El autor de 'Contra la España vacía', Sergio del Molino, posa en un hotel madrileño. / JOSÉ RAMÓN LADRA

Sergio del Molino | Escritor

«No es deseable que se abandonen las ciudades y nos atomicemos en una cabaña»

Publica un ensayo en el que arremete contra los populismos y se muestra incrédulo sobre la pretensión de repoblar la España vacía

Antonio Paniagua
ANTONIO PANIAGUA Madrid

Quien haya leído 'La España vacía' ya puede adentrarse en las paginas de su secuela, 'Contra la España vacía' (Alfaguara). Si en el pasado su autor, Sergio del Molino (Madrid, 41 años), hizo un ensayo literario, ahora se decanta por la reflexión política del aquí y el ahora. En esta ocasión, el escritor arremete contra el populismo y los nacionalismos y descree de las fórmulas oficiales que propugnan que la crisis del medio rural se arregla con un éxodo inverso, de la ciudad al campo. Del Molino abomina de los que abjuran del régimen del 78, un «logro histórico que no hay que banalizar».

-¿Hay un interés desmesurado ahora en encontrar fascistas en cualquier sitio?

-Es algo que tiene que ver con una reducción maniquea del discurso político. En una sociedad polarizada, el fascismo es una etiqueta muy útil para descalificar al contrario. Es un esquema mental muy afianzado en la izquierda a la izquierda del PSOE. Con ello se elude el debate y se señalan herejes para evitar hablar con el oponente.

-¿El nacionalismo periférico tiene que competir en este momento con Teruel Existe o Soria ¡Ya!?

-Al convertirse Teruel Existe en partido político, replica la forma de funcionar de los movimientos nacionalistas tradicionales como el vasco y el catalán: conseguir mediante el chantaje, trasiegos y juegos de poder concesiones del Estado para sus objetivos políticos. Para la lucha contra la despoblación, que era transversal, es una mala noticia. De hecho, Teruel Existe fue muy bien recibido por algunos medios independentistas catalanes porque confirmaba ciertas hipótesis. A saber, el malestar era generalizado y Cataluña era solo la punta del iceberg de la opresión del Estado español.

«España está muy lejos de ser un Estado fallido, las cosas funcionan»

 

-¿Piensa que la nación española es capaz de soportar embates fortísimos?

-Lo ha hecho. La Administración, con sus fallos y precariedades, funciona razonablemente bien. La gente se está vacunando y los hospitales han seguido funcionando incluso en los peores momentos de colapso. España está muy lejos de ser un Estado fallido.

-¿Qué le parece la expresión «régimen del 78»?

-Una tontería muy despectiva y muy poco afortunada. El régimen de libertades es evidente para cualquiera que viva en él. Los que hemos nacido al albur del régimen del 78 lo hemos hecho en el periodo más sorprendente de la historia de España. Nunca habíamos tenido una etapa tan larga de libertad y democracia, con todo lo imperfecta y criticable que pueda ser.

Debates estériles

-¿El problema catalán tapona otros debates más acuciantes?

-Sin duda, hemos perdido mucho tiempo y energías, porque es un debate muy fatigoso que incide una y otra vez en los mismos tópicos, sin llevar a ningún tipo de entendimiento. El problema territorial parece afectar solo a Cataluña y Euskadi, pero no a nueve millones de españoles que viven como ciudadanos de segunda.

-¿Desconfía de las posibilidades de repoblación de la España vacía?

-Los datos no apuntan en esa dirección. No hay una reversión del éxodo rural, ni siquiera en los momentos más duros de la pandemia. A lo mejor tampoco es deseable que se abandonen las ciudades y nos atomicemos todos en una cabaña dentro del bosque. Mientras nos fijamos en la repoblación, desatendemos la población a secas, la que vive en la España vacía.

-¿Qué piensa de la propuesta de una parte de la izquierda de resignificar la bandera española para que no sea patrimonio de la derecha?

-Es una reacción demasiado temperamental y simple para un problema muy complejo. Una de las grandes debilidades de la democracia liberal y del progresismo ha sido el abandono de los símbolos y mitología nacionales. Eso ha llevado al callejón en que estamos hoy, la indefensión de la nación ante embates nacionalistas y populistas. Pero los viejos símbolos nacionales no son útiles para interpelar a nadie. Lo importante es identificar qué lazos unen a una comunidad política.

-¿Por qué decidió votar a Íñigo Errejón?

-He sido abstencionista en épocas de paz y bipartidismo. Me contradigo constantemente, he votado a Errejón y a otros más. Creí que Errejón iba a articular un movimiento nacional a la izquierda del PSOE, ajeno a los compadreos con el nacionalismo.

«Si Vox trasvasa su discurso a las periferias marginadas tendrá posibilidades de gobernar»

-¿Qué opina de las políticas que se adoptan bajo denominación de «reto demográfico»?

-Hay muchos millones de Europa detrás. Son políticas que están orientadas al discurso equivocado de intentar repoblar las comarcas más vacías, cuando se obvia que es un problema de derechos y libertades.

- ¿El populismo de Vox ha alcanzado su techo electoral?

-En el momento que logre trasvasar su discurso, como hizo el lepenismo, a las periferias marginadas, entonces tendrá posibilidades de gobernar. Hoy está en un 'impasse'.