Literatura

Literatura en La Palma

17/09/2018

La idea del Festival Hispanoamericano de Escritores, en Los Llanos de Aridane, se ha ido consolidando a lo largo de los últimos meses. Desde la Cátedra Vargas Llosa se ha apostado con la ambición que suele caracterizarla

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En la tercera semana de septiembre, iremos al Festival Hispanoamericano de Escritores, en Los Llanos de Aridane, isla de La Palma, Canarias. La poeta Elsa López, que vive allí, en el corazón verde de las Islas Canarias, denunciaba hace unos meses la sequedad política y cultural con la que se suele tratar, en las propias islas, a las mal llamadas «islas menores». Lo son, desde luego, desde el punto de vista de la cantidad de habitantes y la superficie física, pero no lo son desde el alma, desde el contenido histórico y desde las ganas de hacer y, desde luego, llenar «de contenido las islas», tal como se expresaba el escritor Nicolás Melini hace unos días, hablando del acontecimiento.

Porque es un acontecimiento: La Palma lo vale y puede. Y, además, me da la impresión de que al menos cierta voluntad política se puso de inmediato a la atención del proyecto cuando no era más que eso, una idea en el aire de La Palma, una conversación entre escritores, un deseo tal vez encubierto, pero brillante y honesto... Y es un experimento, porque esta primera convocatoria nace para que se repite anualmente ese experimento ganándole terreno de aire libre al vacío del que se quejaba Elsa López hace unos meses.

La idea se ha ido consolidando a lo largo de estos meses, tras un par de visitas mías a la isla, y una experiencia única, que van también a vivir, en medio de sus literaturas, los escritores que asistirán el Festival: la visita al Observatorio, al Astrofísico de Canarias en el Roque de los Muchachos, uno de los mayores tesoros que encierran las Islas Canarias, una tradición que ya está en el futuro, una experiencia que tendrán los escritores que asistan al Festival de Los Llanos de Aridane, una visita bajo la dirección de Rafael Rebolo y Juan Carlos Pérez Arencibia.

El pasado, el presente y el futuro en un punto exacto de una isla en el Atlántico, La Palma, que mira en sus años de historia a Europa y a América, que fue un punto del pensamiento progresista en los momentos de la Ilustración. Ya sé: habrá algún que otro intelectual de club náutico cotidiano que pondrá los puntos sobre las vocales que le le dé la gana. Allá él, allá ellos sí son más. Proyecten ustedes, hagan ustedes, trabajen ustedes: hablen menos, critiquen menos, hagan más, llénese ustedes de verdadero contenido para llenar las islas de bien y no de mal, como han hecho tantas veces. De modo que, este Festival, que yo sepa, nada que ver con aquellos tiempecito a pasados de «la culturita canaria», aquel momio que se sacaron de la manta unos folclóricos de la época que quisieron vivir del invento como si fueran verdaderos demiurgos, guapos de barrio y de billar que echaban su catecismo en los periódicos y se quedaban tan exactos como la nada, provocando vacíos y confusiones.

La tradición de este festival, al menos yo tengo esa impresión, debe ser internacional. Canarias en su lugar en el mundo, por lo menos en esta reunión de La Palma, en Los Llanos de Aridane, lejos de popes provincianos que han mandado hasta hace poco en galardones institucionales, en eventos musicales y en vetos que, en el caso del festival, no se darán nunca. En esta primera ocasión van los que van, en cuanto a los escritores canarios se refiere: pudieron ir otros, pero van los que van y el año que viene, «si Dios quiere», irán otros. Todo depende de la voluntad, del buen hacer y de la equidistancia entre la disposición política y la trayectoria intelectual y literaria del proyecto que ahora se pone en marcha.

Lo hacemos, desde la Cátedra Vargas Llosa, con la misma ambición con la que acometemos cada uno de nuestras ideas y de nuestros actos oficiales e institucionales. Con la misma voluntad y capacidad de excelencia, y con vistas a convertir el Festival de Los Llanos en una cita de gran prestigio intelectual y literaria, en una reunión cultural donde no falten nunca ni la palabra libre de cada uno ni el guitarreo amistoso y alegre que es, eso está claro, latente línea del alma de estas islas, y desde luego de La Palma.

Otrosí: La Palma es el lugar ideal para llevar a cabo una experiencia de este calibre, que no se paga sola, sino con el dinero de los contribuyentes, con el dinero de todos y aquel con el que los patronos locales, nacionales e internacionales, cada uno con lo suyo, han colaborado para poner en marcha una construcción que se debe ir ganando el respeto de los isleños, de los españoles en general y de toda América Latina.

¡Fanfarronadas!, dirán algunos derrotistas. ¡Sueños de una noche de verano entre rones!, dirán los que no hacen más que beber ron en las esquinas de sus propios fracasos. Ya hay quien lo dijo cuando comenzamos el proyecto, de modo que no es de extrañar que ahora, cuando aquel mismos proyecto ya no lo es y la idea está a punto de hacerse realidad, lo vuelvan a respetar.

¿Fanfarronadas el festín de la palabra literaria que se avecina? Ya está en marcha, ya es una realidad: hay que asumir que hasta ahora las dificultades han sido superadas por la voluntad política y literaria, e intelectual, de los que nos entusiasmamos con la isla de La Palma.

Hay que aceptar, no faltaba más, las críticas de quienes se quejen por que las cosas, algunas cosas, pueden de aquí en adelante hacerse como no se debe. Pero, «abandonen toda esperanza»: la casa funciona; La Palma nos acoge con los brazos abiertos; Los Llanos serán lo que quieran dentro y fuera del festival. Pero ya estamos en pie. Enhorabuena a quienes nos han apoyado; ánimo para los que no lo han hecho, pero quieren hacerlo en el futuro; y, en fin, los que no hacen sino mirar de reojo, los mismos que se creen lo que no son y cuyo nombre no es nada más allá de la punta del Muelle Norte, que observen, que miren y, sobre todo, que hagan, que hagan, es necesario hacer para que la crítica sea fructífera y todos ganemos la liga en la que estamos metidos.