Nicolás Dorta. / C7

«La memoria es un relato ficcionado de lo que pasó»

Nicolás Dorta es escritor y autor de 'Las zonas comunes'. Filósofo, periodista y docente, este tinerfeño inquieto y versátil se estrena con cinco relatos breves que ya marchan por la segunda edición

David Ojeda
DAVID OJEDA

Mario Conde, el detective ebrio y con vocación literaria de Leonardo Padura, recorre La Habana con el anhelo de escribir historias «escuálidas y conmovedoras». Algo así, también desde la condición insular, ha logrado el tinerfeño Nicolás Dorta (1978) con 'Las zonas comunes' (Ediciones Franz).

-Esta compilación de relatos ahonda en elementos consustanciales a cualquiera de nosotros, ¿qué pretensión se refugia tras ello?

-El libro no habla de nada porque no hay una trama lineal. Lo que hay es mirada, explora un poco las zonas que todos compartimos, físicas también como una plaza o la propia casa. Nos parecemos más de lo que pensamos, aunque nos creemos especiales muchas veces. Los grandes temas como el amor, la soledad o el sentimiento de culpa son elementos que se producen desde el principio de la historia. Todos los personajes están solos y hay mucho paisaje insular.

-¿Esa condición insular no se limita a un territorio concreto dentro del archipiélago?

-Está basado en distintas islas, porque he tenido que vivir en varias a lo largo de mi vida. Imagino que cualquier isla del mundo tendrá elementos parecidos a las nuestras. Yo he vivido en las islas y el libro está pegado a lo que he vivido. Yo no podría escribir ni de unicornios ni de ciencia-ficción, porque no soy un fabulador.

-En sus relatos adopta una posición muy imparcial con los personajes como narrador, sin juzgar sus acciones. ¿Entendía que era la forma más honesta de presentarlos ante los lectores?

-Yo dejo los calderos al fuego y que cada uno interprete lo que quiera. He quitado mucho la adjetivación. He intentado huir de lo emotivo aunque sí que buscaba crear emoción. Lo que sí he querido destacar es un guiño contra el sector turístico como lo hemos entendido en Canarias. Ha depredado las islas, sobre todo Gran Canaria y Tenerife. En 'La grieta', uno de los relatos, he querido hablar mucho de ello. Con la figura de un constructor o en 'Palmira' con los cruceros. Me interesa una reflexión sobre el territorio. Por eso creo que las políticas se tienen que hacer ahora deben repensar el sistema, no pueden venir otra vez 14 millones. Tenemos que hablar de calidad y no de cantidad. Porque eso ha supuesto muchas cosas, por ejemplo que hayamos confundido el ocio con la cultura. Y todo eso es culpa del turismo, que no del turista, sino del gestor de este modelo depredador.

-Hay una confluencia de ideas en los escritores que ahora mismo emergen en las islas: el impacto del turismo en la desperzonalización de nuestro ciudad, las realidades diferenciadas del universo rural, aspectos, por ejemplo, que hemos visto en el 'Panza de burro' de Andrea Abreu...

-Es que crecí en un pueblo y mi mirada procede de un pueblo. No he escrito sobre una ciudad porque no he vivido en ellas. Lo que pasa es que he intentado universalizar la idea de pueblo. Porque todos se parecen y estoy seguro de que de una forma u otra hay muchos aspectos en común. Es cierto que coincido con Andrea Abreu, no en el estilo, pero sí en ciertos puntos de vista sobre esa realidad.

-¿Qué representa para aquellos que empiezan a escribir desde esta esquina del Atlántico la confluencia de escritores con algo de eco?

-Estoy contento porque creo que hay muchísimos escritores en Canarias y con talento. Porque me gusta abrir un libro como 'Panza de burro' y sentirme identificado en muchos aspectos. Me produce felicidad que este tipo de libros lleguen, como por ejemplo el de Sergio Barreto, que es otro escritor de Tenerife que acaba de sacar un libro en Ediciones Franz. Reconozco que no soy un gran conocedor de la literatura canaria. Siempre he leído mucho norteamericano, como la canadiense Alice Munro o Raymond Carver...

-En sus páginas se lee cierta influencia de Carver, precisamente, esas frases secas que quieren decir exactamente lo que dicen...

-Está esa aridez en el texto, eso es cierto.

-¿Ha querido caminar sobre la frontera de la autobiografía?

-La literatura tiene que tener verdad. Y se nota mucho cuando no tiene esa verdad. Yo creo que toda la literatura, en cierta medida, es autobiográfica. Incluso la fantástica. Detrás de los personajes siempre está el escritor. Utilizo elementos de la memoria, que no acaba siendo, como dice Siri Husvedt, lo que pasó exactamente. Nosotros recordamos elementos y luego los enlazamos con otros de ficción. Nuestros recuerdos son una especie de relatos ficcionados de lo que pasó. O de lo que creemos que pasó.

-Ejerció muchos años como periodista en diferentes medios de comunicación, ¿cuánto le debe el escritor a esas vivencias en el oficio?

-No quiero calificarme como nada, pero soy un escritor de la memoria. Y en cierta medida eso se parece al periodismo. Yo anoto mucho y luego utilizó esos datos para crear una ficción, en la literatura, claro, en el periodismo no creo una ficción. Pero lo hago siempre apoyándome en esos elementos.

-De repente vio como le publicaban su primer libro y que alcanza su segunda edición. ¿Lo paladea o ya está sentado tocando las teclas?

-Estoy en proceso de terminar una novela, que es un milagro. Me falta corregirla. Por cierto, también, utilizo la memoria. La suerte que he tenido con 'Las zonas comunes', que ya va por la segunda edición, me ha dado más confianza. Eso no quiere decir que este asustado o inseguro ante lo que escribo, que no sé si gusta o no gusta y ese tipo de contradicciones a las que uno se enfrenta diariamente. Seguramente le de muchas vueltas al texto, porque siempre se las doy. Hasta que quede limpio. Porque escribir es también no escribir, de alguna manera. Están siempre presentes elementos como el sugerir o la elipsis.