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Teresa Hernández Vega, en el mirador del Auditorio Alfredo Kraus. cober

Teresa Hernández Vega cierra su círculo canario-venezolano con la 'Margariteña'

La directora, nacida en La Isleta y criada y formada en el país suramericano, dirige con la Orquesta Comunitaria la misma obra que hace 30 años en el Teatro Pérez Galdós

Victoriano Suárez Álamo

Las Palmas de Gran Canaria

Domingo, 12 de marzo 2023, 01:00

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El 14 de diciembre de 1993, a las 20.30 horas, arrancó en el Teatro Pérez Galdós un concierto de la venezolana Orquesta Sinfónica de Aragua, dirigida por Teresa Hernández Vega y con Yurubí Guerrero como violín solista. En el programa figuraba la glosa sinfónica 'Margariteña', de Inocente Carreño. Esa misma pieza figura en el programa de homenaje a Venezuela que acometerá el próximo 16 de abril, en el Auditorio Alfredo Kraus, la Orquesta Comunitaria de Gran Canaria que dirige David Crespo.Ycobrará vida de nuevo con Teresa Hernández en el podio, lo que supone el cierre de un círculo vital y artístico para esta directora nacida en La Isleta, con un largo currículum, que ha sido durante décadas parte del Sistema Nacional de Orquestas Sinfónicas Juveniles, Infantiles y Pre-Infantiles creado por el maestro José Antonio Abreu.

«Cuando David me habló de dirigir a la Orquesta Comunitaria de Gran Canaria en el concierto de abril, pensé enseguida en tocar la 'Margariteña'. Recuerda mucho a la Malagueña canaria, tiene un claro sentimiento del venezolano-canario mezclado. Por eso la traje para el concierto del 93 y la escogí de nuevo ahora», apunta esta directora y docente que hace cinco años regresó a su isla natal.

De La Isleta a Puerto Cabello

Contaba tres años cuando la familia de Teresa Hernández emigró a Venezuela. «Nací en La Isleta, en la calle Arauz. Estaba por cumplir los tres años, cuando me fui con mis padres a Venezuela. Nos radicamos en un puerto. En Puerto Cabello», explica. En tierras venezolanas el apego grancanario siguió presente en su hogar. «Fui alimentada con gofio desde la teta hasta el día que me casé. En mi casa no se veían arepas, las veía en casa del vecino. En la mía lo que había era potaje, gofio y pescado tres veces a la semana... Mamá se fue a finales de los cincuenta con Canarias en el corazón. Para ella se detuvo el tiempo aquí y fui criada así. La evolución que hubo a partir de los 70 en Canarias no existió, para ella Canarias era lo que dejó atrás. Los cuatro hijos fuimos criados con leche materna y gofio», subraya con emoción mientras toma un café largo oscuro en una terraza junto al Auditorio del paseo de Las Canteras.

El origen de su pasión musical lo tiene muy claro. «Todo canario es musical. El canario canta siempre. Mamá cantaba, abuela cantaba, abuelo tocaba la guitarra y cantaba isas, folías, malagueñas...», describe. Pero fue un día, de camino a casa desde el colegio cuando se le abrió la puerta a lo que acabó convirtiéndose en su gran pasión y oficio. «Cerquita de casa pusieron un cartel que anunciaba una escuela de música. Me inscribí e hice mis primeros estudios musicales allí con 10 años», rememora.

«Quería tocar de todo. Primero la guitarra, porque la tocaba mi abuelo. Después piano, flauta y luego llegó el violín y me quedé 'más tranquila'. Al tiempo, el maestro José Antonio Abreu empezaba con el Sistema y mi profesor de violín me dijo que se iba a crear la Orquesta Juvenil de Puerto Cabello. Le buscaron un local, me invitaron a participar y me dijeron que fuera la directora, porque tocaba el violín y asistía a clase de solfeo. Les dije que sí lo haría, pero hasta que llegase un director. Estuve cinco años y el director no llegó nunca. Empecé a dirigir así, porque esa es la magia del Sistema: 'Dale, que en el camino vas a ir descubriendo las cosas'. Llegamos a montar como primer reto la 'Primera Sinfonía' de Beethoven, con los distintos talleres seccionales. Me la sabía de memoria, porque había estado trabajando en todos los talleres», recuerda.

