Luis García Montero (izda.), explica a Carmen Calvo la exposición. / VIRGINIA CARRASCO

Pérez Galdos, flagelo de poetastros

Una exposición sobre el escritor resalta su aversión por los versificadores pedantes que vivían ajenos a la realidad social

Antonio Paniagua
ANTONIO PANIAGUA Madrid

Benito Pérez Galdós aborrecía a los poetas cursis y retóricos que parecían flotar en el limbo. En sus novelas ridiculizaba a esos poetastros con igual saña con que ponía a caldo a aristócratas decadentes, señoras vanidosas y manirrotas u holgazanes que gorroneaban de la Administración. Sin embargo, esa aversión por la lírica alejada de la realidad no suponía un desprecio del género. Antes al contrario, la obra de Galdós refleja un conocimiento profundo de la poesía. En sus novelas desfilan alusiones a Homero, lord Byron, Espronceda y Zorrilla, entre otros muchos. Además, no son pocos los poetas que bebieron de la fuente galdosiana y expresaron su admiración por el gran exponente de la novela realista. Según el director del Instituto Cervantes y comisario de la exposición 'La realidad de una esperanza. Galdós, la memoria y la poesía', Luis García Montero, Lorca se inspiró en 'Doña Perfecta' para crear 'La casa de Bernarda Alba'.

¿Siguen vigentes las enseñanzas de Galdós? Para García Montero, las lecciones del canario llegan con frescura al siglo XXI. «En un alegato que aparece en 'Trafalgar', el niño Gabriel Araceli estaba convencido de que eso de la patria era matar moros. Pero se da cuenta de que la patria no tiene que ver con los reyes ni las grandes figuras, sino con la gente que se levanta diariamente a trabajar y la voluntad de un pueblo que se esfuerza por convivir en vez de destrozarse los unos a los otros», alegó el catedrático de Literatura. Ese «patriotismo democrático» propio de Galdós se basa, según el director del Cervantes, en «la educación, el respeto a la libertad, la tolerancia a la diversidad de ideas y la voluntad de equilibrar las condiciones de vida de todos los ciudadanos»

La muestra acoge casi 120 piezas, entre manuscritos, primeras ediciones, fotografías, publicaciones periódicas y documentos procedentes de diversas instituciones y colecciones privadas. La exhibición fue inaugurada ayer por la vicepresidenta primera, Carmen Calvo, y permanecerá abierta al público hasta el 31 de enero en el Cervantes. «Haría falta un Galdós en estos momentos», dijo Calvo. «Fue un hombre que trabajó incansablemente, sin neutralidad, por lo que él consideraba que era una gran necesidad de España, llegar a un patriotismo cívico, a un país abierto, responsable, acogedor y grande», adujo Carmen Calvo.

Don Benito demostró en su juventud gran interés por el teatro escrito en verso. Mientras hincaba los codos como bachiller, su comportamiento se ajustaba al estereotipo de «estudiante distraído y malicioso poeta», según la definición del historiador José Pérez Vidal. No obstante, su decantación por el realismo casaba mal con esos vates que «vivían en las nubes», aduce García Montero.

«Cándidas palomas»

En sus narraciones, Galdós satiriza a esos versificadores que se ocupan de «cándidas palomas», «la cumbre del Sinaí» y «arroyos parleros». Son palabras aceradas que figuran en la novela 'La familia de León Roch', pero esos dardos contra los poetas almibarados y de almas arrebatadas los lanza el narrador a montones.

El Galdós que apostaba por observar la realidad con «el rabillo del ojo» para no perderse en las Batuecas era el mismo al que idolatraban Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez o Miguel de Unamuno, quienes lo reverenciaban como un «maestro imprescindible». «Todos ellos les dedicaban sus libros, y esas dedicatorias a mí me emocionan mucho», argumentó García Montero.

«Su patriotismo democrático se basa en la educación, el respeto a la libertad y la tolerancia»

luis garcía montero. director del instituto cervantes

La herencia del prosista, que fue candidato al Premio Nobel en 1912, se evidencia en autores como Federico García Lorca, Vicente Aleixandre o Rafael Alberti, cuyas palabras se pueden escuchar gracias a las voces de Ana Belén, Carmelo Gómez, Juan Diego Botto, Alberto San Juan y José Manuel Seda.

La valoración de Galdós oscila como un péndulo según las épocas. Valle-Inclán se refirió como a él como «Benito el Garbancero» en su obra 'Luces de bohemia'. Una expresión despectiva que cuadra bien con un Valle-Inclán que aprovechaba la ocasión para disparar tanto contra el autor de 'Fortunata y Jacinta' como contra la Real Academia, en la que ingresó el novelista. Azorín lo tenía por un autor «costumbrista», y Juan Benet lo tachaba de «escritor de segunda fila elevado (casi por razones de prestigio nacional) al rango de patriarca de las letras». Sin embargo, todos esos ataques se compensan con el fervor que sentían por él María Zambrano, Luis Cernuda o Rafael Alberti, admiradores de su compromiso social y moral.