Juancho Valencia, líder de la banda colombiana Puerto Candelaria. / EMANUEL ZERBOS

«El neotropicalismo de Puerto Candelaria reformula la dimensión del espíritu colombiano»

El creador y productor, ganador de dos Grammy Latinos, ofrece este domingo, a las 12.00 horas, un concierto en el Doramas con su grupo

FRANCESC ZANETTI Las Palmas de Gran Canaria

El músico y productor colombiano Juancho Valencia, líder de la banda Puerto Candelaria, posiblemente no gozará de la fama de otros paisanos suyos como Juanes, Shakira, Maluma o Carlos Vives pero, indiscutiblemente, es el que más está influyendo en las nuevas corrientes musicales independientes y alternativas promovidas por las últimas generaciones de creadores del país del que el universal García Márquez dijo que era una fuente insaciable de creación e inspiración.

Juancho Valencia, que posee dos Grammys Latinos y ha sido nominado en otras cinco ocasiones, ofrece este domingo (12.00 horas) con su banda Puerto Candelaria, sobre el escenario del Auditorio José Antonio Ramos del Parque Doramas, un directo en el que el explosivo septeto colombiano mostrará al público su propuesta de neotropicalismo sonoro, solo una semana después de haberse celebrado las elecciones en su país.

La actuación del grupo en el marco del ciclo 'Música en el Parque' que impulsa el ayuntamiento capitalino, se incluye en la gira veraniega europea prevista por la banda con el espectáculo '20 años Puerto Candelaria', en el que «unimos géneros de la música colombiana con elementos del rock, jazz, ska y pop, que se nutre de una divertida puesta en escena que atrapa la atención desde el primer momento del público», explica Valencia.

Un lugar especial

«Para los latinoamericanos Canarias es un lugar especial. Puedo decir con total seguridad que las Islas son el ultramar latino. Viajas durante miles y miles de kilómetros hasta su costa y siempre te das cuenta de que llegaste a casa», explica el productor, compositor y arreglista que ha trabajado con Calle 13, Chocquibtown, Oscar de León, Gilberto Santarrosa o Crew Peligrosos.

Conocido popularmente como 'El Sargento' (su álter ego), se considera el dirigente de este pueblo tropical que es Puerto Candelaria «que mantiene zonas limítrofes con el imaginario pueblo de Macondo de Gabo. Habito en un pueblo que parece real: Puerto Candelaria y en un pueblo real que es totalmente surrealista: Colombia», señala el músico que fundó el grupo en Medellín después de la conmoción que supuso la cruenta guerra del narcotráfico en dicha ciudad.

«Decidimos entonces formular una música contracorriente fuera de las tendencias, con la que exaltábamos elementos simbólicos de nuestra cultura que, por aquel entonces, no tenían cabida en la música que se practicaba. Al mismo tiempo lanzamos nuestro sello discográfico Merlín Producciones. No solo nos tocó inventar un sonido alternativo de la Colombia del siglo XXI, sino también la manera de cómo producirlo, financiarlo, gestionarlo, comunicarlo y exportarlo. Somos un referente del país en el contexto de las cooperativas y microempresas musicales que han surgido en Latinoamérica tomando como ejemplo el modelo autogestionario de Puerto Candelaria», añade.

Neotropicalismo

Valencia aclara que «el neotropicalismo, más que hablar de un ritmo o de unas mezclas cosméticas sonoras, reformula la dimensión del espíritu colombiano. Desde hace quince años se producen proyectos estupendos en el país que ofrecen respuestas diferentes desde perspectivas creativas múltiples y diversas. También el concepto tuvo que ver con las formas de gestionar las músicas de Colombia y como se formulaban los modelos estructurados de negocio en el panorama artístico y musical».

El septeto afrontará en su concierto del Doramas un repertorio muy variado que incluirá temas de sus trabajos más populares editados hasta la fecha como 'Amor y deudas', 'Cumbia rebelde', 'Senderito de amor', 'Yo me llamo cumbia' o 'Amor fingido', a los que se sumarán algunas piezas de su último disco, 'The secret of the shadow', en los que figuran reconocidos standards del género jazzístico.

El creador no siente miedo a entender las músicas modernas y urbanas, la relación del bambuco con el flamenco o aquella del jazz con la música chocoana, porque su cabeza es un laboratorio musical con el que ha logrado una sinestesia a través del mambo y el bolero. Tonadas variopintas dilucidando sonoridades que hacen volar la imaginación de un público que admite en la propuesta de Puerto Candelaria cierto sonido retro con sabor a los años 40, 50 o 60.

Gustavo Petro

«Puerto Candelaria es un organismo vivo que se nutre de su entorno y crece y se fortalece con las vitaminas que toma del caótico día a día que vivimos en Latinoamérica. Las letras de Puerto Candelaria hablan de otras maneras de afrontar temas como el amor o las situaciones políticas que vivimos desde el juego, el absurdo, el drama, el caos, lo no figurativo... Puerto Candelaria es una analogía de lo que vivimos, de Colombia, de Latinoamérica... y la mente de Juancho Valencia solamente tiene que despertarse y observar lo que sucede en nuestras sociedades para luego llevarlo a la música», dice el músico.

«Deseo desligarme de la homogeneidad del latino para expresar a mi modo, aquello de lo que carece la música latina actual: la exquisitez y la sofisticación para trabajar con una diversidad de sonidos, palabras, maneras, metáforas, poesías y ritmos», asevera el arreglista. Por eso, a través de diferentes tipos de músicas, busca la igualdad de los ritmos, se adentra en la equidad por aquello que viene de afuera y lo que hay dentro, pero sobretodo, se sumerge en una «exaltación de esos tesoros intangibles» que existen y que incluyen «la magia del vallenato, del currulao, del joropo o de las rajaleñas del Huila», añade.

El triunfo del izquierdista Gustavo Petro lo califica de «histórico, porque nunca antes el país había podido votar a un finalista de izquierdas porque todos eran asesinados. Hay esperanza por el cambio, pero miedo también. El colombiano tiene el talento de levantarse todos los días y enfrentarse irremediablemente a su gran incertidumbre doméstica. Nunca sabe lo que va a suceder en la jornada y es consciente de que todo puede empeorar», concluye.