La renovada galería jónica del Prado, que acoge 56 esculturas de las más de mil que atesora el museo. / R.C.

El Prado rescata para la escultura la sala jónica, uno de sus espacios más nobles

Del antiguo Egipto al Renacimiento y el Barroco, el museo repasa más de dos milenios a través de medio centenar de piezas poco vistas

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCI Madrid

Más de treinta años llevaba cerrada al público la sala jónica, uno de los espacios más nobles del Museo del Prado, y que se recupera ahora para la escultura. Tras una cuidada remodelación, esta privilegiada galería en la primera planta del edificio Villanueva acoge ya 56 piezas en un arco temporal de casi tres milenios, del antiguo Egipto al Barroco.

El 90% de las esculturas nunca se habían exhibido. Se despliegan ahora en una alargada y luminosa galería de 175 metros cuadrados en el ala norte de la fachada oeste del museo, sobre la puerta de Velázquez. Acoge piezas egipcias de 500 años antes de nuestra era, de Grecia, de Roma y el Renacimiento para llegar al tardobarroco, a finales del siglo XVII. Son la punta del iceberg de la colección escultórica del Prado, con más de un millar de piezas, 250 de ellas diseminadas por varias salas.

Originalmente Juan de Villanueva, el arquitecto del museo, concibió una galería abierta para exhibir esculturas, pero pronto se cerró con unos ventanales. La sala se ha reconstruido y climatizado, renovando la carpintería metálica que imita la original, lo que permite la iluminación natural. «Recupera la nobleza que siempre debió tener», resume Manuel Arias, responsable de las colecciones de escultura del Prado junto a Leticia Azcue.

En este espacio olvidado hasta hace nada hubo de todo. Fue taller de restauración, almacén y oficinas. «Desde que llegué al museo, hace 25 años, nunca lo había visto abierto», confiesa el director del museo, Miguel Falomir, feliz por la recuperación de tan noble galería. «Es necesario reivindicar la escultura, que perdió mucha presencia en la casa, y con la renovación de esta sala se le devuelve la importancia que merece», agrega. Reconoce que a algunos antecesores en la dirección «les gustó menos la escultura», pero que esta «es esencial para el museo, cuyo nombre original fue Museo Nacional de Pintura y Escultura».

El retrato tiene un protagonismo muy especial en la soberbia selección, en la que conviven «estereotipos, con idealizaciones y el realismo más veraz», explica Arias. Hay versiones romanas de filósofos y escritores griegos como Homero, Jenofonte o Sófocles. Retratos de grandes personajes, como la emperatriz Julia Domna. Bustos de Julio César o Cicerón, idealizadas composiciones como la de Hermes-Antinoo, el intenso rostro de una medusa de finales del XVII, emperadores, reyes, poetas, musas, personajes mitológicos y representaciones animalísticas «que dan una idea precisa de las partes ricas y variadas de la colección del Prado».