El director de orquesta norteamericano Leonard Slatkin. / LEWEL LI

«No puedo entender que el pueblo ruso luche contra el ucraniano»

El prestigioso director norteamericano se estrena este viernes, a las 20.00 horas, al frente de la OFGC dentro de la temporada de abono, en el Auditorio Alfredo Kraus.

Victoriano Suárez Álamo
VICTORIANO SUÁREZ ÁLAMO Las Palmas de Gran Canaria

El director norteamericano de ascendencia eslava Leonard Slatkin se estrena al frente de la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria (OFGC) en un concierto con piezas de César Franck, Mieczyslaw Weinberg y Samuel Barber. Como solista invitado está el también reputado violinista Gidon Kremer.

-¿Qué impresión le ha causado la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria? ¿Ha cumplido con sus expectativas?

-En los últimos años he tenido oportunidad de estar en ciudades en las que nunca había dirigido. Resulta muy interesante porque me ha permitido conocer nuevos músicos, nueva gente en sitios en los que no siempre tenía la expectativa de encontrar la mejor calidad. Cuando llegué aquí no sabía si me encontraría una buena orquesta, una gran orquesta... Debería, pero no lo sabía realmente. Y la gran sorpresa, y el gran placer, ha sido descubrir cómo nada más comenzar la sinfonía de César Franck que vamos a tocar he comprobado que es una fantástica orquesta. Inmediatamente pensé en lo bien que lo iba a pasar y esperaba que ellos también lo hagan. La primera impresión ha sido muy positiva y según han ido progresando los ensayos ha quedado muy claro que es una orquesta muy seria a la hora de hacer música, tienen sentido del humor y se escuchan los unos a los otros, lo cual no ocurre siempre. Las personas que residen aquí y acuden habitualmente a sus conciertos deberían ser conscientes de esa ventaja y comprender que tienen una fantástica orquesta, de modo que más que viajar fuera para oír la gran música pueden hacerlo aquí, en su propia casa.

«La genge que vive en Gran Canaria tiene que saber que tiene una orquesta fantástica»

Leonard Slatkin

-Este año se celebra el bicentenario de César Franck, ¿qué nos puede decir acerca de su 'Sinfonía en Re menor'?

-La 'Sinfonía en Re menor' del belga César franck era muy popular cuando yo era joven y comenzaba mi carrera, pero en los últimos 25 años ha dejado de estar en las salas de concierto con tanta regularidad. Fue una obra favorita de muchos directores, que la llevaban incluso en gira con sus orquestas. Es una composición en torno a los 45 minutos siempre bien recibida, exigente para la orquesta y en cierto modo divertida de tocar, porque todos tienen algo que hacer, nadie está ausente. ¿Por qué dejó de ser una obra favorita? En mi opinión, nos acostumbramos a un nuevo repertorio que no se oía tan a menudo: obras de Mahler, Bruckner, incluso algún Wagner, armónicamente y estructuralmente con ciertas similitudes con Franck, quien de repente fue comparado con aquellos compositores. Pero la sinfonía de Franck no hace el mismo tipo de 'grandes afirmaciones' que esos compositores hacían y quizá esa idea de un Mahler o un Bruckner más ligeros llevó a los directores a aparcar la obra por un tiempo. Pero creo que merece ser oída con regularidad. Realmente sientes que Franck no suena como ningún otro, y considero que es uno de los compositores más subestimados de nuestro tiempo.

-También dirigirá usted el 'Concierto para violín' de Mieczyslaw Weinberg junto a Gidon Kremer. ¿Ha coincidido ya con este violinista en algún concierto anterior y qué nos puede avanzar sobre él?

