«Soy escritor de brújula, no de mapa»

El autor más vendido de España en categoría infantil y juvenil, se refugia del invierno en Tenerife. Allí reparte su tiempo entre la playa, el cine en versión original y un vecino con el que tiene un pacto: «él cocina, yo friego»

Sergio García
SERGIO GARCÍA

Es Roberto Santiago (Madrid, 1968) uno de esos felices mortales con la lucidez, la resolución y los medios para escoger el rumbo que desee. En su caso, esa feliz circunstancia empieza por repartir su vida entre Madrid y Tenerife, isla donde se recluye de noviembre a abril, dando paseos por la playa, haciendo pilates y compartiendo mesa y mantel con su vecino, del que le separa una pared y al que le une la amistad y el apetito. Allí deja que corra desbocada su imaginación, la herramienta con la que se gana el pan. Lleva escritos 50 libros de los que ha vendido cinco millones de ejemplares. El autor nacional con más ventas en categoría infantil y juvenil acaba de unirse a Planeta y juntos han puesto en marcha un proyecto de largo recorrido que lleva por título 'Superhéroes', con el que está tomando al asalto las librerías. Cuando le preguntas cuál es la tecla para conectar con niños y adolescentes, contesta que escribir sólo de lo que le interesa.

Lunes

7.30 horas. Me despierto con la claridad. Una ducha rápida con la radio de fondo -soy forofo de Ángels Barceló- y reviso las redes sociales, a las que me he incorporado tarde. En mi caso son dos: Twitter -un hervidero de noticias, pero también de fuegos cruzados- e Instagram, más tranquila, con imágenes y propuestas chulas.

8.00 horas. Ahora que vivo en Los Abrigos, Tenerife, empiezo todos los días con un paseo junto al mar. Conocí la isla hace 20 años, rodando 'Hombres felices', con Aitana Sánchez Gijón y Sergi López, y me enamoró, aunque no ha sido hasta el año pasado cuando he decidido venir. Aprovecho para llamar a María, mi chica, que se ha quedado en Madrid y viene de vez en cuando; o para escuchar música, sobre todo bandas sonoras, tal vez por deformación profesional. Esta mañana me ha dado por 'Fiebre del sábado noche' y luego me he metido una sesión de los Bee Gees.

10.00 horas. Desconecto de todo y me pongo a trabajar hasta la hora de comer. La mecánica es simple: me documento mucho y sólo entonces me lanzo a tumba abierta. No soy de hacer escaletas, salvo cuando tocan guiones, claro. Como recomendaba Juan José Millás, soy un escritor más de brújula que de mapas. Así disfruto mucho, porque eres tu primer lector y el más interesado en saber qué va a ocurrir. Llevo 50 libros, así que no me ha ido mal.

Martes

8.30 horas. Álvaro, diseñador de interiores y como yo de Madrid, vive en la casa de al lado. Tenemos un pacto: él cocina y yo me encargo de fregar, así me redimo. Ayer, a los dos nos apetecía pescado, así que paro en la lonja de Los Abrigos y compro cherne, que a la plancha o al horno con patatas es un manjar.

12.30 horas. A menudo me preguntan qué tecla hay que pulsar para captar la atención de los chavales y convertirles en futuros lectores. Yo escribo de lo que me apasiona, y tengo claro que a ellos hay que hablarles de lo mismo que a los mayores -del amor, la muerte, la vida- aunque con sus propios códigos y nunca desde arriba. Escribir para niños no es hacerlo en plan ñoño, así lo único que obtienes es su desapego. Las pantallas y las redes sociales no son enemigas de la lectura y pensar lo contrario es un error. Además, dile a un adolescente que no entre en Fortnite o en Tik Tok para que decida hacer todo lo contrario.

Miércoles

13.30 horas. Practico pilates tres días a la semana. Me viene bien porque soy muy torpe y no hago apenas deporte. Begoña, mi monitora, me está descubriendo partes de mi cuerpo que ignoraba que existieran. Hace un mes no sabía dónde estaban los isquiones y ahora hasta he aprendido a moverlos.

14.45 horas. Tengo mi frutería de referencia, de la que se nutren mis desayunos a base de kiwi o de papaya; también el herbolario, donde compro lo mismo pasta de garbanzos que quinoa o semillas de lino, de chía. Hoy nos hemos metido una ensalada en plan vegano, también de pasta, con zanahoria, calabacín, berenjena.... Soberbia. Vuelvo a casa y echo una siesta; me bastan 15 minutos para cargar baterías y escribir hasta la noche.

22.00 horas. Me voy con Álvaro a los Cinex, salas de centro comercial pero donde hay proyecciones en versión original. Nos metemos a ver 'El último duelo', de Ridley Scott. Por segunda vez. O venimos con el bocadillo o picamos algo. Hoy nos hemos traído un táper pequeño con ensalada (no huele y es más discreto), que acompañaré con palomitas. Si no las como, el ceremonial no está completo.

Jueves

12.30 horas. Hablan por la radio de la sexta ola. No aprendemos ni a tiros, es descorazonador. Hace meses pensábamos que esto iba a ayudarnos a apreciar lo que de verdad importa, pero sigue escurriéndose entre los dedos con todos utilizándolo como un arma arrojadiza. No creo que tengamos malos políticos, tenemos los que nos merecemos y son el reflejo de la sociedad en que vivimos.

17.30 horas. Hay una polémica absurda fruto de analizar autores pasados con los ojos de ahora. 'Huckleberry Finn', por ejemplo. Mark Twain llamaba 'negratas' a algunos de sus personajes, y ahora quieren cambiar ese término por 'esclavo' cuando lo que hay que hacer es poner las cosas en su contexto y explicar por qué el autor utilizaba esa palabra y no otra. A mí no me preocupa ni lo más mínimo los ojos con que me vean dentro de cien años.

Viernes

11.00 horas. Es el día de la semana que escojo para desconectar, ya que los sábados y domingos es cuando menos distracciones tengo y más me cunde el trabajo. Me voy a la playa de El Médano, cerca de casa y no tan turística como Los Cristianos o Las Américas. Sopla bastante viento, pero me gusta mucho. Además, estoy acabando 'Billy Summers', de Stephen King. Tumbarme y hacerlo con lectura es el plan ideal.

13.00 horas. A los adultos nos cuesta ver a los niños como sujetos de derechos más que como objeto de protección, cuando ellos son el futuro de nuestra sociedad. Hablando de futuro, es terrible el que vamos a dejarles. Plásticos, carbonización, deshielo... Una novela siempre debe tener un dilema moral y el que yo estoy planteando ahora desde mis colecciones es si se puede salvar el planeta salvando también a los que lo habitamos.

22.30 horas. Estoy acabando la segunda temporada de 'Ted Lasso' (Apple TV), la mejor comedia que he visto en años. El telón de fondo es el fútbol, que me persigue y al que yo persigo (algunos de sus grandes éxitos son 'Futbolísimos', 'Los Once'...), quizá porque de pequeño no podía concebir que no hubiera novelas de fútbol. Estudié en San Agustín, delante del Bernabéu, así que te puedes imaginar cuál es mi equipo. Tenemos la mala costumbre de ganar títulos y parece que siempre estas obligado a hacerlo. Pero no soy nada hooligan ni tampoco sufro.

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