Arturo Pérez Reverte en la presentación de su nueva novela. / E.P.

Arturo Pérez-Reverte, escritor y académico

«Las revoluciones las ganan quienes se las apropian»

«Todas las acaban con un Daniel Ortega en su finca», lamenta elnarrado que novela la de Pancho Villa y Emiliano Zapata en México. «El novelista que deja de aprender está muerto, y por ahí hay muchos que no saben que lo están»

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCI Madrid

Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) sabe que revolución rima con decepción. A pesar de eso, cree que las revoluciones «son necesarias» y que «no hay que dejar de hacerlas». El escritor lo explicó ayer en la multitudinaria rueda de prensa en la que presentó su última novela, titulada precisamente 'Revolución' (Alfaguara). Recrea episodios de la rebelión mexicana de Pancho Villa y Emiliano Zapata a través de los ojos de un ingeniero español que se suma a la insurgencia, y de tres mujeres. Su autor reconoce que sin ser autobiográfica «es la novela en la el protagonista tiene más de mi mismo».

«No es una novela histórica. Es de aventuras y aprendizaje, sobre alguien que pasó diez años en la revolución. Nada de lo que narra me pasó a mí, pero la mirada al mundo del protagonista es la mía. Lo que aprendí con la guerra, el botín de mi aventura, se lo he prestado a él», dice el escritor y académico. Se refiere así al joven e idealista ingeniero español Martín Garret Ortiz, que llegó a México para trabajar en una mina sin sospechar qué le deparaba destino. Originario de Linares, era un conocido del bisabuelo del escritor y su historia de atracador ocasional y con los rebeldes, repetida en casa del escritor, le rondaba desde siempre.

«Escribo novelas sobre el pasado para entender mejor el presente. Utilizo la historia como clave para entender la actualidad. Sin ella estamos huérfanos», señala. «Creo, además, que una novela actual sería vulgar, como el tiempo actual, vulgar narrativamente hablando. Soy del siglo XX. Ahí es donde me siento más cómodo y por eso llevo a esa época mis novelas», asegura.

Si se repasan las revoluciones del siglo XX, desde la bolchevique a las de Cuba, Rumanía o Nicaragua, el balance es más que decepcionante. «Las revoluciones las pierden quienes las hacen y las ganan quienes se las apropian», reconoce Pérez-Reverte. «Surgen y se hacen con violencia, pero quienes se la juegan y se dejan el alma quedan apartados cuando todo termina y aparece el que estaba detrás para decir que se hace cargo», lamenta. «Todas las revoluciones terminan con un Daniel Ortega en su finca, y eso es muy triste, pero aún así hay que hacerlas. Lograr, al menos, que al malo sangre por la nariz», reclama.

El escrito ante la portada de la novela. / E.P.

'Revolución' es así «una crónica de la lucha que entablaron los hombres por sus ideales y las promesas que nunca pudieron cumplir», «una reflexión sobre el poder transformador de las experiencias» y sobre «como la revolución acaba devorando a sus hijos». Martín Garret personifica «la seducción por el riesgo y los abismos que lo rodean», pero su ilusión revolucionaria acabó, como todas, en decepción. Un siglo largo después de que Villa y Zapata se alzaran en armas contra el poder «en México perviven la injusticia, la violencia y desigualdad e impera el narcotráfico».

El contrapeso del héroe desencantado son tres grandes personajes femeninos: Maclovia Ángeles, una soldadera y arrojada guerrillera; Yunuen Laredo, una joven de familia adinera «una fresita, como dice allá», y Diana Palmer, una curtida periodista estadounidense que recorre el país con los insurgentes.

«Escribir novelas te hace creer que lo has aprendido todo y no es así. Con 71 años sigo aprendiendo. Cada novela es un pretexto para crecer y aprender. Un novelista es un cazador que va por la vida con su escopeta y su zurrón cazando historias y palabras. Ese instinto de caza es formidable. El novelista que deja de aprender, de cazar, está muerto, y por ahí hay muchos que no saben que lo están, asegura el veterano narrador.

Reitera que en esta, como en todas sus novelas, sus héroes «no tienen ideología». «No quiero hacer una novela con las ideologías, tan fáciles de identificar desde fuera: nazi, comuinista... Pero cuando te acercas al ser humano y te interesas más por él, la ideología deja de ser relevante y ves las contradicciones», dice el escritor, para quien la guerra es «geometría, un azar con reglas».

Como le ocurrió al joven reportero de guerra Pérez-Reverte, Martín Garret quiere entender el mundo, las pautas que lo rigen y por qué las personas, para bien o para mal, proceden de determinada manera. «La educación intelectual del novelista es literaria; la del protagonista es científica. Pero les une la misma sed de entendimiento», señala. «Quiero mostrar las contradicciones que asoman en el ser humano en las revoluciones, cuando por la mañana ves al héroe y por la noche al villano. Esas contradicciones son la vida y componen una visión del mundo diferente a la que se suele dar», aseguró el creador de la saga de 'Alatriste'.

Falseada por el cine

Se ha empapado también de la lengua y de unos modismo mexicanos que pondrán a aprueba a sus ya atribulados traductores, como el chino que le escriben pidiendo ayuda para trasladar al mandarín «por mis santos cojones». «Lo que hice en México, donde conviven la violencia, la ternura y la lealtad, es atrapar esa rica lengua con la que te roban la cartera tratándote de usted», explica risueño.

Para abordar esta novela, que llega este martes a las librerías y en la próxima semana a toda Latinoamérica y Estados Unidos, Pérez-Reverte asegura haber leído «todos los libros» y visto «todas las películas» sobre la una revolución mexicana «que el cine ha falseado mucho». «La película de Antonio Banderas como Pancho Villa no era buena y tampoco lo era el Zapata de Paul Newman», sostiene.

Su «muy acusado sentido del desastre» le mantiene «alerta» dice, y evita que se sorprenda ante hechos como la invasión de Ucrania. «Vivo en una saludable incertidumbre y no me relajo. Para mí era evidente que íbamos hacia esto. Me acerco más que otros, veo lo que lo que ellos no ven y lo detecto antes. Pero tampoco puedes estar todos los días avisando de que viene un meteorito». «Los profetas molestan. No hay que callar, pero tampoco abrumar con los malos augurios», concluye.

Con más de 30 novelas traducidas a 40 idiomas, en su cargado zurrón el antiguo portero de guerra, hoy académico de la lengua, titular del sillón T en la RAE , y el escritor de éxito global, Pérez-Reverte cuenta con más de veinte millones de lectores en todo el mundo y ha visto sus ficciones llevadas al cine y la televisión.