Iván Ayón Rivas, este lunes, en el paseo de Las Canteras. / cober

«Es mejor una crítica que una adulación equivocada»

El cantante peruano es uno de los protagonistas de la gala lírica del viernes, 29 de julio, en el Auditorio Alfredo Kraus de la capital grancanaria.

Victoriano Suárez Álamo
VICTORIANO SUÁREZ ÁLAMO Las Palmas de Gran Canaria

Los Amigos Canarios de la Ópera (ACO) concluyen su 55ª temporada en la capital grancanaria con una gala lírica este viernes, día 29 de julio, a partir de las 20.00 horas, en el Auditorio Alfredo Kraus. El tenor peruano Iván Ayón Rivas protagoniza la velada junto a la soprano Nino Machaidze y a la mezzosoprano Daniela Barcellona. El grancanario Rafael Sánchez Araña llevará las riendas de la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria y Olga Santana hará lo propio con el Coro del Festival de Ópera. Dividido en dos partes, durante el concierto se interpretarán arias tan populares como 'Tutto parea Sorridere', de 'Il Corsario', 'O mio babbino caro', de 'Gianni Schicchi; y 'Una furtiva lacrima', de 'L'elisir D'amore'. Con esa ópera de Donizetti se estrenó en la isla, en 2020, Iván Ayón, cosechando un gran éxito, con tres bises en las respectivas funciones desarrolladas en el Teatro Pérez Galdós.

–Regresa a Gran Canaria para cantar en una gala lírica de los Amigos Canarios de la Ópera, donde usted triunfó en 2020 con un 'Elixir del amor' ('L'elisir d'amore'), de Donizetti, con el que cosechó tres bises. ¿Fue un punto de inflexión en su carrera profesional?

–Poder debutar 'L'elisir d'amore' en un contexto importante como sucedió en Las Palmas de Gran Canaria fue un punto de partida para afirmar que yo podía hacer un poco más de lo que la gente del teatro pensaba. Hasta ese momento apostaban por darme solo primeros Verdi y un poco de Puccini para jóvenes. Solo abarcaba hasta ese momento 'Traviata', 'Rigoletto' y 'Bohème'. Tras el debut aquí, mi nombre se ha asociado un poco más a lo que es el 'belcanto' y eso ha provocado que hayan nacido nuevos contratos para mí.

–¿En su momento le sorprendió que Ulises Jaén, director artístico de ACO, le propusiera estrenarse en ese rol?

–Todos decían lo mismo, que cantara 'Rigoletto', 'La Traviata' y 'La Bohème'... y fue algo muy halagador que Ulises contara conmigo para un título tan importante y con la 'regia' con la que se contaba. Nemorino es el punto principal de toda la ópera y fue una experiencia enorme.

–Cuando vio que iba a dar un bis en la primera función, ¿cómo lo llevó?

–Con muchos nervios. Pero los nervios que tenía antes de cantar en la ópera 'Una furtiva lacrima' desaparecieron. Es más, le mandé la grabación a mi maestro de canto y me dijo que en el bis lo hice mejor. Se notó la relajación y concentrarme en las palabras.

–¿Galas como las que afronta este viernes suponen una cierta liberación para los cantantes, ya que no tienen que tener en cuenta la parte escénica?

–Tiene sus pros y sus contras. Cantar las arias de ópera dentro del contexto operístico, con la escenografía y la 'regia' a veces es más fácil. Pero el concierto te coge más descansado. En la ópera, llegas al aria tras un acto entero y en ocasiones en un momento complicado de la representación. En los conciertos puedes darle una expresión más personal.

–¿Desde un punto de vista vocal lo encara de la misma forma?

–A nivel vocal es distinto. Tienes que calentar un poco más para un concierto. En una representación de ópera tienes el acto entero y vas calentando poco a poco. Aquí tienes que entrar e impresionar sobre la marcha.

–¿Le sorprendió la llamada de ACO para que coprotagonice esta gala en el Auditorio Alfredo Kraus?