-Imagino que es la primera interpretación en la isla del 'Concierto para violín' de Mieczyslaw Weinberg, un compositor polaco que de hecho pasó gran parte de su vida en la Unión Soviética y que fue gran amigo de Dimitri Shostakovich. Esta amistad se percibe muy claramente en su música, mucho en este concierto tiene ecos de su colega, especialmente en el tratamiento de los instrumentos de viento, pero es realmente un concierto compuesto en 1959 para el gran Leonid Kogan. Es la primera ocasión en que voy a dirigirlo y estamos encantados de tener como solista al enorme Gidon Kremer, que es un firme defensor de esta obra, que dura en torno a los 35 minutos. Es virtuosa pero también lírica, cuya escritura recuerda también bastante a Shostakovich pero con muchos momentos en los que resuena la voz única y especial de Weinberg. Estoy deseando interpretarla porque he trabajado a menudo junto a Gidon Kremer, aunque no le he visto mucho en los últimos años. Estar junto a él para intercambiar historias, anécdotas de colegas y amigos, será un placer para mí, por no hablar, cómo no, de hacer de nuevo música juntos.

-Se incluye también en el programa 'Adagio para cuerdas' de Samuel Barber , que se hizo muy popular por la película 'Platoon'. ¿Qué nos puede decir de esta pieza y cómo han ido los ensayos con la sección de cuerdas de la OFGC?

-El programa no se abre con la tradicional obertura, sino con una obra de tintes más bien sombríos, el 'Adagio para cuerdas' de Samuel Barber. Obra escrita en los años 30, se trata del segundo movimiento de su 'Cuarteto de cuerdas', que fue orquestado a petición de Arturo Toscanini. Esta versión ha sido tocada a menudo, convirtiéndose en muchos aspectos en una de las obras más populares escritas por un compositor americano, aunque a decir verdad no suena propiamente 'americana', pues no tiene ritmos jazzísticos, no hay realmente en ella un sentimiento de energía rítmica, es más estática, calmada y tranquila. La obra fue tocada en los servicios fúnebres por Franklin D. Roosevelt y desde entonces se convirtió para la gente en una especie de himno asociado a tragedias: fue tocada en el funeral de Kennedy e incluso por mí unos días después de los trágicos acontecimientos del 11 de septiembre de 2011, cuando la hice en la última noche de los Proms en Londres. Algunas personas la conocen por su uso en películas, en publicidad, o incluso en versiones electrónicas que han oído en clubes de todo el mundo. Pero es la pureza de la pieza, su simplicidad, lo que la hace tan asombrosa, desde la tenue sonoridad de las notas iniciales hasta la tensión de la plena sonoridad de la orquesta, en este caso, como sugiere su título, la sección de cuerdas, tocando con todos los colores que la orquesta al completo puede expresar.

-¿Qué le motiva para seguir dirigiendo orquestas por el mundo?

-Hará tres años que dejé de ejercer como director titular. Durante 45 años estuve al frente de orquestas en St. Louis, Washington DC, Detroit, Londres, Francia, a las que hay que sumar otros títulos y honores de otras orquestas. Pero decidí que era ya el momento de parar como administrador y poner el foco en la música y en la propia dirección de orquesta. Así que viajé alrededor del mundo, viendo músicos maravillosos, en la mayor parte del tiempo dirigiendo la música que amo y visitando ciudades y yendo a lugares en los que quizá no había pasado tanto tiempo anteriormente, captando mejor las sensaciones y los sabores del mundo...

-¿Cómo vivió el año 2020 y gran parte de 2021 con toda la actividad profesional paralizada por la pandemia? ¿Qué hizo durante el confinamiento?

-Voy a cumplir 78 años dentro de unos meses, ya no soy un hombre joven, y quiero tener tiempo libre. Y parte de ese tiempo libre ha coincidido con la pandemia. Soy de esas personas que ha dicho: «Disfruta la pandemia», pero no por las razones que usted puede sospechar sino porque me dio la oportunidad de explorar otros territorios. Compuse mucho, arreglé y orquesté numerosas obras, acabé y publiqué mi tercer libro, y el cuarto estará acabado en un par de meses, pero lo más importante para mí fue que me he convertido en un cocinero de verdad. Me encanta poder reproducir los aromas y los sabores que he podido disfrutar viajando. Soy un auténtico 'foodie', me encanta comer; se puede apreciar en mi figura, perder peso es complicado, sobre todo siendo director invitado. Espero controlarlo y quitarme a la vuelta esos kilos de más que he acumulado, sobre todo aquí en España. No sé cómo la gente lo hace todos los días, quizá sea la siesta de la tarde. Sí, quizá sea eso (dice con ironía).

