Un cantante insólito y de película

18/02/2019

El rey Filippo II (Felipe II) que cobra vida en el montaje de Don Carlo, de Verdi, y que abre este martes la 52ª temporada de Ópera de Las Palmas de Gran Canaria Alfredo Kraus, se sustenta en un cantante que es un caso insólito dentro de la historia de este arte.

Rubén Amoretti (Burgos, 1964) ahora ejerce como bajo. Antes fue un «tenor romántico» de prestigio internacional, hasta que su voz comenzó a variar, fruto de una rara enfermedad denominada acromegalia, que le fue detectada cuando ya había «realizado el cambio».

Su historia, reconoce, «es de película», hasta el punto de que el público podrá conocerla de primera mano gracias a un filme «que comenzará a rodarse este año y se estrenará en 2020», producido por Miguel Menéndez de Zubillaga, explica el cantante en el teatro Pérez Galdós, donde forma parte del reparto del Don Carlo que mañana y los días 21 y 23 de este mes abre la temporada grancanaria.

«Cuando hice el cambio había perdido los agudos y nadie sabía por qué. Decidí volver a cantar tangos y boleros, como había hecho antes de empezar con la ópera. Durante cuatro años dejé de cantar. A los dos años de dejarlo, me di cuenta de que bajando tenía los graves. Fue una sorpresa. Entonces, me puse a estudiar la técnica del bajo. Seguí un consejo de mi amigo Roberto Alagna, que me dijo que estudiase solo. Él tampoco entendía cómo ahora tenía voz de bajo», rememora.

«La técnica es básicamente la misma, pero me encontré con una nueva tesitura, ya que la laringe y las cuerdas vocales habían crecido. Comencé a escuchar solo grabaciones de Cesare Siepi, para entender cómo cantaba un bajo», añade.

Su puesta de largo en este nuevo rol se produjo en Zúrich y allí, de casualidad, se resolvió la incógnita sobre su físico. «Tuve que hacer audiciones y partir de cero. En Suiza me dio la oportunidad un director argentino y canté como bajo en Petit Messe Solemmelle. Al acabar el concierto, se me acercó un espectador y me dijo que me había escuchado como Nemorino y que era imposible que ahora fuera bajo. Me preguntó si tenía dolores en las articulaciones y de cabeza. Así era. Entonces me dijo que lo que yo tenía era acromegalia, que consiste en un tumor benigno en el cerebro que hace que no deje de segregar hormonas del crecimiento. Me asusté, me hice un escáner y así era», apunta.

En un primer momento le recomendaron que no se operase. Su caso, incluso, se abordó «en un congreso médico en París». Pero al ver que el tratamiento no surtía efecto y que sus órganos internos no dejaban de crecer, pasó por el quirófano. «Me operé hace cinco años salió todo bien. Algunas partes de mi cuerpo se han reafinado, pero mi voz, no», explica.

El hecho de que durante cinco años ejerciera como tenor a nivel profesional le ayuda a marcar diferencias. «Canto de una manera distinta. Yo era un tenor romántico y tenía una línea de canto distinta a la de los bajos, entre otras cosas, porque suelen ser roles distintos. En el caso de Filippo II, de Don Carlo, no hay tantas diferencias. Por eso, cuando comencé con las audiciones como bajo, elegí una de sus arias. Lo tiene todo, tiene línea, graves, agudos... Permite mostrarlo todo», explica sobre este papel de la ópera de Verdi.

Rubén Amoretti considera que esta pieza del repertorio verdiano es «un gigante». «Creo que es la ópera más completa de Verdi. El dúo de los bajos es de una potencia y una fuerza musical y dramática enorme. Los de bajo-barítono, que no son comunes, y los del tenor y el barítono, otro tanto», subraya.

Sobre el escenario, el público grancanario verá un Filippo II «sobrio escénicamente». «Busco hacerlo mío y me cuesta no darle mucha vida. Pero es que exige rigidez, templanza y estatus de rey», comenta.