–No, porque tras 'L'elisir d'amore' he quedado muy ligado a la ópera de Las Palmas de Gran Canaria. No me ha sorprendido pero sí que me ha halagado. Afronto esta oportunidad con mucho orgullo y es un gran honor cantar ante dos mujeres que hacen historia en la ópera, como son Daniela Barcellona y Nino Machaidze. Daniela ha cantando mucho con mi maestro de canto, pero no hemos coincidido nunca sobre un escenario. A Nino Machaidze la conozco de nombre y de ver muchas grabaciones suyas, como un 'Rigoletto', en Parma con Leo Nucci, que se me quedó 'pegada' a la cabeza.

–¿Podemos entender esta gala como el preludio de nuevas presencias suyas en las temporadas operísticas de ACO?

–Sí. No puedo decir nada, pero se vienen cosas muy bonitas con los Amigos Canarios de la Ópera, que desde un primer momento los llevo en el corazón.

–¿Cómo lleva ese salto de promesa o figura emergente a tener una carrera consolidada?

–No me siento diferente. Igual que la primera vez que llegué. Quizás con mayores responsabilidades, que a veces son difíciles de afrontar. Es importante mantener los pies sobre la tierra y no cambiar la actitud que se tiene con los demás. Eso es lo que te diferencia de alguien cuya cabeza vuela por otros lugares. Pasar de ser una estrella emergente a alguien confirmado en este ambiente es peligroso si no mantienes la calma. Puedes creer que el estudio que ya tienes es suficiente, que te es suficiente con lo que ya sabes. Cuando esto apenas ha comenzado.

–¿Sigue siendo el mismo Iván Ayón de siempre?

–Sí, seguramente (risas).

–El peligro ahora es que le llegarán más propuestas de roles que aún no son los idóneos o que nunca lo serán si quiere tener una carrera larga.

–He rechazado algunos ya, porque me han ofrecido varios roles pesados a muy temprana edad. Le he dicho que no a 'Tosca', 'Turandot', 'Il Trovatore'... pero poco a poco voy organizando los trabajados. Dentro de cinco años creo que voy a poder comenzar a probar cosas nuevas, roles más pesados. Todo dependerá de la labor que realice de aquí a cinco años, de que la voz siga creciendo y que pueda hacer antes los roles precisos para poder llegar con un crecimiento justo y no dar un golpe.

–¿Es consciente de que estrenar un rol en el momento equivocado puede acabar con su carrera?

–Exacto. Los directores de teatro pueden tener una idea equivocada de lo que puedo hacer ahora. Puedo tener ahora la voz y la capacidad para cantar 'Tosca'. Y quizás puedo hacerlo bien. Pero eso no quiere decir que me vaya a durar. Puede implicar que en cinco años ya no cante más, porque la voz se va. Si debuto 'Tosca' en un teatro, los demás también lo van a querer y me ofrecerán ese rol u otros 'pesados' en muy poco tiempo y mi voz se acabará.

–¿Ha visto cometer ese error a otros cantantes?

–Lamentablemente, sí. Le tengo mucho respeto al apasionado. Muchas veces, tengo en consideración sus palabras y consejos. Pero respeto aún más al crítico que al adulador. El crítico da su parecido en algo que no le gusta tras escuchar a los grandes tenores en alguna ocasión. El adulador, por su parte, te hace pensar que eres el mejor y ahí comienza el declive del cantante. Por eso es mejor una crítica que una adulación equivocada. Los jóvenes, cuando se ven ya en un cierto nivel, comenzando a ganar dinero... empiezan a hacerse ideas equivocadas. Dejan a un lado el estudio, que es lo más importante. También dejan de lado los consejos de los que se preocupan por ellos y eso es muy peligroso. Hay que tener en cuenta que somos débiles de mente, somos seres humanos y no se nos puede culpar por ello.

Iván Ayón Rivas, en Las Canteras.

–¿El aplauso puede acabar siendo traidor y llevarle a perder la perspectiva?

–Exacto. Pero uno tiene que ser consciente del nivel que uno tiene y de lo que puede dar. Sé que mi nivel no es bajo pero tampoco es el más alto del momento. Poco a poco podrá alcanzar un nivel más alto.

–Cuando le comparan con su compatriota Juan Diego Flórez cuando tenía su edad, ¿qué piensa?

–Siempre respondo que me gusta ser el primer Iván Ayón de la historia. Juan Diego está en carrera y le queda muchísima carrera. Ser el nuevo Juan Diego Flórez es darme una responsabilidad muy alta (risas). Para mí, es el mejor tenor que hay ahora en el mundo en su repertorio. Es mejor comenzar desde abajo e intentar ir creciendo poco a poco.

