Rouvali brilla en la inauguración

10/01/2020

Con 35 años, una poblada melena de rizos rubios coronando un estilizado y ligero cuerpo propio de un bailarín, y vestido de riguroso negro y sin chaqueta, el director finlandés Santtu-Matias Rouvali (Lathi, 5 de noviembre de 1985) se convirtió anoche en la gran estrella de la puesta de largo de la 36ª edición del Festival de Música de Canarias. Este niño prodigio de la dirección sinfónica llevó las riendas con poderío y estilo de la prestigiosa Philarmonia Orchestra de Londres, cuya dirección titular ostenta desde mayo de 2019.

Santtu-Matias Rouvali dio lustre a la inauguración más festivalera que se recuerda. Un festival, como su nombre indica, es sinónimo de fiesta, de evento festivo y anoche, un Auditorio Alfredo Kraus repleto como en las mejores ocasiones, vivió una de esas veladas.

Está cerca, aunque parezca lejana y olvidada, las entrega de este evento musical que organiza el Gobierno de Canarias que fue un torbellino de polémicas, con recintos vacíos y un agujero final de casi medio millón de euros, con el compositor lanzaroteño Nino Díaz como coordinador. Con Jorge Perdigón como director ha vuelto la paz y el público así lo ha entendido, a tenor de la respuesta que se percibe en las butacas y en los aplausos y vítores que coronaron una noche redonda.

Hubo detalles, ajenos a lo musical, que refrendaron que el Festival ha comenzado a vivir una nueva era. Por primera vez, la Televisión Canaria cubrió en directo con un amplio despliegue los instantes previos del concierto. Tras cuatro años de ausencia, el presidente del Gobierno de Canarias acudió a la inauguración del evento estrella de su actividad cultural. Ángel Víctor Torres acabó ayer con el desinterés hacia esta cita musical demostrado durante la anterior legislatura por el hoy senador Fernando Clavijo.

Torres estuvo acompañado por el vicepresidente Román Rodríguez y las consejeras María José Guerra y Carolina Darias, además del viceconsejero de Cultura, Juan Márquez, y del director general de Cultura, Rubén Pérez.

La formación británica arrancó con la Sinfonía nº1 de Tchaikovsky. Esta pieza fundamental del repertorio y muy popular (en el mejor sentido del término) puso de manifiesto desde los primeros compases que la Philarmonia londinense es una orquesta de envergadura. Las cuerdas sonaron compactas y los vientos, tanto en los solos como en el conjunto, fueron una delicia, como demostró el respetable aplaudiendo a rabiar antes del descanso. En los corrillos durante la pausa, todo era admiración y asombro ante el talentoso Santtu-Matias Rouvali.

Jorge Perdigón advirtió en una entrevista publicada en este periódico el pasado sábado, 5 de enero, que la crítica especializaba había catalogado la grabación de la Sinfonía nº1 de Sibelius, dirigida por Rouvali, como «la mejor de la historia». Los especialistas sabrán, pero sin duda, los asistentes al concierto de anoche disfrutaron de lo lindo de esta pieza del compositor finlandés más importante de la historia. Se trata de una obra compleja y con muchos matices que afloraron durante una interpretación vibrante, que fue recibida con entusiasmo por un público entregado al fenómeno Rouvali.