Dominik Josef Wölfel, la mirada del extraño sobre Canarias

14/01/2018

La historia de Canarias llamó la atención del antropólogo austríaco Dominik Josef Wölfel (Viena, 1888-1963) tras asistir en 1928 a una conferencia de Eugen Fischer, quien había estado investigando en Tenerife sobre los antiguos canarios. La curiosidad del estudioso le llevó a peregrinar por archivos de Italia, Portugal, Francia y España para descubrir el periplo de aquellos isleños.

Wölfel trazó «un plan» de investigación ambicioso, que incluía desde la etnografía y la antropología a la historia y la arqueología. Solo en conjunto, pensaba, podría desvelarse la verdad y en ese camino era indispensable poder traducir la lengua que utilizaban los antiguos canarios.

Pertrechado con una cámara Leica, Wölfel fotografió cuanto documento fue encontrando interesante para su investigación. Un archivo que custodiaba hasta hace unas semanas el Institutum Canarium de Viena, fundado por sus colaboradores tras la muerte del etnógrafo y que ahora se encuentra en El Museo Canario.

Las luces y sombras planean sobre la vida de Wölfel. Se especula con su posible simpatía por el régimen nazi tras la ocupación alemana de Austria, tal y como recoge en alguno de sus escritos la profesora de la Universidad de La Laguna, Carmen Díaz Alayón. Pero otras fuentes apuntan a lo contrario, que estuvo bajo el punto de mira de los germanos, precisamente porque su esposa era de ascendencia judía.

De hecho, la investigación de Wölfel se pudo ver comprometida al ser reclamado su archivo por el III Reich y porque fue apartado de su puesto en el Museo Etnográfico. Sus documentos, conjunto al que el propio Wölfel denominaba Archivium Canarium, acabaron en el Kaiser Wilhelrn Institut de Berlín y, tras la fundación en 1969 del Institutum Canarium de Viena, pasa a ser conservado por esta institución.

Wölfel viajó a Canarias a finales de 1932 y se presentó en El Museo Canario. El investigador quería consultar también los archivos de esta institución, así como abrir una línea de diálogo con otros centros de las islas.

Según explican desde El Museo Canario, la relación con el científico fue estrecha y prolongada a lo largo de los años. De hecho, fue nombrado socio honorario en 1941, y en 1946 fue designado para representar a la sociedad museística en el Congreso Internacional de Etnología que se celebró ese año en Praga.

Fernando Betancor, archivero de El Museo Canario, relata que para la sociedad científica los documentos de Wölfel son importantes por esa vinculación que tuvo el antropólogo austriaco con El Museo Canario.

«Llegó aquí en el año 32, cuando el museo se acababa de trasladar a esta casa -el inmueble de la calle Doctor Verneau que donó Chil-», expone Betancor. En ese momento «se hizo un estudio de las colecciones, se reorganizaron e inventariaron, y a Wölfel se le encargó precisamente uno de los inventarios, el de cerámica. Y aunque no llegó a terminar su trabajo dejó algunos dibujos que atestiguan que estuvo aquí y esos documentos para el museo son importantes por la propia historia de la institución».

Por otro lado, continúa Betancor, recibir estos documentos de Wölfel «también es importante porque nos permite tener reunidos en un mismo archivo documentos sobre Canarias que estaban dispersos en diferente archivos, desde Madrid a Roma o Coimbra. Aquí están todas las copias de esos documentos y si una persona quiere estudiar la Canarias de esa época se los encontrará aquí reunidos».

El objetivo a corto plazo será revelar los negativos de fotografías y películas que contiene el archivo de Wölfel, entre ellos el manuscrito de Leonardo Torriani, Descripción e historia del reino de las Islas Canarias (1588), obra en la que se describe «a las islas, a sus principales poblaciones y su historia», además de aportar datos y planos para sus fortificaciones.

De dicho texto, que ya era conocido por algunos investigadores canarios, había una copia en el archivo de la Biblioteca de la Universidad de Coimbra y fue mérito de Wölfel publicarla por primera vez (en italiano y con una traducción en alemán). Él, sin embargo, creyó ser su descubridor, según explica Alejandro Cioranesco, traductor e introductor de la versión que en 1959 publicó en español Ediciones Goya, de Santa Cruz de Tenerife, y que utilizó una copia que Simón Pérez Padilla había realizado del original y depositado en El Museo Canario.

Parte de los documentos de Wölfel. / <b>Juan Carlos Alonso. </b>
Parte de los documentos de Wölfel. / Juan Carlos Alonso.

La mala fortuna, sin embargo, hizo que coincidiera con la guerra y su difusión fue «sumamente deficiente», relata Cioranesco. Con todo, el trabajo de Wölfel fue conocido y apreciado en las islas. De ello dan muestra las múltiples reseñas en los diarios de la época y de ambas provincias. De hecho, el Instituto de Estudios Canarios aprovechó la visita de Wölfel a Tenerife para celebrar su acto de inauguración el 23 de diciembre de 1932 en La Laguna. En el mismo, fue la «señorita María Rosa Alonso» -señala el diario Hoy- la encargada de exponer las motivaciones de su creación y, a propuesta del señor Peraza de Ayala, «se nombra por aclamación miembro de honor al doctor Wölfel». Además, el Instituto acordó publicar obras, entre ellas, «la de manuscritos inéditos ofrecidos por el doctor Wölfel».

También hay constancia de la vinculación del investigador austríaco con El Museo Canario en forma de retrato fotográfico. En los archivos de la sociedad científica descansa una imagen del etnógrafo junto a Manuel Morales Ramos y Matías Vega Guerra.

A principios de los cincuenta, aprovechando un viaje a Marruecos. Wölfel regresó a Canarias. En aquel entonces había retomado la redacción de su Monumentae Linguae Canariae -que finalmente vio la luz en 1965-, «un gigantesco empeño de fijación de los rasgos filológicos y semánticos de la lengua hablada por los aborígenes insulares.

En 1963, tras una larga enfermedad, muere Wölfel y la revista de El Museo Canario le dedica una sentida necrológica en la que se elogia su trabajo y expone cómo era profesional y personalmente.

«El doctor Wölfel era en su aspecto humano, muy lejos del habitual énfasis profesoral, afable, cordial y sonriente. Alguna vez nos dijo que los austríacos son los andaluces de la raza germánica y fiel a esta vital conceptuación su trato personal y cercano estuvo siempre iluminado por una generosidad de gesto y actitud, un acogimiento y una noble franqueza que le granjeaban el afecto y la estimación de cuantos le conocían», señala el texto que aparece sin firma.

Según explica Marcos Sarmiento, presidente y representante del Institutum Canarium, el máximo interés de Wölfel se centraba en la lengua de los antiguos canarios y sus conexiones con el bereber. Conociendo la lengua, decía el investigador, «se podrá indagar en el pasado». De hecho Wölfel aprendió bereber y hasa, para establecer las posibles conexiones.

Pero, además, resalta el también traductor de la obra cumbre de Wölfel, a diferencia de Viena y Clavijo o Chil, el trabajo de Wölfel fue importante porque recurrió a fuentes que, hasta entonces, no se habían utilizado. «Los canarios habían investigado desde aquí y el lo hizo desde fuera», añade. De ahí que acudiera a los archivos de varios países y cotejara los documentos y reseñas de distintos autores.

El próximo mes de septiembre el gerente de Institutum en Viena viajará a Canarias para una entrega «formal» del Archivium Canarium a El Museo Canario.