Mick Jagger y Keith Richards. / EP

Los Rolling Stones hacen vibrar a Madrid

Mick Jagger, Keith Richards y Ronnie Wood sacudieron el Wanda Metropolitano sin tomar riesgos, pero dejándose la piel en cada nota y en cada acorde

Iker Cortés
IKER CORTÉS Madrid

No corre, no salta, pero es que tiene 78 años y el 90% de los solistas y grupos que hoy en día viven de la música permanecen hieráticos ante su público. A sus 78 años, un espléndido Mick Jagger demostró ayer que la edad es un estado mental y que los 231 años que suman los Rolling Stones apenas se notan en el escenario. «¡Hola Madrid!», gritaba nada más comenzar el concierto.

Ya lo intuían los miles de fans que abarrotaron un estadio que no colgó el cartel de no hay entradas, pero estuvo cerca. Arrancaron los Stones con un homenaje a Charlie Watts, su batería, que falleció en agosto del pasado año con 80 primaveras y la locura se apoderó del Wanda Metropolitano. Jagger, de riguroso negro, pero con una chaqueta roja brillante -se la cambiaría varias veces a lo largo del concierto-, lo dejaba claro: «Este es nuestro primer tour en Europa sin Charlie, le echamos mucho de menos». Cómo no emocionarse. Imposible, aplaudían las miles de personas congregadas en el estadio.

Tardaron tiempo los Stones en aprovechar el enorme escenario que tenían bajo sus pies. Delimitados con cintas fluorescentes, para evitar un paso en falso, jugaban con los laterales y pisaban los primeros tramos de la lengua -el escenario dibujaba en su parte superior la sexy boca que ha servido de logo a los británico a lo largo de su historia-, pero no fue hasta 'Miss You', once canciones después, cuando Jagger se atrevió a atravesar el puente que lo acercaba al público y al centro del estadio.

No importó que los Stones fueran impuntuales -comenzaron a las 22:15 horas-, porque el público estaba entregado, apoyando cada gesto y cada palabra de un Jagger exultante, que bailaba y se movía de forma sinuosa, celebrando los sesenta años que la banda lleva sobre los escenarios. Hubo, incluso, 'feliz cumpleaños' del público para un Ronnie Wood que cumplía 75 palos y es un hito porque, ya se sabe, estos conciertos están medidos al milímetro. Era, además, el arranque de una gira que le llevará por otras doce ciudades europeas en trece fechas, pero todo salió a la perfección.

Varios momentos de la actuación de los Rolling en Madrid.

Antes de 'Miss You' habían sonado canciones como 'Street Fighting Man', '19th Nervous Breakdown', 'Sad Sad Sad', 'Tumbling Dice', 'Beast of Burden', 'You Can't Always Get What You Want', 'Living In a Ghost Town', 'Honky Tonk Women', 'Happy' y 'Slipping Away', estas dos últimas con Richards desgañitándose ante el micrófono. Aferrados a su Les Paul y su Telecaster, Wood y Richards repartieron juego y marcaron el ritmo de un concierto vibrante, disfrutón pero también poco arriesgado. Hubo envites de Jagger al público, al estilo Mercury, pero lo mejor estaba por llegar. Bastaba con subir el volumen de las guitarras para que el estadio se viniera abajo. Bueno, eso y dejar cuatro de sus mejores canciones para la recta final.

«Sois el mejor público», concedía Jagger con verdad. La reacción cuando sonaron 'Start Me Up', 'Paint It Black', 'Sympathy For The Devil' -con el escenario teñido de rojo, simulando que el Wanda Metropolitano había descendido al mismísimo infierno- y 'Jumpin' Jack Flash' lo confirmó. Unos minutos más tarde, en el bis, 'Gimme Shelter' -ese duelo entre Jagger y la corista en la lengua del escenario fue épico- y '(I Can't Get No) Satisfaction' cerraban un concierto apoteósico. Jagger ya no es un saltimbanqui, aunque siga moviéndose como una culebra, ni Wood, ni Richards, pero qué más da. Lo importante siempre fue la música y en eso los Stones son unos maestros.