«Sería ideal poder releer los buenos libros»

13/12/2018

Un apasionado de la lectura necesitaría varias vidas para poder saborear todos los volúmenes clásicos y contemporáneos que los especialistas y críticos consideran imprescindibles. Si ya hablamos de leer dos o tres veces los más significativos y afines a los gustos personales, las reencarnaciones necesarias se disparan hasta el infinito.

El escritor leonés Andrés Trapiello (Manzaneda de Torío, 1953) tiene a Benito Pérez Galdós entre sus autores de cabecera. «Soy un lector antiguo y reciente de su obra. En los últimos dos veranos he releído las 46 entregas de los Episodios Nacionales. Soy de los que piensan que los libros buenos hay que releerlos dos o tres veces», apunta por teléfono este autor que hoy, a partir de las 19.00 horas, protagoniza una nueva entrega del ciclo Escritores que leen a Galdós, en la Casa-Museo del autor de Doña Perfecta, en la calle Cano de la capital grancanaria.

Sumergirse de nuevo en una de las piezas capitales del universo galdosiano ha supuesto para Trapiello un «placer y una gran enseñanza». «En Galdós, es tan importante la historia como la intrahistoria, que genera con la ficción. La historia es canónica, no la inventa, y la sustenta con hechos y documentos oficiales. Pero su gran aportación es que incluye la ficción mediante una serie de personajes que cuentan esos hechos. Él fue un gran novelista, no un historiador», aclara el reputado escritor, ganador del Premio Nadal, en 2003, con la novela Los amigos del crimen perfecto.

La relectura de los Episodios Nacionales reconfirmó, apunta, la idea de que el autor de Tormento fue «un prodigio». «Escribió la primera serie de los Episodios... con treinta años. Eso es inaudito, igual que escribir, como hizo, tres novelas por año. Se trata de un hombre con una imaginación desbordante, que empleaba un castellano claro y muy cervantino. Las alusiones a Cervantes son una constante en su producción literaria. Leerlo de nuevo ha supuesto una lección de humildad y un gozo, por la forma con la que escoge las palabras, lo expresivo que es, y por asistir a cómo no rehuye de lo castizo sin caer en éste», explica con admiración por teléfono.

No duda a la hora de equiparar a Galdós con el mismísimo Miguel de Cervantes. «Fortunata y Jacinta no es superior al Quijote, pero tampoco es inferior. Es una novela capital», pone como ejemplo este escritor.

Esa novela, desde su punto de vista, se diferencia por la perspectiva utilizada de otros textos canónicos protagonizados también por mujeres, como es el caso de Anna Karenina, Madame Bovary o La Regenta. «Las protagonistas de esas novelas son mujeres deficientes como personas, algunas son odiosas. Fortunata, por su parte, es grandiosa y generosa», explica.

Considera que tras unos años de ostracismo, Galdós hoy está en su sitio. «Tuvo unos hijos literarios inteligentes y buenos escritores, los de la generación del 98, que le atacaron con poca misericordia. Sus nietos, los de la generación del 27, lo reivindicaron, aunque no fueron capaces de anular los ataques anteriores. Por eso estuvo durante unos años oscurecido en el ámbito universitario y fuera del canon de la sociedad literaria. Hoy, cada vez es más estudiado y leído», considera.

Andrés Trapiello acaba de publicar El Rastro. Historia, teoría y práctica (Destino), sobre el popular mercadillo dominical madrileño. La huella de Galdós en este volumen es inevitable, reconoce. «Él es el gran cronista de Madrid. Con Misericordia y Fortunata y Jacinta retrató a la clase medio-alta y también los bajos fondos. Es inevitable que quien escriba de Madrid no se contagie de su visión».