel de capacidad para dirigir a los actores. Es tan bueno porque no es dogmático ni cuenta con unas reglas clarísimas. Juega con las reglas que tiene delante. En este caso, llegó a Barcelona, se encontró con un actor al que conoció en un bar. Empezamos a hablar del Barça y de la selección de fútbol de Uruguay y de tonterías. Nos echamos unas risas y ahí empezó todo. Y sigue siendo igual, siempre desde el humor y el amor. Lo que me duele es que viva tan lejos, que haya tanta agua de por medio. Ahora está al frente del Teatro Nacional de Montevideo y eso lo tiene un poco atado. En cuanto se desate, segurísimo que vuelve a España», vaticina Joan Carreras.

El dramaturgo y director uruguayo Gabriel Calderón, en Gran Canaria.
El dramaturgo y director uruguayo Gabriel Calderón, en Gran Canaria. Cober

Reconoce que ni él ni Gabriel Calderón son futboleros, pero el deporte más universal acabó saliendo en muchos momentos mientras pergeñaban 'Historia de un jabalí (o algo de Ricardo)'. «Nos reíamos de eso y utilizábamos a veces algoritmos fubolísticos para hablar de teatro. Gabriel lo baja todo al suelo y eso es maravilloso. Es como los grandes jugadores, que siempre bajan el balón al suelo. Vive en un presente muy claro y trabaja desde ese presente todo el teatro», destaca con admiración.

Un ejemplo futbolístico le viene de nuevo a la mente a Joan Carreras cuando explica lo que siente cuando actúa. «A Mascherano, el que fuera jugador del Barcelona, recuerdo que le preguntaron si cuando jugaba al fútbol era feliz. Respondió que él era feliz cuando pasaba el tiempo con su familia y amigos. Cuando jugaba, estaba concentrado. En el escenario, yo soy igual. Estoy concentrado, pero me lo paso bien con el público, sobre todo cuando se trata de textos como este monólogos, donde no existe una cuarta pared y todo está destinado a ser escuchado», destaca quien no actuaba sobre un escenario grancanario desde que protagonizó '2666', adaptación de la novela de Roberto Bolaño, que se representó en el Teatro Cuyás, en 2008. Vuelve esta noche convertido en un desbocado jabalí escénico y político.

Atraer a los jóvenes

Joan Carreras (Barcelona, 1973) cuenta con una amplia trayectoria profesional escénica, erigida en montajes a las órdenes de directores como Àlex Rigola, Ferran Madico, Magda Puyo, Rosa Novell, Carlota Subirós y Xaber Albertí y Lluïsa Cunillé, entre otros.

Este camino le otorga una perspectiva fiable para analizar el momento escénico actual tras la pandemia de la covid-19. «Los del teatro nunca hemos sido normales. Hay que tener en cuenta que no somos un país en el que la gente vaya al teatro. Cada vez creo que viene más gente. Todos somos corresponsables, los actores, los directores, los dramaturgos y los periodistas. Justo después de la pandemia, la gente lo que quería era estar en la calle, viajar y tomar Gin Tonics. Era normal. Pero este año, al menos en Barcelona, ha sido muy bueno. La gente ha vuelto con muchas ganas. Creo que ayuda que las propuestas cada vez son más transversales. Se hace un teatro sin clases ni edad. Tenemos que rejuvenecerlo, que los jóvenes no lo vinculen con algo antiguo. Así querrán venir a las funciones. Creo que poco a poco se está consiguiendo. Es muy importante conseguirlo, no podemos quedarnos estancados con el público de siempre», defiende.

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