Joan Chamorro junto a Alba Armengou, Êlia Bastida y Carla Motis, integrantes de su New Quartet. / C7

«La pedagogía musical de los conservatorios está anticuada»

Joan Chamorro es el fundador de la Sant Andreu Jazz Band, que ha tocado con Bebo Valdés o Stevie Wonder, es el plato fuerte del Fábrica Fest Plus

David Ojeda
DAVID OJEDA

Este inagotable talento del jazz tiene un triple programa en el Fábrica Fest Plus que se desarrolla estas semanas. Este jueves, desde las 17.00 horas, ofrecerá una master class en colaboración con la Fundación Mapfre Guanarteme y desde el Aula Magna de su sede en Las Palmas de Gran Canaria a través del YouTube de la fundación. Luego tocará en el edificio Miller con su New Quartet (junto a Alba Armengou (su primer instrumento es la trompeta, pero también es saxofonista -alto y soprano- y vocalista), Èlia Bastida (violinista, saxofonista tenor y cantante), y Carla Motis a la guitarra; y participará en el concierto con la Borondón Big Band. Todo se podrá seguir a través de las redes sociales del festival.

-¿Cómo lleva un músico de una disciplina tan viva como el jazz estos días de conciertos herméticos y por pantallas?

-Es una situación muy rara, porque a los músicos de jazz nos gusta tocar en los clubs y sentir cómo respira la gente. Por eso es difícil enfrentarse a estos aforos que son bastantes fríos. Además, se cancelan conciertos y la situación es muy grave. No es un escenario agradable.

-¿Demasiadas trabas para la cultura en directo en relación a otros sectores?

-Me parece bastante injusto que se pueda ir en aviones llenos o a centros comerciales que están a tope, situaciones que son más peligrosas que ir a un concierto en el que el público mantiene la distancia de seguridad y lleva mascarilla. ¿Por qué nos toca al sector cultural sufrir esto cuando no son tan estrictos con otras cosas? En mi agenda se han cancelado más de 70 conciertos. Los que tengo con diferentes grupos y con la Sant Andreu Jazz Band. Y nosotros vivimos de los conciertos, no tenemos ninguna subvención. Podemos hacer los discos y las clases sin que los chicos paguen gracias a las actuaciones que tenemos. Y este año solo hemos podido hacer cuatro conciertos con lo que claramente el proyecto no puede tirar hacia adelante mucho tiempo. Si esto durara dos años la banda tendría que desaparecer.

-¿Ha sido difícil mantenerse activo durante este periodo complejo?

-Ha sido una debacle, lo que pasa que tiramos para adelante porque somos así. Más allá de eso he aprovechado para hacer cosas, para sacar algunos proyectos discográficos que tenía, para componer algunas cosas. Y para organizar el festival que hacemos en Sant Andreu, que milagrosamente se ha podido llevar a cabo con todas las restricciones pertinentes. Seguimos montando historias y escribiendo arreglos. Ensayando, por supuesto, en grupos pequeños, porque una big band hoy en día tiene muy complicado para ensayar. Nos dividimos en la sede en grupos pequeños y cuando tenemos un concierto buscamos un espacio más grande para poder juntarnos. La normalidad se ha desvirtuado bastante, no tiene nada que ver con la que se hacía antes de que llegará la pandemia.

-Antes de los conciertos dará una clase maestra en la que pondrá en valor esos valores pedagógicos que siempre defiende...

-Es que para mí la pedagogía musical de los conservatorios está anclada en el pasado. Hay que renovar pero no ir solo hacia la modernidad, afrontar la enseñanza musical como algo natural. Sobre todo cuando trabajas con niños y niñas. Lo que pretendemos no es crear músicos, nos planteamos que vamos a trabajar para que ese acceso a la música sea natural y te quieras apropiar de ella, que te diviertas y lo pases bien sintiendo que la música es importante. Y esa no es la filosofía que hay en muchos sitios, que lo respeto, pero la presión de que tienes unos ejercicios y exámenes por los que todos tenemos que pasar como si todos fuéramos iguales cuando somos diferentes. Eso hace que mucha gente caiga por el camino, gente que posiblemente podía hacer cosas bonitas. Explico la parte metodólogica que yo hago que es a través de cantar mucho, de memorizar, de oír muchísima música, y poco a poco enamorase de eso. Que no sirva solo para tener un título, que el chico necesite levantarse por la mañana y tocar su instrumento. Y si al final no se convierte en músico al menos que siga amando la música que conoció a través del proceso de aprendizaje.

-En su trayectoria ha trabajado con artistas gigantescos, ¿es más enriquecedor eso o la pedagogía musical?

-Combino las dos cosas. La parte de instrumentista al que le gusta tocar y grabar con lo docente. Y no está tan separado, porque utilizó la big band como herramienta y los alumnos forman parte de esa big band haciendo jazz. Aunque es verdad que la pedagogía ha sido muy importante desde que empecé a tocar con 18 años y vi que había algunas cosas que no funcionaban en mí y cambié y que me sirvieron para hacer libros de lenguaje musical, de como entrar en el jazz a través de la voz, y todo eso me ha servido para seguir aprendiendo cada día. Por eso tengo muchos discos que grabó con los que han sido mis alumnos. Porque alcanzan un nivel interesante.

-Entre las acciones que desarrollará en el Fábrica Fest Plus está el concierto con su New Quartet, una formación en la que prescinden de piano o batería. ¿Qué le aporta eso al sonido del conjunto?

-Una sonoridad que no es nueva, porque ya lo hemos vivido otras voces, pero no tiene batería ni piano y es como muy desnudo. Y lo que aporta es la posibilidad de sumar con estas tres personas, con las cuales yo he hecho trabajos, todas han grabado unos 20 discos en el contexto de la Sant Andreu Jazz Band durante los 15 años que cumplimos el año que viene. Me interesaba poder culminar la parte instrumental de las tres, que pueden tocar temas con trompetas o saxo tenor, y poder unir sus voces. Que son diferentes y cada una tiene su timbre, donde brillasen cada una de ellas y hacer dúos vocales o, incluso, tres voces a la vez. Queda un repertorio variado buscando que nos guste a nosotros pero con la comunicación con la gente. Que esa variedad rítmica haga que el público esté muy conectado a lo que estamos interpretando.