De izquierda a derecha, Daniele Piscopo, Judit Kutasi. Ramón Vargas, Rebeka Lokar, Tilman Kuttenkeuler, Carlos Álvarez, Ulises Jaén y Francesco Ivan Ciampa, ayer. / COBER

La normalidad se asoma a la ópera grancanaria con la «perfección» de 'Un ballo in Maschera'

Ramón Vargas, Carlos Álvarez y Rebeka Lokar encabezan el elenco del montaje verdiano los días 26, 28 y 30 de abril, en el Teatro Pérez Galdós

Victoriano Suárez Álamo
VICTORIANO SUÁREZ ÁLAMO Las Palmas de Gran Canaria

Tras dos años de montajes operísticos desarrollados con múltiples restricciones técnicas, artísticas y de aforo para luchar contra la pandemia de la covid-19, la capital grancanaria se asoma de nuevo a la vieja normalidad de la mano de 'Un ballo in maschera' (Un baile de máscaras), considerada como una de las piezas de mayor «perfección» del repertorio verdiano.

Ulises Jaén, director artístico de la 55ª temporada de Ópera de Las Palmas de Gran Canaria Alfredo Kraus, que organiza la asociación Amigos Canarios de la Ópera (ACO), es todo elogios para este melodrama trágico en tres actos que se representará sin recortes y con las pausas de antaño.

«Es la séptima vez que ACO la hace. Es de las óperas más conocidas y de las más bonitas, gracias a la sucesión de melodías y números maravillosos con los que cuenta. Las partes para los solistas están muy bien escritas y creo que cuenta con el papel de tenor mejor escrito nunca. Es un rol difícil, pero la escritura es perfecta para un tenor lírico, aunque también lo han interpretado otro tipo de tenores», asegura.

Ese rol es el de Riccardo, que en este montaje asume el mexicano Ramón Vargas para las funciones previstas para los días 26, 28 y 30 de abril, siempre a las 20.00 horas, en el capitalino Teatro Pérez Galdós.

«Verdi pensó este papel para el rey Gustavo III de Suecia, que fue herido en un baile de máscaras. Pero le recomendaron que no lo escribiera para un rey porque podía incitar a atacar a alguno. Por eso lo traslada a Boston y se trata de un conde», explica el prestigioso cantante mexicano que se muestra muy contento y a la vez consciente de la responsabilidad que conlleva estrenarse en una isla «con una gran tradición cultural y musical».

Vargas defiende el valor de los montajes operísticos ya que, más allá de la belleza de la música y las arias que los componen, cuentan «historias y emociones verdaderas», algo que, cree, «no ha cambiado desde los griegos».

Pone en valor, además, que el arte estrecha lazos como ninguna otra actividad es capaz de lograr. «Nos une, algo que no hacen ni las religiones, ni la política ni los deportes. Estamos todos juntos, procedentes de distintos lugares, para armonizar y ofrecer una obra que toque los corazones con historias verdaderas», subraya el tenor.

Ulises Jaén señala que el elenco del montaje, que se completa con Rebeka Lokar, Carlos Álvarez, Judit Kutasi, Leonor Bonilla, Manuel Fuentes, Miguel Ángel Zapater, Fernando Campero, Manuel García y César Morales, es de «primerísima categoría y lo firmaría cualquier teatro del mundo». Comparte esta valoración Francesco Ivan Ciampa, que lleva las riendas en el foso de la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria. «Es muy difícil crear un 'cast' de voces de este nivel. El público es muy afortunado por no tener que coger uno o dos aviones para desplazarse hasta Londres o Viena para ver un elenco de este nivel», destaca.

Ciampa también pone en valor que 'Un ballo in maschera' es una ópera «muy difícil porque es realmente perfecta». A diferencia de otras del repertorio, sus montajes no se pueden «recortar» porque toda la música «es perfecta», reitera, y porque «cada personaje está concebido con un cuidado y una atención al detalle que son increíbles».

Desde su punto de vista, uno de los apartados más complejos para su desarrollo consiste en «gestionar las distintas atmósferas» que nacen durante su desarrollo. «La orquesta tiene que ser como un suelo de terciopelo que permita transmitir la voz de los cantantes hasta el público», dice el director italiano, que considera que la belleza de esta ópera de Verdi debe ser aprovechada por el público en las tres próximas funciones para «curar el alma» en estos tiempos tan oscuros marcados por la pandemia y la guerra en Ucrania.

Daniele Piscopo firma una escenografía que busca respetar desde el presente la música de Verdi y el libreto de Antonio Somma. «Lo primero que piensas es en hacer algo nuevo y moderno que impacte. Pero me decanto por una puesta en escena clásica, porque tiene que estar lo que Verdi escribió y mi aportación consiste en una nueva visión sin tocar los detalles, respetando a los cantantes», avanza.

Carlos Álvarez destaca «la plena actualidad» de aspectos de la trama

El barítono español Carlos Álvarez regresa a la capital grancanaria, donde se estrenó por primera vez hace 32 años, para dar vida al rol de Renato en 'Un ballo in maschera'. «Es como volver a empezar, porque lo importante es el aquí y ahora, el momento en el que subes al escenario. En este caso lo hago con esta familia, ya que los cantantes pasamos un tercio de nuestras vidas con los compañeros. Es muy importante lo que sentimos entre nosotros porque lo transmitimos al público», asegura este artista con una prestigiosa y dilatada carrera internacional.

Destaca que esta ópera desarrolla una historia de «intrigas, desengaños, amor y venganza». Cuestiones, dice, que «no han cambiado con el paso del tiempo y que están de plena actualidad». Pone como ejemplo de su afirmación uno de los momentos que vivivirá su Renato sobre el escenario: «Es traicionado por su amigo y su mujer y su primera idea es la venganza. Le dice a su mujer que no se vengará con su hijo sino que buscará la sangre en otro sitio. Ahora que tanto se habla de la violencia vicaria, esto nos tiene que hacer reflexionar».

Por su parte, la soprano Rebeka Lokar da vida por tercera vez en su carrera a Amelia, rol con el que estrenó sobre un escenario. «Para mí es una bendición estar con estos cantantes y poder transmitir todo lo que siente mi personaje al público junto a ellos», asegura.

Las funciones son con el aforo al 100%, se recuperan las pausas y se recomienda al público mantener las mascarillas.