Imagen de archivo del escritor grancanario Alexis Ravelo, ganador del Premio de Novela Café Gijón 2021. / ARCADIO SUÁREZ

«Este premio es una verdadera puesta de largo, es una alegría inmensa»

El prolífico autor grancanario Alexis Ravelo se hizo ayer con el galardón de novela Café Gijón 2021 por su obra 'Los nombres prestados'

Luisa del Rosario
LUISA DEL ROSARIO Las Palmas de Gran Canaria

Ayer, a media mañana, cuando todas las miradas seguían puestas en el volcán de La Palma saltaba la noticia: el escritor canario Alexis Ravelo es el ganador del premio Novela Café de Gijón 2021 por su obra 'Los nombres prestados'. La novela, que se publicará en enero de 2022 con una editorial ya conocida por el autor isleño, Siruela, es un 'thriller' psicológico «muy bien estructurado, que se sirve de un narrador omnisciente para abordar temas de fondo tan importantes como la identidad, el perdón, la redención, la evolución y la verdad», según la valoración del jurado. El premio, que se organiza desde el año 1949, está dotado con 20.000 euros. Al otro lado del teléfono, Alexis Ravelo no deja de reír al ser contactado por CANARIAS7. Se nota que está feliz y aún digiriendo el galardón pese a que no dejaba de pensar en sus amistades de La Palma.

- Felicidades por el premio. ¿Qué le supone?

-Pues me siento hasta mal. Yo trabajo mucho con la gente de Los Llanos de Aridane, así que estoy feliz y enyurgado al mismo tiempo. Lo de La Palma es dantesco y, en mi caso, es que tengo muchos amigos que están allá y me dice 'nosotros estamos bien, pero el viejito perdió las plataneras' o me dice 'el otro perdió la casa'... Para mí el premio es una verdadera puesta de largo. Es un premio que cuando eres joven siempre sueñas con ganarlo. Esta es la tercera vez que me presentaba. Las novelas se presentan de forma anónima. Anoche (por el lunes) cuando me dijeron que viniera estaba ya emocionado. Y ver el jurado. He conocido en persona a Antonio Colina, que me fascinasu poesía. Que un jurado así te conceda un premio es una puesta de largo tremenda porque vengo de un género, la novela negra, que muchos críticos miran por encima del hombro. Es una alegría inmensa.

-¿Ha llegado demasiado pronto este reconocimiento? Quiero decir, aún le queda mucha trayectoria por delante.

-No es pronto. Yo creo que es el momento perfecto. No soy tan joven, este año he cumplido 50. Creo que el premio me viene muy bien. Me genera cierto vértigo porque uno vive en su parcelita y estas cosas siempre, en general, generan cierto vértigo. Es la primera vez en mi vida que he entrado en el Café Gijón. El otro día volví a ver aquella película... 'El viaje ea ninguna parte', con aquellos cómicos venidos a Madrid que van al Café Gijón para codearse con escritores. Me sentí así. Luego piensas que también el agua algo tendrá cuando la bendices, quiero decir, algo habrá visto el jurado para otorgarme el premio.

-¿Cree que se acabará ese «mirar por encima del hombro» hacia el género negro? Al menos en cuanto a usted como escritor.

-Eso va a seguir siempre, sobre todo si tienes éxito, es normal. Si tienes un cierto éxito y tienes lectores siempre hay quien está mirándote por encima del hombro.

-¿Cuénteme algo de 'Los nombres prestados'? ¿Qué tiene de especial?

-La novela es una desgracia, pero digamos que en 'Los nombres prestados' nadie es quien dice ser. Ninguno actúa con nombre real. Tiene mucho que ver, está ambientada en los años 80, en un pueblecito, con la violencia política de distintos tipos, tanto terroristas como terroristas de Estado. Trata sobre la culpa, la redención y la posibilidad de solucionar conflictos si empezamos viendo en el otro a un ser humano. Es una novela muy personal. Comencé a escribirla en 2013 y he ido adentrándome en ese tema al mismo tiempo que la sociedad de este país se ha ido polarizando. Tienen como mensaje de fondo el dolor la culpa y de lo mal que lo podemos pasar con una cierta propuesta optimista.

-¿Del tipo 'todos íbamos a salir mejores de la pandemia'?

_No, todo lo contrario. A la redención no se llega sin asumir la culpa y pasar un calvario. Esos caminos hay que hacerlos. Si seguimos con la polarización, con el no reconocimiento del otro, con el negarse al diálogo, no vamos a solucionar nada. Ese es el mensaje que late en el fondo. Es una novela alegórica.

-¿Es eso lo que ha visto el jurado?

_No sé qué ha visto. Mi novela es una propuesta de hablar sobre piedad y la compasión. Puede que haya influido. Si te fijas en el panorama literario en la novela negra hay una cierta tendencia a cada vez ofrecer una violencia más estilizada y ese no es mi palo, el mío es lo contrario, puede que eso haya influido.

-¿Confiaba en esta novela cuando la metió en el sobre ?

_Nunca confías en ellas. Presento las novelas a concursos por elección. Sabía que era distinta y no quería acudir a los editores directamente. Es distinta por su escritura. De una manera formal es distinta, es una voz diferente. Quería ofrecerla a premios a ver qué pasaba. A los premios te presentan como quién echa una quiniela. La mandas y te olvidas y el día que cae cayó, porque si no vas a sufrir mucho. Pensaba que era una propuesta de calidad y sabía que era muy distinta.

-No es la primera vez cambia de registro. ¿A qué es debido?

-Es que si no, no crezco. Soy de esos autores. Tengo mis palos, mi Eladio Monroy, pero de vez en cuando necesito mudar de estilo, salir de la zona de confort. En lo único que soy ambicioso en mi vida es en la escritura, por eso intento cambiar. Y a veces se tiene éxito. Yo he tenido suerte, los lectores nunca me han dado la espalda. Mi última novela, 'Un tío con una bolsa en la cabeza', es una propuesta formal diferente y ha tenido éxito. Otra cosa bonita de este premio es que ahora se publica una de las casas editoriales que considero mi casa, Siruela.

- ¿Ha influido la pandemia en esta nueva novela?

- Se acabó de escribir en pandemia, y ésta me permitió tener más tiempo. La consecuencia de la pandemia fue que se pararon la promociones y así puedes concentrarte. Yo, en mi caso, en terminar esta novela que llevaba mucho tiempo dándole vueltas. Soy de los que va a tardar en escribir sobre la pandemia y creo que muchos lectores no quieren leer sobre ello, necesitan otras cosas. Además, es muy difícil porque la literatura es tiempo. Es nevera, necesita reposar sobre los asuntos para poder escribir sobre ellos.