-¿Cuál es el sello o marca distintiva de Leonard Slatkin como director de orquesta?

-Cuando la gente piensa en mí, si es que lo hace alguna vez, usualmente me asocia con la música americana, tanto la contemporánea como los clásicos, pero mis gustos son muy amplios. Crecí en una casa donde se oía todo tipo de música, música para cine, jazz, rock and roll, pop folk, blues, un poco de todo. Pero me remito a lo que decía Duke Ellington: «Solo hay dos tipos de música, la buena y la otra». Imagino que la gente me asocia también con la música eslava, rusa en particular, así como la música británica y francesa. No significa que no haga otro repertorio, por supuesto, pero han sido áreas en las que he puesto especial empeño. Otro aspecto que considero muy importante es tener una verdadera agenda para la educación de los jóvenes, particularmente en las escuelas públicas de los Estados Unidos. Hemos visto en los últimos 35 o 40 años un deterioro en la enseñanza de la música y las artes en general, y esto no es bueno para nadie. Las artes deben ser una parte del currículum de las escuelas, del mismo modo que se enseña ciencia, matemáticas o historia. Las artes son importantes y esto debemos recordárselo a la gente. Además de esto, creo que he sido un buen constructor de orquestas, todas las orquestas en las que estuve eran mejores cuando las dejé.

-Usted tiene ascendencia ucraniana, ¿cómo lleva la guerra en ese país por la invasión injustificada y atroz por parte de Rusia?

-Mi propio entorno resulta conflictivo en estos momentos, pues la familia de mi madre procede de Bielorrusia y la de mi padre de Ucrania. Puede usted imaginarse, incluso ahora, cuando hasta donde nosotros sabemos no tenemos ningún pariente en esas partes del mundo, lo difícil que es intentar entender cómo el mundo ha podido llegar a esta situación en pleno siglo XXI. En los primeros momentos del conflicto algunas orquestas no querían decir nada de ello, otros querían mostrar su solidaridad con las gentes de Ucrania, pero resulta interesante comprobar que nadie quería hablar en contra de las gentes de Rusia. Después de todo, ambas zonas hablan la misma lengua. Sé que cuando la familia de mi padre, procedentes de Ucrania, se reunía en casa de mis abuelos, no se referían a sí mismos como ucranianos sino como rusos. Me resulta imposible entender cómo el pueblo de Rusia podría estar luchando contra el pueblo de Ucrania. Aquí hay claramente una falta de información y no es tarea de los músicos convertirse en políticos, por supuesto que no, pero podemos hacer algunas cosas. Yo llevaré en el concierto una enseña azul y amarilla que adquirí recientemente. Cuando me preguntan sobre esto, todo lo que puedo decir es que al menos para la gente que está tocando la música y para el público presente, cuando oyes el 'Adagio' de Barber, el 'Concierto de Weinberg' y la 'Sinfonía' de César Franck te ausentas de este mundo y te trasladas a un mundo muy especial. Y no es solo el conflicto actual en esa parte del mundo, en los Estados Unidos estamos enfrentándonos una vez más con el odio, la discriminación racial, discriminación sexual y de género. La gente dice cosas que sencillamente no son verdad y mucha gente lo cree. Es duro, insisto, entiendan esto, en una época en la que podemos ver lo que está ocurriendo. Podía ser diferente en una época en la que la gente escribía sobre ello y no podías saberlo realmente. Pero ahora podemos y es imposible ocultarlo. Afortunadamente, encontraremos a alguien importante, quizá en los próximos días, en las próximas semanas. Para mí, será clave encontrar auténticos líderes en el mundo, gente que pueda hacer las cosas de diferente manera, en lo que dicen y en cómo actúan. Ahora mismo, estoy decepcionado con casi todos, porque esta situación debía haberse evitado por completo, absolutamente. Pero no ha sido así, todo el mundo está siendo políticamente correcto, cuidadoso... Vale, por supuesto no queremos una guerra nuclear, ni ningún tipo de guerra, pero las cosas han llegado demasiado lejos. Como músicos lo único que podemos hacer es seguir perseverando artísticamente, como haremos en este programa del viernes y del que me siento muy orgulloso.