–¿Habla habitualmente con él, le pide consejos?

–Tenemos una relación muy amigable. Nos vimos hace poco en Milán. Por la guerra tuve que cancelar las funciones que tenía de 'La Traviata' y 'La Bohème' en Moscú y tuve un tiempo libre y coincidió con su concierto en la Scala y estoy muy feliz de haberlo visto y poder conversar con él. La última vez que nos habíamos visto fue en 2014 y yo recién estaba comenzando con mi carrera. Vernos ahora como colegas ha sido muy lindo. Me comentaba cosas sobre lo que yo había hecho y lo que debía hacer ahora.

¿Le gusta cantar música popular, folclórica y tradicional?

–Muchísimo. La música del mariachi para mí será siempre mi pasión principal. Acabo de estar en Santiago de Chile haciendo 'La Bohème', en el Municipal. Tuve una semana libre entre la penúltima y la última función. Y esa semana me fui a cantar con un grupo de mariachis y eso que fue al aire libre y hacía mucho frío. Pero me sentí vivo otra vez.

–¿Se ha planteado cantar esa música en Europa y grabar discos?

–Me encantaría. Por ahora no tengo posibilidades para hacerlo. Con mi nombre no tengo la capacidad de llenar un auditorio en Europa. En Perú, gracias a Dios, sí que lo he hecho. Si llega ese momento, me gustaría agregar la música de mariachi a mis conciertos.

–Los puristas de lo lírico no ven bien que los cantantes apuesten por ese tipo de repertorio, aunque leyendas como Alfredo Kraus sí que lo hacía....

–Poco a poco, los puristas que no lo aceptan han ido cambiando. Yo termino los conciertos con la guitarra, como hace también Juan Diego Flórez. En italia, Francesco Demuro canta también música sarda y a la gente le encanta. Alfredo Kraus o Celso Albelo con la música canaria. Muchos cantantes ahora están aprovechando para volver a la música de raíz.

– ¿Y ese regreso no cree que puede ayudar a conectar la lírica con nuevos públicos y recuperar su estado primigenio, cuando la ópera era un género muy popular?

–Poco a poco, con el crecimiento de nuevos tenores y nuevas nacionalidades están acercando 'al pueblo' a la ópera. La ópera nació en su momento para el pueblo. Por eso cosas como la 'Sinfonía por el Perú' de Juan Diego Flórez es impagable. Hay que recalcarlo, porque lleva la música clásica a rincones del país donde ni siquiera saben de la existencia de Luis Alba, el gran tenor peruano. Esa labor genera frutos. En marzo hice un concierto en un lugar para 2.000 personas y se vendió todo. La ópera recupera poco a poco su terreno.

–Algunos cantantes aseguran que los conciertos en 'streaming' que protagonizaron, con repertorio lírico y popular durante el confinamiento, ha generado nuevos aficionados de la música clásica.

–Las redes sociales han despertado mucha curiosidad hacia la ópera. Se están haciendo muchas cosas para atraer a los jóvenes. La Fenice y la Scala tienen proyectos para jóvenes, por ejemplo.

–¿Qué sucede para que haya tanto tenor latinoamericano de primerísimo nivel en la actualidad?

–Hubo un tiempo en el que los grandes tenores que más se escuchaban eran hispano hablantes. Ahora, poco a poco estamos recuperando terreno. Tenemos la pasión en la sangre. Siempre he dicho que vivir en España es como vivir en Latinoamérica en Europa, dejando a un lado los fallos que tenemos allí. Somos muy parecidos, sobre todo con los canarios, con los que me siento como en casa. Tenemos un fuego dentro que, mezclado con la técnica, da unos frutos espectaculares en la ópera.

–¿Nos puede adelantar alguno de los roles que tiene previsto estrenar próximamente?

–En Sidney estrenaré el Hoffmann, de 'Los cuentos de Hoffmann'; 'Werther' en Génova; debuto 'Don Pasquale' en el Liceo de Barcelona y 'Eugenio Oneguin', en Viena. Y antes 'La Rondine', en agosto, en el Festival Pucinni de Torre del Lago.