Despegue en Caracas

En aquel momento llegó un punto de inflexión. «Invitaron a que nuestra orquesta junto con la del estado de Valencia participara en un concierto en Caracas. Me pasó lo mismo que suele pasar a los niños, que hacen cosas difíciles sin saber que son difíciles. Entré en aquella gran sala con mi batuta a dirigir mi primera sinfonía de Beethoven, sin una clase de dirección previa, y de memoria. Creo que tenía 22 o 23 años», señala.

Entre el público se encontraban, sin que lo supiera, el propio Abreu, Antonio Estévez y Gonzalo Castellano. El último «fue un gran director que estudió con Sergiu Celibidache» y desde ese momento se convirtió en profesor de dirección de Teresa Hernández durante tres años en Caracas, a donde se desplazaba «religiosamente» cada día desde Puerto Cabello.

Culminada aquella etapa y sin posibilidades de seguir formándose en su país como directora marchó a Londres, donde se formó con un curso de postgrado en dirección en el Royal College of Music, estancia que también aprovechó para asistir a cursos de perfeccionamiento en Austria y Alemania.

Tras aquella etapa, previo «paso obligado por Gran Canaria» para disfrutar de su isla natal y de los lazos familiares que no emigraron, recuerda, regresó a Venezuela. «Llegué con mis papeles acreditativos de la formación realizada y el maestro Abreu me dijo que me fuera a Aragua, con la Sinfónica. Es una de las más complicadas y difíciles del país, porque tienen mucho temperamentos y los conflictos eran habituales. Me dijo que Aragua o nada y allí estuve nueve años y muy contenta. Fue una estancia fiera, porque yo era directora musical y ejecutiva a la vez y la batalla fue continua. Todos los errores los cometí allí. Me curtió mucho», destaca entre risas.

En el Ministerio

Con la llegada de Hugo Chávez al poder, Venezuela vivió una primera etapa de «luna de miel», recuerda Teresa Hernández. «Me invitaron a ser la directora nacional de Música en el Ministerio de Cultura. Lo acepté y estuve 4 años, un tiempo en el que solo ejercí de directora de orquesta invitada tres o cuatro veces al año. Eso paró un poco mi carrera. Cuando dejé ese puesto en el Ministerio estaba muy cansada y me fui del país para que las aguas volvieran a su cauce y para preguntarme si quería ser gerente o directora de orquesta. Tenía que resolver esa encrucijada, porque lo de gerente había salido bien». Entonces pasó seis meses en Madrid, donde conoció «la vida sinfónica de la capital», subraya, y le llegó la invitación para convertirse en directora titular de la Sinfónica de Falcón, en Venezuela. «Ya tenía claro que lo mío era la dirección musical y estuve en ese cargo entre 2004 y 2012, también con invitaciones para dirigir otras orquestas», dice.

Desde 1978 formó parte del Sistema ideado por Abreu para convertir la música en un pilar dentro de la formación integral de los jóvenes. Teresa Hernández tiene muy claro cuál es la clave del éxito. «El ser humano tiene que tener acceso al arte, a la música o la disciplina creativa que sea, sin limitaciones. La música forma parte del desarrollo integral de la persona, Toda persona debería estudiar música, porque te toca determinadas áreas espirituales y mentales que te convierten en una persona más sensible. El sistema lucha por un acceso al arte libre y gratuito. El objetivo no es crear músicos, sino mejores personas», aclara.

Una tarde con Gustavito

Teresa Hernández, cuando trabajaba en el Ministerio de Cultura de Venezuela, se vio con José Antonio Abreu, que le pidió que ayudara una tarde con los ensayos a un jovencísimo alumno con madera de estrella. Se trataba de Gustavo Dudamel, gran estrella internacional que acaba de ser nombrado director de la Filarmónica de Nueva York.

