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Jorge Perdigón (izquierda) y Karel Mark Chichon, este jueves en la sede de la OFGC, durante la rueda de prensa de presentación de los dos conciertos. C7
La OFGC afronta el Everest sinfónico de la 'Resurrección' de Mahler en el Festival de Música

La OFGC afronta el Everest sinfónico de la 'Resurrección' de Mahler en el Festival de Música

Karel Mark Chichon asegura que esta 'Sinfonía nº2' «define la calidad de una orquesta» y requiere «de un coro profesional y no amateur»

Victoriano Suárez Álamo

Las Palmas de Gran Canaria

Viernes, 26 de enero 2024, 01:00

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Cuando la Orquesta Filarmónica de Berlín, considerada la mejor del mundo junto a la de Chicago, se estrenó en 2007 en el Festival de Música de Canarias, bajo la dirección de Simon Rattle, apostó por la 'Sinfonía nº2, Resurrección', de Gustav Mahler, junto al Orfeón Donostiarra, para dar lustre a su puesta de largo. Y es que esta pieza mahleriana es muy compleja, desde un punto de vista musical y de producción, tal y como reconoce Karel Mark Chichon, director titular y artístico de la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria (OFGC) con la que escalará este domingo y lunes este Everest musical sinfónico.

«Es una obra que define la calidad de una orquesta y la OFGC atraviesa actualmente por un gran momento», subraya Chichon antes de los conciertos que acometerá este domingo, a partir de las 19.00 horas, en el Auditorio Alfredo Kraus, y al día siguiente, a desde las 20.00 horas, en el Auditorio de Tenerife Adán Martín, en el marco de la 40ª edición del Festival de Música de Canarias.

Apunta el músico británico que la 'Resurrección' de Mahler implica un importante ejercicio de «extrema disciplina y precisión» entre toda la orquesta para que «este puzle» encaje perfectamente.

Cambiaba de ideas

La pieza, única en el programa de las dos veladas, dura 90 minutos sin pausa y se desarrolla en cinco movimientos, con un primero «muy extenso y duro», apunta Chichon. El propio Mahler, tras el esfuerzo que implicaba para los músicos y el director ese pasaje, apuntó que tras el mismo se realizara una pausa de diez minutos, explica Chichon. Indicación que no se llevará a cabo en estos conciertos. «Mahler era un hombre del momento, y unas veces decía esto sí y esto no, en otras. No siempre hacía lo mismo y por eso no vamos a hacer esa pausa», aclara.

La soprano grancanaria Tania Lorenzo.
La soprano grancanaria Tania Lorenzo. C7

Cada una de las dos noches, incluyendo al lituano Coro Estatal de Kaunas y a las dos solistas, participarán más de 200 músicos para dar vida a esta sinfonía. No todos estarán sobre el escenario, tal y como el propio compositor centroeuropeo dispuso para que su partitura alcanzara las sensaciones que había plasmado sobre el pentagrama. «Se dispone una banda interna junto al escenario y otra detrás, en el hall, donde tocarán las trompas. También participa el órgano, además del coro, los solistas y todos los músicos sobre el escenario. El que no estén todos los músicos juntos implica contar con unas pantallas para que sigan las instrucciones en tiempo real», subraya Chichon.

La mezzo Adèle Charvet.
La mezzo Adèle Charvet. C7

Reconoce que esta producción es el segundo «gran reto logístico» de la actual temporada, tras el 'Réquiem' de Verdi que también dirigió en el Alfredo Kraus en septiembre de 2023. «Implicaba otro tipo de dificultad, entre otras cosas el 'Réquiem' contaba con cuatro solistas y ahora son solo dos», expone en referencia a la mezzo francesa Adèle Charvet y a la soprano grancanaria Tania Lorenzo.

No es la única diferencia a la que alude Chichon entre la pieza de Verdi con la que abrió la temporada y esta obra cumbre de Mahler. «Mahler tiene que ser más sobrio, no es Verdi ni Puccini. Es alemán y requiere una cierta certeza y obliga a ser sobrio».

Elección cuidada de los refuerzos

Esta 'Resurrección' implica que la OFGC haya tenido que contratar a unos 30 músicos de refuerzo. «Mahler siempre requiere de más músicos para la orquesta, de unos 30 o 35 más de los habituales y por eso todas las orquestas se tienen que reforzar. Parte del éxito de este proyecto reside en cómo se eligen esos refuerzos. Hemos buscado músicos que realmente aportan y que se ajustan a la orquesta. Eso es algo que antes de mi llegada, aquí no se cuidada. Además, se han planificado los ensayos de tal forma que no todos los refuerzos han estado aquí todo el tiempo», para así ahorrar costes a la producción, asegura Chichon.

El Coro Estatal de Kaunas.
El Coro Estatal de Kaunas. C7

La presencia del Coro Estatal de Kaunas, clave sobre todo para el último movimiento de la sinfonía, tiene una razón muy clara, según el director de la OFGC. «Hay ciertas obras que requieren de un coro profesional y otras que no. Es así de simple. Obviamente, también buscamos un coro que entre en la dinámica y el ambiente de trabajo de aquí. No todos ponen esas facilidades. Está claro que un 'Réquiem' de Verdi no se puede hacer con un coro amateur, por mucho que se intente. Requiere de unas voces operísticas y de una dificultad que, simplemente, no se puede hacer y nadie lo hace. Con este Mahler sucede lo mismo, se requiere de un coro con mucha vocalidad y es muy difícil de hacer con amateurs», apuntó con el respaldo de Jorge Perdigón, excantante lírico y director del Festival.

A la tercera, la vencida

El domingo, en el Auditorio Alfredo Kraus y dentro del Festival de Música de Canarias, será la quinta ocasión en la que Karel Mark Chichon dirige la 'Sinfonía nº2, Resurrección', de Mahler. No es una cuestión baladí. «La primera vez que la diriges no la entiendes de verdad debido a su complejidad. A la tercera ya la entendí bien y la cuarta fue todo mucho más cómodo», reconoce el director titular y artístico de la OFGC.

Jorge Perdigón y Karel Mark Chichon.
Jorge Perdigón y Karel Mark Chichon. C7

Resume su visión de la pieza. «Es la obra en la que uno se pregunta mucho y hay muchos recordatorios sobre qué le pasa a todos los seres humanos cuando mueren. Es decir, a dónde vamos. ¿Hay resurrección? ¿No hay resurrección? Creo que es la pregunta eterna para todo el mundo. No creo que haya una persona que en vida no se lo pregunte más de una vez. Incluso, que cada día se pregunte qué me va a pasar a mí cuando me muera. ¿Habrá algo o no habrá nada? Nadie puede decir algo con certeza al respecto, aunque pueda creerlo. Mahler hace de eso no solo grandes preguntas, sino momentos de gran belleza en los que muestra que sí que hay una vida después de la muerte. Creo que también tiene la fragilidad para mostrar cómo nacemos como niños y morimos como niños, porque llegamos a una edad, si tenemos la suerte de llegar, en la que somos tan frágiles que nos convertimos de nuevo en los mismos niños y dependemos otra vez de los adultos para llegar a ser lo que éramos al principio. Es un mensaje que se nota mucho en la obra, porque para mí lo más destacable es la humanidad que tiene», explica.

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