Novedad editorial

Vázquez Figueroa viaja 15.000 años en ‘Los bisontes de Altamira’

22/04/2019

Una anécdota narrada por el presidente de la comunidad de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, empujó a Alberto Vázquez Figueroa (Tenerife, 1936) a emprender un viaje en el tiempo y a escribir Los bisontes de Altamira (Editorial Kolima), que este lunes llega a las librerías españolas. «Me contó que los bisontes están pintados por una sola mano y que Picasso dijo que, después de esas pinturas, todo era decadencia. Es increíble que a la luz de una vela, hace 15.000 años, con carbón y algo de pintura sacada del cobre alguien fuera capaz de pintar aquello. Después, todo lo demás, ha sido accesorio», explica por teléfono el autor desde su casa de Madrid.

Fue entonces cuando se planteó novelar la vida del «primer genio de la historia, alguien con una capacidad increíble para dibujar de memoria esos bisontes», abunda el escritor que, en ningún momento pensó que podría ser obra de una mujer. «Si fuera una mujer me habría salido una historia muy moderna, pero siempre se ha pensado que fue un hombre. La nueva novela que estoy terminando está protagonizada por una mujer», dice este octogenario de mente ágil gracias al uso constante de la imaginación.

«Los bisontes eran lo importante en ese momento. Habían desaparecido de Cantabria. Así que la tribu envía a Ansoc –el autor ficticio de las pinturas– y su primo a ver si hay bisontes. Atraviesan la cordillera cantábrica y la península ibérica, que era puro bosque. No había más que 6.000 habitantes en toda la península y en el mundo, un millón de habitantes. Ahí empieza una aventura y un viaje hacia el conocimiento por parte de dos chicos que descubren un nuevo mundo», añade acerca del punto de partida de una novela que, a su entender, «es una de las mejores» de larga trayectoria. «Puedo estar equivocado, pero que a los 82 años haya escrito una de mis mejores novelas me hace mucha ilusión», abunda el novelista que se ha alejado de la realidad 15.000 años. «Con lo que estamos viviendo, acabas loco. Estamos volviendo al fascismo y las brutalidades más bárbaras en España y en todas partes, en Europa, en todo el mundo. Es un disparate. Lo que creías que había desaparecido, surge de nuevo», se lamenta el escritor que, a la pregunta de si va a votar el 28 de abril, espeta: «¿Está usted loca? ¿A quién voto? Ese día jugaré al dominó, al menos sé con quién me peleo».

En la senda de El Quijote.

Este periplo en el tiempo ha sido una empresa insólita para Vázquez Figueroa. Por un lado, tuvo que documentarse mucho y, por otro, usó su fantasía para llenar las lagunas que invaden la prehistoria y recrear el marco en el que Ansoc y su primo se mueven. «El pintor es más listo. Su primo es bruto, como don Quijote y Sancho Panza», dice.

«Esas lagunas me permitieron ficcionar y que nadie me lleve la contraria», bromea el autor que, de ese modo, se ha inventado la tribu de los «ghámanas».

Sin embargo, no todo ha sido tan fácil. «He tenido que estudiar mucho. Puede que algún error haya cometido. Esto es una novela, pero he intentado evitar escribir cosas incorrectas. Ha sido una experiencia muy entretenida y positiva», comenta sobre su aventura prehistórica.

«Normalmente escribo de lugares que conozco: la selva, el desierto, el mar... y no necesito tanta información. Pero aquí me encontré con aspectos curiosos: ¿qué comía esa gente?, pues básicamente carne, huevos y trufas porque en aquel tiempo no había ni papas, ni tomates, ni arroz, ni zanahorias, que llegaron miles de años más tarde. El ajo llegó después, cebolla tampoco había, el arroz llegó con Marco Polo... Eso sí, había liebres, jabalís, codornices y perdices hasta aburrir a las ovejas», apostilla.