«Un día, Abreu me dijo que Gustavo quería hacer la 'Primera' de Mahler. Le dije que yo podía ayudarle. Fui donde estaba Gustavito y trabajamos el cuarto movimiento. Todo lo que le dije lo cogió sobre la marcha. Iba a dirigir por primera vez esa sinfonía y ya se veía que era un fenómeno. Siguió preparándola con el maestro Abreu», recuerda Teresa Hernández.

Teresa Hernández, en el paseo de Las Canteras. cober

Una orquesta marcada «por la pasión, la implicación y la excelencia»

Aunque tomará las riendas de la Orquesta Comunitaria de Gran Canaria para dirigir 'Margariteña', Teresa Hernández aclara que no forma parte de esta iniciativa musical. «Solo soy fan y admiradora del trabajo que realiza su director, David Crespo», confiesa.

Pero lo cierto es que esta directora canario-venezolana conoce muy bien esta formación isleña que ha permitido descubrir y disfrutar el mundo sinfónico sobre un escenario a aficionados con formación musical, docentes y exprofesionales.

«Tengo la fortuna de haber estado en el parto y el nacimiento de la Orquesta Comunitaria de Gran Canaria por mi amistad con David Crespo. Soy testigo privilegiada de la evolución de la orquesta, porque he estado en todos su procesos. Han logrado desarrollar unas capacidades artísticas de muy alto nivel. En cada programa la orquesta se supera a sí misma y es un privilegio ser testigo de ello», subraya quien cuenta con tres familiares como instrumentistas de esta formación.

Reconoce que le ha sorprendido el rápido crecimiento de esta Orquesta. Y apunta al motivo de ese fulgurante despegue. «La clave es el director musical. El trabajo de cohesión de David. Realiza un trabajo meticuloso y minucioso de los ensayos, con un gran cuidado hacia cada músico, estando atento al detalle de sus capacidades para ayudarlo en caso de que las cosas no le salgan bien. Se hace un plan para que, a los que más les cuesta, lleguen con éxito al concierto. Es fundamental la motivación que transmite a los músicos para mantener ese alto deseo de excelencia, de superación, de hacerlo bien y de compartir una misma finalidad. Todos están de acuerdo en hacerlo muy bien, nadie está porque le paguen o porque no tiene nada mejor que hacer. Están porque sienten un profundo y sincero amor por la música. Están por pasión», defiende sin ambages a la vez que destaca que se trata de un fenómeno musical «único en España». «En otros países europeos y en Estados Unidos hay orquestas similares, pero en España no. Cuenta con músicos jubilados que ya ni soñaban con volver a tocar, con profesores de música y con jóvenes estudiantes», añade.

Hernández Vega señala los paralelismos existentes entre la Orquesta Comunitaria de Gran Canaria y el Sistema impulsado por Abreu en Venezuela. «La Comunitaria busca la excelencia e intenta no detenerse a pesar de las dificultades, es un poco el espíritu del Sistema. Mi hermano, mi cuñada y mi sobrino forman parte de esta Orquesta y están encantados, se encuentran como en casa, como en Venezuela», puntualiza.

En 2009, bajo el amparo de José Antonio Abreu, Teresa Hernández arrancó con la Cátedra Integral de Dirección de Orquesta, que mantiene de forma 'online' y presencial con alumnos grancanarios, mexicanos, venezolanos, argentinos y guatemaltecos, entre otras procedencias. «Dios me dio el privilegio de tener la facilidad de transmitir lo que es dirigir una orquesta. Les digo a los alumnos todas esas cosas que habitualmente no les dicen por ahí y que aprendí a lo largo de los años», desvela.

Por sus manos han pasado profesionales ya reputados como Rodolfo Barráez, radicado en Berlín y que el pasado 21 de enero se estrenó al frente de la Filarmónica de Los Ángeles, entre otros hitos. «Con 16 años ya fue capaz de memorizar la 'Novena' de Beethoven, coro y solistas incluidos. También fue alumno mío Gonzalo Hidalgo, que ganó recientemente el concurso para ser el nuevo director de la Sinfónica de Santa, en Argentina», destaca.

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