El artista enseña uno de los cuadros de su exposición. / / MARISCAL / EFE

Manolo García, un artista en plenitud ante el lienzo o el pentagrama

El cantante expone un centenar de obras de su quehacer pictórico, en el que abundan los mundos oníricos

Antonio Paniagua
ANTONIO PANIAGUA Madrid

Manolo García encuentra reposo en la pintura. Es lo que necesita ahora, descansar, después de sufrir una miocarditis aguda, una enfermedad que le ha obligado a cancelar nueve conciertos. Ese efecto balsámico de las artes plásticas ya lo experimentaba cuando se hallaba de gira. Antes de salir al escenario, a García se le puede ver abstraído en una acuarela o en un dibujo a carboncillo. No porque le atenace el pánico, al contrario, el cantante barcelonés es un animal escénico, sino porque encuentra cierto sosiego con el pincel. «Me remanso y le encuentro sentido a todo, incluso al estar en una ciudad distinta a la mía».

Cuadros, fotos coloreadas y dibujos integran 'Cuerpos celestes', una muestra que suma un centenar de piezas y que se inauguró ayer en el centro cultural Casa de Vacas de Madrid. Si en los conciertos el cantante absorbe la energía del público y la devuelve hasta quedar exánime, ante un caballete Manolo García vive en la libertad absoluta, en un mundo ácrata, sin las restricciones que impone la industria musical. Por medio de collage, dibujos, esculturas, lienzos y alguna que otra obra reproducida después en la carátula de sus discos, el compositor exorciza sus demonios interiores. «Hasta hace diez o doce años no me he atrevido a llamarme pintor», aduce García, que ha meditado mucho tiempo si estaba preparado para exponer su obra.

Antes que la guitarra, Manolo García agarró el pincel. Su madre le regaló el primer caballete cuando tenía quince años, edad en la que plasmó sus primeros «balbuceos» sobre la tela. «Primero estudié artes aplicadas y luego fui diseñador gráfico, aunque seguía pintando como autodidacta», explica el artista, cuya muestra permanecerá abierta hasta el 24 de diciembre.

Estilo propio

Pintor de trazos naíf, que entrevera con influencias del surrealismo y el impresionismo, se ha nutrido con el saber de todos los movimientos artísticos, aunque sus maestros están bien definidos: se llaman Dalí, Mariano Fortuny, Albert Bierstadt y Leonora Carrington, entre otros. Con ellos ha cuajado un estilo propio, en el que abundan los mundos oníricos y las criaturas antropomórficas.

Manolo García trabaja con oleos en los que reflejó los avatares de la Movida madrileña, su pasión por los cómics y la confusión actual, un mundo en zozobra que le resulta difícil de retratar por lo inaprensible que resulta. «Sentirme ajeno a nuestro tráfago actual me ha llevado a este punto; encuentro mi norte vital y mi tiempo de reloj solar haciendo canciones y pintando», asegura el músico, que se confiesa «aprendiz de todo y maestro de nada».

 

«Hasta hace diez o doce años no me he atrevido a llamarme pintor»

 

 

Pero, qué es la pintura para el hombre que fue vocalista de 'El último de la fila'. «Es buscar el edén perdido, es quemarse en el fuego amigo, es vivir la pasión todos los días, reencontrarme y estar en armonía conmigo mismo», argumenta García, que ha publicado tres libros sobre sus dibujos y pinturas: 'De arrebatadora vida', una recopilación de sus cuadros entre 1985 y 1992; 'Vacaciones de mí mismo' (2004), que es un recorrido por toda su obra pictórica; y 'El Fruto de la rama más alta' (2011).

Los admiradores del músico experimentará un 'déjà vu' al enfrentarse a algunas de sus obras. Y es que el cuadro 'El pulpo y el escolar' sirvió de portada a su primer disco en solitario, 'Arena en los bolsillos' (1998). «Huyo de la idea de que la vida son obligaciones. Para mi es importante la reflexión como núcleo propio de defensas», dice el cantante cuando se le pregunta si es disciplinado a la hora de coger la paleta de colores.

Con los años Manolo García no ha abandonado su querencia por la contracultura, algo que sigue reivindicando. Todo ese devenir se puede rastrear en la exposición. «El visitante podrá ver desde cosas mías de los 70 a algún cuadro que acabé hace quince días».

El Manolo García que pinta no es muy diferente del Manolo García que canta. «El músico puede ocultar más la emoción, abrir espacios a la incertidumbre. En cambio, el pintor lo tiene más complicado, porque de alguna manera desnuda su alma», sentencia el pintor, cuya convalecencia le ha obligado a posponer la presentación de sus trabajos discográficos más recientes, 'Mi vida en Marte' y 'Desatinos Desplumados'.

«En los dos últimos años no he parado de pintar, lo he hecho obsesivamente. El hecho de que te confinen hace que buscara dentro de mi, porque los cuadros te obligan a estar solo. El sentido de la vida en la sociedad de hoy es camuflar la precariedad de todo. Pero en los cuadros no hay precariedad, hay realidad», remacha.