La actriz Marta Viera protagoniza 'Clara y el abismo', junto con Ruth Sánchez. / C7

«El montaje es una carrera de fondo que apenas me permite respirar»

La protagonista de 'Clara y el abismo', que se estrena en el Teatro Pérez Galdós, el día 16 de septiembre, avanza algunas las claves de la obra.

FRANCESC ZANETTI Las Palmas de Gran Canaria

La actriz Marta Viera regresa a los escenarios para afrontar el papel de la protagonista del montaje escénico 'Clara y el abismo', que los días 16, 17 y 18 de septiembre, será estrenado en el Pérez Galdós, bajo la dirección de Mario Vega. Producida por Unahoramenos y el Teatro Pérez Galdós, la obra, inspirada en un texto del dramaturgo uruguayo Gabriel Calderón, la ha obligado a encararse con una mujer desconcertante, desecha por los resentimientos, que exhala rabia en cada escena.

-¿Cómo se ha acercado a la visceralidad e irascibilidad que supura Clara?

-El punto de partida del trabajo respecto al personaje de Clara ha sido principalmente entenderla, comprender su situación, para luego afrontarla. Nadie ha escrito una biografía sobre ella para que tengamos clarísimo quién es y quién ha sido. Yo creo que el personaje es lo que dice y lo que calla (entre otras cosas) y, en este caso, hemos construido una línea vital y emocional sobre los hechos determinantes que han podido marcarla. Para mí es necesario comprender e imaginar lo que ha podido vivir Clara y cómo lo ha afrontado para ser quien es en cada momento en que se manifiesta, con su visceralidad, sus pasiones, sus fortalezas y sus debilidades, como cualquier ser humano de carne y hueso.

LAS FRASESLA LECCIÓN DEL MONTAJE«Creo que la vida es un regalo que damos por hecho y debemos aprender a valorarla»

marta viera

-¿Y cómo es capaz de eludir, de sacarse todo ese dolor, una vez concluye la función?

-A mí me gusta entender a la intérprete como un canal que presta su cuerpo, voz y emociones para que la historia y los personajes se muestren al espectador, y sin duda eso deja huella, cicatrices profundas a veces, y como no todos los días estamos igual de fuertes o de sensibles, no todos los días somos la misma persona, dependiendo de esto en ocasiones cuesta más suturar esas heridas, pero todo se aprende. La interpretación es un oficio como cualquier otro lleno de herramientas para sostenernos.

-¿Su perspectiva de la enfermedad, de la muerte, del sufrimiento, se ha modificado en algún sentido tras la interpretación de este texto?

-Por supuesto esta maravillosa pieza de Gabriel Calderón me ha atravesado, pero no he puesto en valor o no me he cuestionado conceptos como la enfermedad, la muerte o el sufrimiento, sino todo lo contrario: la vida. Sin duda me ha ayudado a reafirmar el pensamiento de que vida solo hay una y que está en nuestras manos lo que hagamos con ella y con el tiempo que se nos ha dado. Creo que la vida es un regalo que damos por hecho y debemos aprender a valorarla.

-¿Puede referirse a la escena que más entrega le exige?

-Me encantaría que fuera una sola, pero me temo que este montaje es un pulso continuo conmigo misma, una carrera de fondo que apenas me permite respirar. No concibo este montaje como una sucesión de escenas sino como un todo, una curva parábola que empieza cuando se abre el telón y termina cuando se cierra.

-¿Qué función cumplen las canciones en el montaje, cuyas letras también podrían considerarse soportes complementarios del propio texto?

-En 'Clara y el abismo' las canciones son parte del texto, de la acción y de la historia que se cuenta. No se trata de un paréntesis o de un adorno para el espectáculo. Coque Malla ha trabajado mano a mano con el texto y con Mario Vega para hacer una maravillosa labor de creación musical, lírica y textual que aporta, suma y es imprescindible para entender la historia que queremos transmitir.

-Los soportes audiovisuales y otros elementos escenográficos del montaje son un complemento más. ¿Se encuentra cómoda en el escenario rodeada de tanta artillería y pirotecnia efectista?

-Por suerte trabajar con Unahoramenos producciones siempre es cómodo, que no sencillo. Creo que el trabajo, el tiempo, la pasión, el cariño y la obsesión que dedican a sus propuestas son fundamentales para que quienes estemos dentro del escenario podamos llegar a sentir que manejamos la situación. El tiempo, la repetición hasta la extenuación y la búsqueda constante hacen que poco a poco aprendamos a domar a la fiera, porque creo que eso son sus propuestas, bestias gigantes llenas de emociones que arrasan a cualquiera que quiera disfrutarlas. Y el disfrute desde dentro es también parte del proceso y del aprendizaje.

-Ha trabajado en infinidad de ocasiones con Mario Vega. ¿Se atrevería a definirlo como director y a explicar alrededor de qué claves cree que se mueven sus intereses?

-Creo que podría definirlo con al menos tres adjetivos: trabajador, exigente y divertido. Los procesos a su lado, a pesar de ser muy intensos y dejar al equipo extenuado, creo que son muy enriquecedores. La cabeza de Mario Vega no descansa y eso se demuestra en sus propuestas y procesos. Creo que su interés fundamental es crear piezas que emocionen, que lleguen y atraviesen al espectador, por encima de todo. Si hay algo que admiro de él como creador es la capacidad de renuncia que tiene sobre sus propias ideas, si algo no funciona, no aporta o no enriquece al total del espectáculo no tiene ningún pudor en descartarlo, pero previamente no deja de probar si funciona o no.

-¿Para Marta Viera qué ha supuesto el 'Laboratorio Galdós' como una experiencia escénica alrededor del teatro contemporáneo?

-A nivel tanto profesional como personal ha supuesto la posibilidad de desarrollar un proyecto común, una línea de trabajo concreta y un aprendizaje impagable. Desde poder descubrir y entender mi propio proceso de trabajo y creación, como aprender de todos y todas las profesionales que rodean el hecho escénico y lo que abarca más allá de la producción del espectáculo, me refiero a todas esas líneas de trabajo paralelas que se desarrollan en el marco del Laboratorio como los talleres de dramaturgia, las charlas, exposiciones, el trabajo con centros escolares y por supuesto el diálogo directo que se establece con el espectador.