Woody Allen y el actor Wallace Shawn presentaron virtualmente desde Nueva York la película 'Rifkin's Festival', rodada en San Sebastián y que ayer abrió el festival donostiarra. / AFP

«Se me rompe el corazón por no poder estar en San Sebastián»

Woody Allen presenta desde Nueva York junto a Wallace Shawn la película que rodó en «una ciudad en la que disfrutamos cada minuto»

RICARDO ALDARONDO

Lo repitió varias veces y fueron sus palabras de despedida en la rueda de prensa, a la que asistió virtualmente desde Nueva York: «Ojalá pudiera estar allí esta noche, se me rompe el corazón por no haber podido volver ahora a San Sebastián, donde disfrutamos cada minuto de nuestra estancia el año pasado para rodar la película». Woody Allen decía estas palabras con gran pesar y añoranza en su expresión: «La gente fue maravillosa y todo resultó una gran experiencia para nosotros, y estábamos con una gran ilusión de volver a pasar al menos otras dos noches más en San Sebastián, hasta que llegó todo esto. Espero que vosotros disfrutéis de la ciudad y de la película».

Gina Gershon, que sí ha podido desplazarse a San Sebastián, y que presentó 'Rifkin's Festival' (que abrió el certamen) junto a la también actriz Elena Anaya y el productor Jaume Roures, tenía similares recuerdos: «Había venido una vez antes a San Sebastián, de vacaciones, aunque entonces acababa de romper con un novio, y no fue una buena experiencia. Pero volver para trabajar con Woody Allen y con Wally Shawn y el resto del equipo sí que fue una experiencia maravillosa. Y poder ir a la playa antes de trabajar, o dar un paseo por esta preciosa ciudad al terminar cada día el rodaje, era un placer enorme. Y estaba deseando volver».

Un festival de referencia

El productor, Jaume Roures, lo tenía claro desde el primer momento, según aseguraba ayer: «Yo sabía que teníamos que hacer la película en San Sebastián, quiero desterrar esa idea de que vamos por los sitios haciendo postales turísticas. El Festival de San Sebastián es una de las mejores referencias cinematográficas de los últimos 70 años, y Woody Allen también quería que fuera aquí desde el principio, porque tenía muy claro cuál era la película que quería hacer».

A pesar de lo que puedan parecer, porque esta vez convierte directamente en imágenes alusivas la lista de sus películas y cineasta favoritos, como Ingmar Bergman, Federico Fellini o François Truffaut, Woody Allen no piensa que cualquier cine del pasado es necesariamente mejor. «Ahora también hay cineastas muy interesantes que serán los maestros para las generaciones futuras», aseguró Allen, y citó a Pedro Almodóvar. Y tampoco cree que ha cambiado la eterna disyuntiva entre el cine comercial y el intelectual o de autor, de la que se mofa un poco en 'Rifkin's Festival': «Siempre hay un cine comercial que ha dominado todo el panorama, mientras Bergman o Fellini no podían competir con eso en términos comerciales, aunque consiguieron su prestigio. Y_la situación sigue siendo parecida. Los pequeños cineastas siguen teniendo problemas para financiar sus películas. Su llama es más baja, pero más duradera».

En un posterior encuentro de Woody Allen y Wallace Shawn con unos pocos medios de comunicación, el cineasta nos aclaró que no quería aludir a la forma en que la industria estadounidense le ha dado la espalda cuando incluyó en el guion una serie de ironías sobre el cine más comercial: «No es ninguna venganza, es mucho más sencillo. Solo quería rendir homenaje al cine y a los movimientos que lo han desarrollado. Al rodar en San Sebastián pensé en su festival de cine. Si San Sebastián hubiera sido famosa por su cerámica, hubiera hecho una película sobre cerámica».

«Mi público es gente maja»

Sobre la supuesta influencia que pueda ejercer su película en el aumento del turismo en San Sebastián manifestó que «eso es una tontería, habrá algunas personas que verán la ciudad bonita e irán a visitarla, pero lo que atrae a la gente a San Sebastián es su festival de cine. No van a ver la película millones de personas que vayan en masa allí como si fuera Disneylandia. Esos públicos pequeños que suelo tener son personas majas, que si van, disfrutarán de la ciudad con tranquilidad», añadió Allen.

Niega que las películas de Ingmar Bergman o Federico Fellini que homenajea sean intelectuales: «Yo voy al cine a pasar un buen rato, y estas películas son tan entretenidas como una de acción o cualquier romance o comedia. Son películas que entretienen, pero resulta que están hechas de una forma maravillosa, inventiva y apasionante, y tratan temas profundos, pero uno no se aburre, te lo pasas genial. Soy así como espectador y como cineasta».

Muchas veces vemos a otros actores como el 'alter ego' del propio Woody Allen en sus películas, pero, ¿les da alguna instrucción en ese sentido? «Nunca les digo nada a los actores, ni para que se parezcan o no a mí, ni por cualquier otra cuestión, solo si hablan demasiado deprisa. Son grandes actores y quiero que me brinden su experiencia». ¿Tiene planes para seguir trabajando? «En cuanto acabe la pandemia y se pueda rodar, haré mi siguiente película».