El artista mexicano Rolando Villazón / Julien Benhamou/DG

Rolando Villazón | Tenor y novelista

«La meta del artista verdadero no puede ser el aplauso»

«Yo llegué tarde al futuro», dice el cantante mexicano Rolando Villazón, que también es director de escena y acaba de publicar una novela. «Hay un peligro grande cuando se da un micrófono a un famoso», advierte

CÉSAR COCA

Rolando Villazón (Ciudad de México, 1972) tiene tres actividades artísticas que raramente se encuentran reunidas en una sola persona. Es uno de los tenores más solicitados del panorama internacional, con una bella voz y una notable capacidad gestual. Es también responsable artístico de la Semana Mozart de Salzburgo y tiene ya una importante actividad como director de escena. Justo estos días trabaja en París en una 'Sonámbula', que cuando termine lo obligará a cambiar de registro para ir a cantar a Luxemburgo. Y acaba de publicar una novela, la segunda, titulada 'Amadeus en bicicleta' (Ed. Galaxia Gutenberg), que narra la peripecia de un joven aspirante a estrella de la lírica durante unas semanas en Salzburgo, en pleno festival de verano.

– «El que consigue éxito y fama y poder se hace esclavo de su celebridad para el resto de su vida». Lo dice uno de sus personajes. ¿Es Rolando Villazón quien habla a través del mismo?

– No, lo dice ese personaje (se ríe). Pero el autor de la novela cree que hay un gran peligro en el éxito. Porque si alguien que lo ha conseguido pretende perpetuarse se vuelve esclavo de las fórmulas que le han funcionado. De esa forma, deja de arriesgar y pierde la libertad de buscar, que siempre conlleva el riesgo del fracaso.

– La ópera es uno de los pocos ámbitos que quedan donde todavía hay divismo, glamur, fantasía... ¿Cómo lo vive?

– La ópera se ha limpiado mucho de estereotipos, y en todo caso hay dos mundos:el de fuera y el de dentro. También depende mucho de dónde estés. En París, por ejemplo, la gente va a la ópera con esmoquin, o con 'jeans' y cazadora de cuero. Ya no está mal visto ir vestido de ninguna manera. Eso se ha democratizado y desmitificado.

«Como decía Wilde, es importante esa gente que te hunde el puñal en el pecho y no por la espalda»

atender las críticas

El diálogo apasionado entre aficionados es fantástico, pero el artista no debe meterse ahí»

debate en las redes sociales

– Pero sigue habiendo muchos ritos.

– Sí, y son importantes algunos, pero otros resultan totalmente superfluos si de lo que se trata es de remover emociones. Luego todos llevamos dentro un narciso y amamos el aplauso. Pero el divismo, al menos tal y como antes se entendía, empieza ser excepcional.

Generación del cambio

– ¿Cómo es la vida de artista?

– Si por artista entendemos a quien busca la belleza y la emoción, puede ser la vida de cualquiera. Otra cosa es el artista profesional, que debe buscar la fuerza creativa y una manera de comunicarse que no es necesariamente la convencional. Su trabajo se basa en el uso de los símbolos, en conseguir que las emociones salgan a flote, quizá a partir de máscaras, figuras y juegos retóricos. Todo eso lo metes en un molde y sale con una forma concreta. Hay una motivación y un juego en todo ello.

– Será distinto cuando se habla de cantar y de escribir.

– Un cantante está más limitado porque tiene que guiarse por una música, un texto y unas pautas escénicas. Pero siempre hay una ranura y ahí es donde entra la interpretación, donde los grandes hallan la forma personal de crear. La vida artística es tratar de ver el mundo como lo veía Julio Cortázar.

– Usted es cantante, escritor y director de escena. Son facetas que muchas veces no combinan bien. Incluso hay cantantes que odian a algunos directores de escena.

– Yo me meto de lleno en mi papel, sea el que sea. En este momento soy director de escena en una 'Sonámbula' en París. Hablo con los intérpretes, con el director de orquesta, intercambiamos ideas. Cuando termine me iré a cantar a Luxemburgo, y más tarde comenzaré a preparar mi papel número 50 para 'El oro del Rin'. En cada caso, la concentración va en una dirección diferente. Siempre, cada día, trato de sacar media hora, o una, para escribir. Y luego está no hacer nada. O estar con la familia y los amigos. Todas las actividades se enriquecen mutuamente.

«El divismo, tal y como antes se entendía, empieza a ser excepcional»

vida de artista

«Cada día, esté donde esté, trato de sacar media hora, o una, para escribir»

vocación literaria

– Su novela cuenta la historia de un cantante y en sus páginas salen tenores, sopranos, mezzos, directores de orquesta... con sus nombres reales. ¿Cuánto hay de autobiográfico en el libro?

– Todo y nada. Quien escribe siempre pone algo de sí y del mundo que lo rodea. Muchas cosas que se cuentan las he vivido yo, aunque no se las atribuya al protagonista. En realidad, este está inspirado sobre todo en un amigo que no tuvo éxito en la ópera y debió reinventarse.

