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Muere Alain Touraine, el sociólogo que desarrolló la idea de sociedad postindustrial

Muere Alain Touraine, el sociólogo que desarrolló la idea de sociedad postindustrial

El intelectual francés, premio Príncipe de Asturias en 2010, tenía 97 años

César Coca

Viernes, 9 de junio 2023, 10:11

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Algunas trayectorias intelectuales están marcadas por circunstancias puramente biográficas. Es el caso del francés Alain Touraine (Hermanville-sur-Mer, 1925), que se formó leyendo a filósofos y sociólogos mientras su país estaba ocupado por los alemanes y que luego fue sorprendido por el golpe de Estado de Pinochet cuando estaba haciendo investigación sobre el sindicalismo en Chile. En medio, trabajó en varias fábricas para conocer de primera mano el funcionamiento del movimiento obrero y en Mayo del 68 fue el único profesor de Nanterre que militó en grupos de protesta estudiantiles. Y cuando en 2012 murió su segunda esposa a consecuencia de un cáncer -la primera, la chilena Adriana Arenas, había fallecido en 1990 por la misma enfermedad-, al regresar a su casa tras el entierro decidió que solo le quedaba una ocupación en su vida: trabajar. Así ha sido. Desde entonces publicó media docena de libros, el último el año pasado, y siguió escribiendo hasta hace bien poco. El sociólogo que dio contenido al concepto de sociedad postindustrial, el ideólogo de una izquierda socialdemócrata, feminista, ecologista y antitotalitaria, quien mejor vio la transición hacia un mundo ordenado en función de la comunicación, murió este viernes en París a los 97 años.

Touraine nació en el seno de una familia acomodada residente en Normandía. Estudió en París de forma casi autodidacta pues eran los años de la Ocupación, y más tarde completó su formación en las universidades de Columbia, Chicago y Harvard. Fue el inicio de su paso por entidades académicas de prestigio internacional, un mundo que ya no abandonaría en su faceta de profesor.

A raíz de una invitación para unos cursos en México, cuando aún no había cumplido los 30 años, se interesó por los movimientos sociales del continente al sur del río Bravo. Eso le llevaría a fundar un centro de investigación en Sociología del Trabajo en Chile. Desde allí entabló contactos con muchos profesores y dirigentes políticos y sindicales de toda América Latina. Eso, y su trabajo de campo -lo hizo durante décadas-, le dio un conocimiento profundo y desprejuiciado sobre la evolución política de la región, que lo llevó a apreciar los esfuerzos hechos por Evo Morales en los primeros tiempos de su presidencia en Bolivia y a advertir sobre el fracaso de Chávez y la decepción de Lula.

Durante un año vivió en Polonia y de nuevo el azar o el instinto le permitieron asistir a un hecho crucial: la expansión de Solidaridad. Fue uno de los primeros intelectuales de Occidente en explicar con detalle cómo lo que estaba sucediendo en ese país iba a tener gran trascendencia.

Sociedad en crisis

A finales de los sesenta ya había visto que las sociedades industriales habían entrado en crisis, pero ni la política ni el movimiento sindical parecían ser conscientes de ello. En ese nuevo contexto, los grupos humanos ya no están formados tanto por seres guiados por el conocimiento y la racionalidad como por la conciencia. A partir de ahí, teorizó sobre las nuevas sociedades y el papel de los movimientos sociales.

Distinguido con numerosos doctorados Honoris Causa y relevantes premios, entre ellos el Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades (2010), Touraine era desde hace décadas uno de los pocos intelectuales que consiguieron que su voz fuera escuchada lo mismo en la civilizada y decadente Europa que en la conflictiva y emergente Latinoamérica. Algunos de sus títulos más importantes son 'La sociedad postindustrial', 'Introducción a la Sociología', 'Crítica de la modernidad', '¿Qué es la democracia?', 'El mundo de las mujeres', 'Cómo salir del liberalismo' y 'El fin de las sociedades'.

En la recta final de su larga trayectoria, estudió también la evolución de la idea de Europa y alzó su voz para reclamar una actuación conjunta y decidida ante las sucesivas crisis que ha vivido la UE. Su denuncia del triunfo de un capitalismo financiero global alejado de la economía real y sin control lo llevó a reclamar un refuerzo de las instituciones europeas para defender los grandes valores del continente.

Un concepto de Europa que no veía carente de legitimidad, como suelen argumentar a un lado y otro del espectro político. «Me extraña que la extrema derecha y la extrema izquierda la tachen de antidemocrática y subordinada a los banqueros», dijo en una entrevista concedida a este diario a finales de 2011.

Y concluía su amargo diagnóstico: «De la extrema derecha, que es tan horrible, no quiero decir nada. Pero de la izquierda me sorprende su debilidad intelectual». Al final, su confianza en Europa, con todos sus problemas, era mucho mayor que la que tenía en los países que la componen. «Son estos los que deben reinventarse», decía.

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