«Kraus tuvo una carrera pausada y medida a la perfección»

Poner como ejemplo al tenor grancanario Alfredo Kraus puede ser un arma de doble filo, sobre todo si el objetivo es imitarlo, apunta el crítico musical y codirec tor de la revista Platea Magazine, Alejandro Martínez, que el jueves protagonizó una conferencia en la Casa de Colón de la capital grancanaria, que se enmarca dentro de las actividades de la Fundación Internacional que vela por el legado del universal cantante isleño.

Victoriano Suárez Álamo
VICTORIANO SUÁREZ ÁLAMO

«Intentar imitarlo es un grave error. La técnica que tenía es inimitable y su manera de cantar es difícil de reproducir», aclara este especialista antes de ofrecer la disertación titulada Alfredo Kraus, ¿un tenor francés?

Donde los jóvenes y no tan jóvenes que se dedican profesionalmente a la lírica sí pueden seguir mejor sus pasos es a la hora de planificar sus respectivas carreras. Martínez considera a Kraus un ejemplo paradigmático. «Supo elegir siempre el tiempo justo para afrontar nuevos retos dentro de su repertorio. Es un ejemplo de carrera pausada y metidada a la perfección. Su repertorio es bastante amplio y se ve que siempre midió muy bien los tiempos», señala desde la admiración.

Durante la conferencia de ayer, este crítico musical avanzó «cronológicamente» por la carrera del tenor para analizar, paso a paso, «los distintos periodos» por los que transitó y en los que estrenó los distintos roles.

«Hay papeles que requieren de una madurez vital determinada. Son papeles que ponen en escena experiencias que son difíciles de hacer creíbles si se afrontan siendo aún muy joven. Alfredo, por ejemplo, sabía que un personaje como Werther, uno de sus más celebrados, no lo podía cantar con veinte años», explica.

Esta ópera de cuatro actos del galo Jules Massenet sirve como ejemplo de la impronta y el valor de Alfredo Kraus en la historia de este arte, según Alejandro Martínez.

«El primer tenor que encarnó al personaje Werther fue un alemán, que habitualmente cantaba óperas de Wagner. Su voz, por tanto, nada tenía que ver con la de Alfredo Kraus. La tradición original apostaba por un Werther con voces más oscuras y dramáticas. A principios del siglo XX, comenzaron a afrontar esta ópera tenores ligeros, que le añadieron más poesía y espiritualidad, con un tono más bucólico. Kraus tuvo la virtud de encontrar el punto intermedio entre la fuerza dramática y una mayor poesía y espiritualidad belcantista. Fue capaz de hacer suyo un repertorio escrito para voces similares a la suya», asegura este especialista en música que considera «muy importante» el trabajo que desarrolla la fundación de este tenor grancanario.