– ¿Cómo se vive cuando se está pendiente de críticas y aplausos? ¿Cómo se gestionan los sueños y las frustraciones?

– Es un proceso. Vas viviendo con todo ello. Depende de las etapas de la vida y en cada caso es diferente. Yo me di cuenta muy pronto de que las críticas son necesarias, pero ni ayudan ni hacen daño a una carrera. En cada producción hay mucha gente a tu alrededor que te está diciendo cosas sobre tu trabajo y eso es más relevante. Yluego resulta que pertenezco a una generación de artistas que ha sufrido un cambio enorme en ese aspecto.

– ¿En qué sentido?

– Cuando empecé, de cada espectáculo había unas pocas críticas en los diarios. Luego llegaron los blogs y se multiplicó el número de personas que daban su opinión. Finalmente, en las redes sociales cualquiera puede hacerlo. Ese diálogo apasionado entre aficionados es fantástico, pero no creo que el artista deba meterse ahí. Al margen de que, seamos sinceros, lo que un artista busca en general es otra cosa.

– ¿Cuál?

– El elogio. Pero la meta de un artista verdadero no puede ser el aplauso. Si se limita a eso no buscará nuevos repertorios, no cambiará de registro. El objetivo debe ser hacer las cosas por convicción personal, y si tienes dudas acudir a personas que entienden y con quienes puedes hablar con sinceridad para que si lo que tienen que decirte no es agradable, también lo hagan. Como decía Wilde, es importante esa gente que te hunde el puñal en el pecho y no por la espalda.

– ¿Los artistas muy célebres corren el riesgo de alejarse de la realidad?

– Sí. Y hay un peligro grande cuando se da el micrófono a un famoso porque da la impresión de que su opinión vale mucho. Y con frecuencia no es así. A mí a veces me preguntan por el virus; entonces pienso que por qué no hablan con los médicos. Yo si acaso podré hablar del efecto que tiene en mi sector. Y ni siquiera eso tiene por qué ser importante.

– ¿Por qué?

– Porque normalmente preguntan por ello a quienes estamos en una posición privilegiada. Si alguien quiere saber las consecuencias de la pandemia, debería preguntar a los artistas que ya no podrán continuar su carrera porque han cerrado los teatros donde actuaban o los grupos de los que formaban parte y quizá eso ya no se recupere nunca. En cambio, respondemos quienes no tenemos demasiado problema. Y así pasa con todo. El arte no da lecciones.

Hacerse preguntas

– Pues hay quien lo entiende así.

– De verdad, el arte no da lecciones, no es una clase de nada. Es un espejo, o un microscopio que enfoca una historia, un personaje o un sentimiento. El artista está obligado a entender los sentimientos de quienes lo rodean, de su comunidad. Tiene que responder sobre eso, y para ello debe preguntarse mucho, e instruirse. En cambio ahora se piden reacciones inmediatas.

– Todo es rápido. Son rápidas las carreras de los artistas, lo que a veces las convierte en muy cortas. Y también el consumo: esos discos que solo tienen trozos famosos de óperas o esas plataformas que permiten ver las películas a velocidad acelerada.

– Yo llegué tarde al futuro. Tengo un móvil antiguo, veo cine clásico... me gusta el arte que lleva su tiempo. La ópera y la música clásica en general son para eso. El impacto de una ópera o una sinfonía se consigue si se escuchan enteras. Yuna gran obra literaria requiere su lectura completa. Pero bueno, han llegado nuevas generaciones y le están dando la vuelta a todo.

– ¿Y le gusta?

– Trato de no condenar estos nuevos usos aunque no me siento cómodo en este mundo en el que nos piden que reaccionemos para hallar las respuestas en vez de estudiar primero y ofrecer luego la contestación.

«No hay modelos perfectos. Cada vida tiene su forma de desarrollarse»

Nuevos estilos

– ¿Qué hacer, entonces?

– Habrá que observar este mundo por el que hay que navegar, y hacerlo con una mirada alerta y con un sentido crítico que lo cuestione y nos autocuestione. El problema siempre surge cuando uno tiene las verdades. No hay modelos perfectos. Cada vida tiene su forma de desarrollarse.

– Hace un par de años, cuando salieron a la luz las acusaciones de acoso sexual contra Plácido Domingo, tras los episodios de Levine, King y otros, se dijo que iban a aparecer muchos casos similares en la ópera. Eso se ha parado, quizá también por la pandemia. ¿Cree que se conocerán más casos?

– Me abstuve de entrar en el debate en su momento. Lo que tenía que decir lo dije en privado. Creo que, como en cualquier situación de la vida, hay que tener en cuenta dónde estamos. Deberemos ser muy conscientes de lo que se puede hacer y lo que no, y de los límites del erotismo en el arte. Es un debate que debe continuar. Se seguirá hablando, seguro, y habrá que ver si hay más gente que quiere contar sus experiencias personales.