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La vuelta de la Orquesta Nacional al Festival de Música de Canarias

«Tenemos una Orquesta Nacional homologable en los ámbitos del continente europeo más estrictos y desarrollados».

Dionisio Rodríguez

Miércoles, 24 de enero 2024, 23:11

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El retorno de la Orquesta Nacional de España (ONE) a la programación del Festival Internacional de Música de Canarias (FIMC), tras 32 años de injustificada ausencia, nos ha deparado a los que asistimos a su concierto en el auditorio grancanario, una gratísima experiencia y el sano orgullo de contar en nuestro país con una orquesta nacional, homologable en los ámbitos europeos más estrictos y desarrollados. Es sabido que a los jóvenes músicos españoles más destacados se los rifan la mejores escuadras de todo el mundo y que nuestros intérpretes ocupan desde hace años espacio en las orquestas europeas más señeras.

Nos alegramos infinito de que el Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música (Inaem), gestor de la marca de nuestras instituciones artísticas nacionales, haya apoyado la vuelta de esta genuina e histórica orquesta a nuestro panorama sonoro; un agradecimiento también para el Festival, que se apunta un tanto formidable con esta iniciativa. Queremos, lógicamente, los canarios, poder oír nuevamente a la orquesta del Estado en nuestro ámbito más cercano y con mayor asiduidad, como lo demostró el amplio aforo de butacas ocupadas en el mencionado concierto del pasado día 20 del corriente, en el Auditorio Alfredo Kraus.

La ONE, que en diversas épocas ha protagonizado la vida musical española y nos ha representado internacionalmente con éxitos apoteósicos en multitud de países; a través de su historia reciente ha sabido gestionar adecuadamente sus lógicas y previsibles bajas, incorporando progresivamente, pero sin pausa, a nuevos jóvenes profesores de contrastado nivel, en unas pruebas en las que compiten decenas de aspirantes por pocos puestos, con un exquisito 'modus operandi' y exigentes requisitos. El resultado se deja ver y escuchar.

La ONE se ha mostrado como una orquesta poderosa en todas sus secciones, en un repertorio, Bruckner, en las que su director está cómodo y que ya habían tocado tanto en su temporada de Madrid, como el día anterior en el auditorio de Tenerife.

David Afkham ha elegido para su presentación canaria, aprovechando el bicentenario de Bruckner, un autor en el que se siente muy a gusto, y así lo ha mostrado en su concierto grancanario con esa catedral sonora que significa la '8ª Sinfonía' del autor austriaco. Estuvo bien, atento y sosegado en los dos primeros movimientos de la monumental sinfonía, tanto en las partes más dinámicas como en las más pausadas, que administró adecuadamente. Nos regaló un tercer tiempo (Adagio) sentido, mostrando en sus diferentes episodios la trama central de esta gran obra; para abordar el último movimiento con entusiasmo y rigor. Afkham y los profesores de la orquesta desgranaron la obra de Bruckner con fluidez, en una muy explicativa versión que no olvidaremos los asistentes y que pese a su larga duración se nos pasó a los oyentes en un pispás.

La orquesta respondió a las exigencias de la partitura con un entusiasmo evidente, que se agradeció en la disciplina de los arcos y su cálido sonido. Las maderas, todo un lujo, y su cuarteto protagonista: Álvaro Octavio (flauta), Robert Silla (oboe), Enrique Pérez (clarinete) y Enrique Abargues (fagot) y sus respectivas secciones, justamente ovacionados, nos ofrecieron sofisticada y precisa música de cámara de altos vuelos dentro del entramado musical del autor. Los metales, tan importantes en esta obra, estuvieron a un altísimo nivel, trompas, trombones, tubas wagnerianas, tuba y las trompetas, lideradas por el tinerfeño Adán Delgado, estuvieron magníficos y sin estridencias, al igual que la percusión, mostrando en todo momento la sonoridad, afinación y potencia adecuada a su trascendental papel. Las arpas estuvieron de dulce y acertadísimas; y si tenemos que destacar a algún grupo en especial, nos inclinamos por la sección de los ocho contrabajos, que ofrecieron una imagen de compromiso, sonoridad y efectividad, extraordinaria.

Nos recibió en su camerino, tras el concierto, el maestro Afkham, en compañía del director del Festival, Jorge Perdigón, y del director técnico de la ONE, Félix Palomero. Se le veía contento por los resultados del concierto y la acústica de nuestro auditorio para este tipo de repertorio. Nos confesó que pese a la hora y media de la sinfonía, para él supone «otro 'tempo'»: «Yo siento que estoy dirigiendo unos 45 minutos , más o menos», nos dijo con sinceridad evidente.

Se le vio concentrado y a la vez relajado en el concierto del Kraus, dirigió todo el tiempo con las manos y sin batuta, mostrándose cómplice y atento servidor del discurso de la orquesta, que le siguió sin dudar durante una larga travesía musical, plena de variantes y contrastes. En fin, una noche magnífica para la música y para recordar, que devuelve la normalidad a nuestro Festival y que nos dejó un buen sabor de boca a los asistentes. ¡Qué se repita!

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