Feria del Libro

Cristina Morales: «No esperaba la repercusión de un libro que fue censurado»

01/05/2019

La joven escritora granadina presenta este jueves, a las 19.00 horas, en la carpa Antonio Lozano instalada en el parque de San Telmo, su novela ‘Lectura fácil’, una obra subversiva e irreverente con la que ganó el Premio Herralde de Novela 2018.

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Lectura fácil no es un libro sencillo, ¿cuánto tiempo invirtió en él? ¿Imaginó alguna vez que tendría tanta repercusión?

— La escritura de la novela me llevó desde 2015 a 2018. Unos tres años y la repercusión era inesperada por completo. Más aún en el caso de un libro que había sido censurado. Era lo último que me esperaba.

— ¿Quién lo censuró?

— La editorial que previamente me lo había encargado no lo quiso. Quiso mutilarlo porque pensaba que podían secuestrar la edición.

¿Por qué eligió a cuatro personas con discapacidad intelectual?

— Porque sirven como metáforas perfectas para poner de relieve todas la represiones y sometimientos que padecemos las personas normalizadas, esa opresiones se ven claramente en estas personas. Unas opresiones que no vemos en nosotras, pero que se aprecia en ellas. Les están controlando cada día cada gesto: lo que pueden beber, si pueden fumar, cómo se visten, cómo actúan... Era necesaria esta hipérbole para hablar de opresiones supuestamente normales.

Le ha dado una voces intelectualizadas a estas personas con discapacidad intelectual, ¿cómo ha conseguido que la historia no pierda veracidad y conexión con la realidad?

— Habría que preguntar a los lectores. Más que intelectualizadas están politizadas. Son conscientes del mundo en el que viven y sus carceleras, educadoras sociales y vigilantes les hacen acceder a esa conexión con la realidad. El hecho de estar politizadas les hace estar más en contacto con la realidad que cualquiera.

¿Tuvo que investigar mucho en este mundo de la discapacidad?

— Investigué mucho, pero, sobre todo, lo hice con la lectura de temas específicos y de ver cómo se relacionaban con su cuerpo en la danza. Bailaba en clase con personas llamadas con discapacidad intelectual y física, trabajaba en pie de igualdad, eran compañeros de danza.

Su libro es una oda al anarquismo, pero lo critica; también defiende el feminismo, pero lo embiste; arremete contra las políticas de integración, contra la burocracia asistencial, contra la idea de esfuerzo y de igualdad, contra la metodología de la danza accesible... ¿Cuál era su objetivo al arremeter contra todo; contra la normalidad y lo normalizado? ¿Despertar el espíritu crítico del lector?

— Para nada. Esas críticas eran imprescindibles para poder hacer hablar a los personajes. Mi voluntad era contar determinada historia de cuatro personajes y solo podía contarla desde ese lugar crítico. Si no la novela hubiera sido diferente. Son discursos instrumentales del argumento.

Lectura fácil contiene mucho sexo desde un punto de vista femenino. ¿El sexo, según cómo se cuente, sigue siendo un tabú?

— Diría que sí, en la vida y en la literatura. Aquí, en lo que nos interesa, en la literatura está estetizado. Se ve en el embellecimiento o en la sordidez.

¿Confía en que la igualdad se alcanzará en algún momento? ¿Es optimista respecto a la cuarta oleada feminista?

— Sí, yo soy feminista, pero no soy feminista de la igualdad sino de la diferencia. Mi punto de partida no es la igualdad de derechos porque están viciados. Han sido promulgados y concebidos por un estado perfectamente machista y liberal.

En una sociedad tan sensible a lo políticamente incorrecto, ¿ha habido reacciones fuertes contra un libro tan irreverente como el suyo? ¿O por suerte los más reaccionarios no leen?

— Sí leen, pero desde un lugar de distinción para no darse por aludidos. El propio Juan Soto Ivars, amigo y escritor, sale duramente criticado por Nati, y Juan Soto, en cuanto lo leyó, posteó un comentario diciendo que se sentía halagado por ser parte de esta novela. Es una estrategia de neutralización de la crítica. Las críticas feroces no me han llegado, probablemente por esta distinción de no darse por afectado.

Su libro Malas palabras sobre el feminismo y la sexualidad contenidos en los versos de Santa Teresa de Jesús, ¿no le creó problemas entre los beatos?

— Al revés. Un carmelita descalzo, teólogo e historiador, contactó conmigo porque quería presentarla. Es mi lector ideal. Manejaba muchas claves que no eran percibidas por el lector. Las cazaba todas porque creo que las novelas están dirigidas a personas sensibles. Un libro no es bien recibido en función de otra cosa, sino de la sensibilidad.

Volvemos a Lectura fácil. Su escenario es el de una Barcelona okupa, activista y anarquista, ¿sigue vivo ese ambiente? ¿La Barcelona actual no está muy domesticada y turistizada?

— Está jodida por el turismo, pero aún hay unos cuantos elementos anarquistas. Naturalmente, ante los embates del poder no hay que deprimirse. Somos pocos pero jodidos.

En su libro se habla de fascismo de izquierdas y derechas, pero ahora ha irrumpido en el Congreso un partido neofascista. ¿Le preocupa? ¿Teme más al fascismo institucionalizado que a estos nuevos Cid campeadores?

—No soy la que lo dice, lo dicen los personajes, son ficción. Sobre si me asusta la entrada de los fascistas en el Congreso, le diría que la estrategia contra el poder institucionalizado no debe cambiar porque esté Vox en el Congreso. Los partidos de izquierdas no van a sacar a Vox de las instituciones ni de la vida social. No se conseguirá con las urnas, sino con la acción directa y en la calle.