La soprano Paula Costes. / C7

Paula Costes: «Mi gusto por Queen hizo mucho por el eclecticismo que hoy me caracteriza»

La soprano, que ha participado en varios musicales, ha grabado el disco 'El corregidor y la molinera', de Falla, para Artífex ProArt Discs

FRANCESC ZANETTI Las Palmas de Gran Canaria

La formación clásica, además de su amplia y variada experiencia en los escenarios, le ha permitido abordar a la soprano Paula Costes los más diversos repertorios, desde la ópera hasta la comedia musical pasando por la zarzuela y la opereta. Sin embargo, se esfuerza para que «no haya tres o cuatro 'paulas' diferentes y para que, cante lo que cante, sea mi propia voz la que me identifique». Desde que en1995 debutara cantando 'El amor brujo' de Manuel de Falla, ha formado parte del musical 'Jesus Christ Superstar', 'El violinista sobre el tejado' o de la ópera buffa de Francis Poulenc, 'Les mamelles de Tirèsies', entre otros tantos espectáculos.

La soprano, que lleva tres años trabajando en el Conservatorio Superior de Música de Canarias con el maestro y barítono tinerfeño Augusto Brito, piensa que técnica solo hay una, «la que te permite conocer tu instrumento y gracias a éste poder abarcar y afrontar diferentes estilos». Se declara una fanática de la voz. «Quiero conocerla y exprimirla. Jugar con ella, pero siempre con salud. Los cantantes sólo tenemos un instrumento y hay que cuidarlo. Para mí lo más importante es descansar y en el escenario, aunque digan que hay que dejarse llevar por la interpretación, siempre estoy pendiente de la técnica», señala Costes, que además cursó Filología italiana y está estudiando Musicología.

La soprano, que el pasado año participó como solista en la grabación del disco 'El corregidor y la molinera', de Manuel de Falla para el sello Artífex ProArt Disc, confiesa que «nunca me ha atraído tener un proyecto musical propio». «Quiero seguir en el escenario cantando cosas de otros y si me meto en el estudio, que sea como cantante de sesión», añade.

Advierte que lo interesan los 'talent shows' televisivos como 'Operación Triunfo' o 'La voz'. «No los veo. Seguí las dos primeras ediciones de OT y me aburrí. No creo en ellos como lugar donde formarte y aprender, pero está bien si quieres tener una experiencia televisiva. Al final es solo un producto televisivo», sostiene.

Recuerda que desde pequeña la música siempre ha acompañado sus días. «En casa la música era algo cotidiano. Pasé de escuchar Mozart y Parchís a Europe y Iron Maiden en un solo verano. ¡Aún quiero ser Joey Tempest! Después cayó en mis manos una cinta de Queen y eso me cambió la vida. Creo que mi gusto por Queen hizo mucho por el eclecticismo que me caracteriza. En ellos encontraba rock y ópera, música de cabaret y música disco, armonías imposibles, delicadas voces aterciopelada de Freddie, guitarras que te aceleraban el pulso... pero, sobre todo, esa teatralidad que fue la que más me enganchó», reconoce Costes.

Le apasionan los musicales y su concurso en algunos de ellos la autorizan a hablar de la dimensión que cobran para el público. «Lo que Verdi quería cuando componía una ópera era que la gente saliera del teatro tarareando lo que acababan de escuchar. Los musicales no solo consiguen eso. Acercan las historias al público y nos sumergen en tres horas de magia donde se combina todo. Son una versión actualizada del concepto de obra de arte total wagneriano donde la música, el teatro, la danza, los efectos técnicos, el vestuario, la escenografía te atrapan, como podría hacerlo el cine, pero con la diferencia de estar viviéndolo en directo», explica.

Cuando se le pregunta por el tipo de música que escucha, enseguida exclama, «¡Qué mal va a quedar esto! Casi no escucho música. Sólo la que tengo que aprenderme. Es verdad que de vez en cuando me da por escuchar a mis viejas bandas de siempre. Últimamente ando un poco obsesionada con el disco 'An evening with Silk Sonic', de Bruno Mars y Anderson Paak». Pero si algo no escucha nunca Paula Costes es reguetón. «No soporto esas letras tan mal hechas. No te pido que seas Antonio Machado... ¡pero por favor! ¿En serio solo se te ocurre rimar «gracia» con «desgracia»? Otra cosa que no soporto es que no vocalizan y que parece que pronuncien mal su propia lengua. Que casi mejor porque para lo que hay que oír.... Parece que canten con desgana... Una vez, Andreu Buenafuente dijo - refiriéndose a un cantante de estos- «si estás cansado y desganado, ¿para qué cantas?», recuerda.

Paula Costes. / c7

«Un artista es un atleta y tiene que estar en movimiento»

Paula Costes señala que en general le atraen artistas que combinan una personalidad arrolladora en el escenario con una gran voz, y si le propusieran poder acompañar en un dueto a alguien explica primero que forma parte de esa larga lista de artistas a los que les hubiera gustado ser Montserrat Caballé para cantar junto a Freddie Mercury.

«Me gustaría cantar con Mayte Martín porque me parece la esencia de lo que para mí es ser cantante: la sinceridad. Quiero estar en el escenario con Brian May y Roger Taylor y alucinar con la voz prodigiosa de Adam Lambert, aunque no se sería capaz de cantar ni una sola nota. Y me encantaría haber sido la María Magdalena de Steve Balsamo en la producción de 'Jesus Christ Superstar' de 1997», comenta.

Está convencida de que cualquier cantante debe estar sometido a un continuo aprendizaje y reciclaje formativo. «Un artista es un atleta y debe estar en continuo movimiento. Uno nunca acaba de aprender. Siempre hay trabajo por hacer. Pero no solo a nivel artístico. Pienso que un artista debe tener una preparación lo más completa posible. Tengo una carrera universitaria y un máster. ¡Me apasiona la literatura! Aparte de estar cursando estudios superiores de canto, estudio también Musicología y cuando acabe... pues seguro que se me ocurre algo más. ¡Quiero ser una abuela rockera con diez carreras universitarias!».

Hija de Isabel Costes, directora de la Orquesta del Atlántico, afirma que de ella ha aprendido a trabajar duro. «La admiro y cada vez que me llama para trabajar me siento afortunada porque sé que si lo hace es porque confía en mi. Cuando trabajo con ella, me exige mucho más que a los demás, pero es que yo misma ya me exijo un 200%. Sí, es cierto que ella me ha abierto puertas, pero después me ha tocado a mí solita cruzarlas y mantenerlas abiertas».