Cine

Los cuadernos de espiral

09/07/2018

«El volumen, editado por Nórdica, con sus anotaciones privadas, es un complemento perfecto para entender el universo creativo y vital de este cineasta sueco».

Cada pieza artística, de forma velada o evidente, contiene aspectos esenciales del carácter y el pensamiento de su autor. Sucede, incluso, de forma involuntaria.

«No quiero seguir dándole vueltas a los conflictos matrimoniales. Me aburre lo indecible y es un tema espantosamente falto de humor», escribió en sus cuadernos.

Ingmar Bergman, uno de los artistas capitales del pasado siglo XX, no está ajeno a esta realidad. Gracias a su extensa filmografía y a su trabajo escénico todo el que esté interesado puede descubrir cómo el autor de Fresas salvajes veía su propia existencia y el mundo que le rodeaba. Sin lugar a dudas, repasar sus distintas creaciones es el camino idóneo para sumergirse en el universo bergiano, mucho más amplio y dispar de lo que se suele pensar.

Pero este genio nórdico nos ha legado una vía tan clarividente e interesante o más que su propia obra. Se trata de los cuadernos de espiral de 20x18 centímetros en los que anotaba buena parte de sus reflexiones, así como las luces y sombras, los progresos y los parones de sus principales proyectos. La editorial Nórdica es la responsable de que desde el pasado mes de mayo se pueda adquirir en las librerías españolas Cuaderno de trabajo (1955-1874), volumen en el que, gracias a una traducción de Carmen Montes, podemos leer las lúcidas anotaciones de este genio que el próximo sábado habría cumplido cien años si no hubiese abandonado este mundo en 2002.

Jan Holmberg, experto en teoría del cine y director general y miembro del consejo de redacción de la Fundación Ingmar Bergman, explica en el libro que algunas de las anotaciones de estos cuadernos se hicieron públicas con anterioridad, pero la mayor parte estaban inéditas.

Los cuadernos de espiral

Puntualiza Holmberg que muchas de las anotaciones son muy privadas, pero los responsables de este proyecto no han traicionado al cineasta sueco porque «hay ciertos indicios en el grueso del texto que sugieren que su autor no se opondría a que se hiciera público».

Su cine y sus contadas apariciones públicas generan la imagen de un artista seguro, con las ideas muy claras y una innata capacidad para explorar. En estos cuadernos se descubren algunas de las constantes dudas que siempre le acompañaron. «Otra vez he llegado al final de esta historia y ha sido un coñazo inconmensurable. Ayer por fin se organizó como debía, ya veré lo que resulta», anotó el 24 de abril de 1956 sobre el proceso de escritura de El séptimo sello. Lo mismo sucede con sus reacciones ante las críticas de los especialistas. «John Landqvist se ha ensañado en el Aftonbladet con El séptimo sello y al principio me sentó mal porque salió con la consabida cantinela del amateurismo de los diálogos y de que le pinchaba el asiento y todo eso. Primero me sentó mal naturalmente, pero luego se me pasó porque empecé a pensar en la película nueva que voy a hacer y mientras tenga nuevas películas que hacer y ganas de hacerlas no hay nada que pueda afectarme de verdad», reflexionaba Bergman en su escritorio.

Los cuadernos de espiral

Huyó siempre de los festivales de cine, pero no estaba ajeno, ni mucho menos, a cómo se acogían allí sus largometrajes. No se trababa, como siempre se ha pensado, de un rasgo de altivez. «Se conoce que ha ido bien la cosa en Cannes y menos mal, si no se habría podido temer lo contrario. Me preocupo demasiado por este tema. Y soy un imbécil, un imbécil soberbio atormentado por mi soberbia de un modo rayano en la tortura. Me gustaría ser capaz de que me importara una mierda toda esa burla ridícula y dedicarme a lo importante». Esta aparente paradoja o sorpresa se suma a muchas de las que el lector descubrirá en estos cuadernos, en los que el propio Bergman se retrata a sí mismo con la misma clarividencia que siempre aplicó a sus personajes.

Los cuadernos de espiral
Cuaderno de Trabajo (1955-1974)

Ingmar Bergman (Nórdica Libros, 456 páginas )

Son múltiples las anotaciones que figuran en estos cuadernos en los que quedan al descubierto aspectos significativos de la forma en la que desarrollaba sus proyectos, siempre dentro de un bosque de dudas. «Reescribo, cambio y corrijo el guion; es un trabajo ingente y difícil que puede resultar en parte muy deprimente. Y uno se angustia y duda y piensa: bueno, ¿estará bien?», figura en una anotación de 1962, en la que también apuntó: «Recibí un Óscar a la Mejor Película Extranjera: Como es un espejo. No consigo entender el revuelo que esto ha provocado».